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“Había solo dos caminos, la religiosa jornada entonces advertía ese número de opciones; el cristal del laberinto se bifurcaba. Una arrugada bruja a la derecha, un ángel cano al otro lado, ambos nos llamaban. Allá, de hinojos sobre sendas pilas de antropomorfas calaveras, hacían señales con sus blanquecinas manos.” — Diego Armando Arciniegas Malagón
Había solo dos caminos, la religiosa jornada entonces advertía ese número de opciones; el cristal del laberinto se bifurcaba. Una arrugada bruja a la derecha, un ángel cano al otro lado, ambos nos llamaban. Allá, de hinojos sobre sendas pilas de antropomorfas calaveras, hacían señales con sus blanquecinas manos.