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“Milena, sin poderlo evitar, casi sin darse cuenta, con el paso no de los años sino de los meses, empezó a despreciarlo. Le chocaba la forma como se vestía, la calidad y la cantidad de agua de colonia que se ponía, lo duro que hablaba, muchos detalles, en fin, que la iban a mantener en estado de ligera pero constante irritación y harían que hasta sus cualidades se volvieran defectos. Sus ojos grandes le producían una aversiónparecida a la que sentía por los relojazos brillantes que alguna vez a Don Saúl le había dado por usar.” — Tomás González
Milena, sin poderlo evitar, casi sin darse cuenta, con el paso no de los años sino de los meses, empezó a despreciarlo. Le chocaba la forma como se vestía, la calidad y la cantidad de agua de colonia que se ponía, lo duro que hablaba, muchos detalles, en fin, que la iban a mantener en estado de ligera pero constante irritación y harían que hasta sus cualidades se volvieran defectos. Sus ojos grandes le producían una aversiónparecida a la que sentía por los relojazos brillantes que alguna vez a Don Saúl le había dado por usar.