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Quote image editor Enrique Jardiel Poncela

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“FERNANDO.—(Asombrado.) ¡Tío Ezequiel! FERMÍN.—¡El señor Ojeda! MICAELA.—(Yendo de un lado a otro.) ¡Ya ha caído uno! ¡Ya ha caído uno! CLOTILDE.—¡Calla, Micaela, calla! (A Luisa.) Tú, trae árnica y algodón, que el señor debe de tener mordeduras. LUISA.—Sí, señora. (Se va por la escalera.) EZEQUIEL.—¡Y agua! CLOTILDE.—¡Y agua! Un vaso de agua para el susto. PRÁXEDES.—Agua, hay aquí. ¿Qué dice? ¿Qué no? ¡Ah! Bueno, por eso… (Le sirve un vaso de la mesa a Ezequiel.) EZEQUIEL.—Yo debo de estar malísimo, porque veo la habitación llena de muebles. FERNANDO.—Y lo está realmente, tío Ezequiel. EZEQUIEL.—¡Vaya! Menos mal. Eso me tranquiliza. CLOTILDE.—¡Qué cosa tan desagradable, Dios mío! Tiene usted mordeduras, ¿verdad? EZEQUIEL.—Sí. Tengo de todo. CLOTILDE.—¡Claro! Si Micaela le echó encima a Caín y a Abel… FERNANDO.—¿Te han mordido los perros, tío? EZEQUIEL.—¿Los perros? No. Aquella señora. (Señala a Micaela.). Los perros no hacían más que ladrar los animalitos. Pero aquella señora… Sujetadla bien, que no vuelva.” — Enrique Jardiel Poncela

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FERNANDO.—(Asombrado.) ¡Tío Ezequiel! FERMÍN.—¡El señor Ojeda! MICAELA.—(Yendo de un lado a otro.) ¡Ya ha caído uno! ¡Ya ha caído uno! CLOTILDE.—¡Calla, Micaela, calla! (A Luisa.) Tú, trae árnica y algodón, que el señor debe de tener mordeduras. LUISA.—Sí, señora. (Se va por la escalera.) EZEQUIEL.—¡Y agua! CLOTILDE.—¡Y agua! Un vaso de agua para el susto. PRÁXEDES.—Agua, hay aquí. ¿Qué dice? ¿Qué no? ¡Ah! Bueno, por eso… (Le sirve un vaso de la mesa a Ezequiel.) EZEQUIEL.—Yo debo de estar malísimo, porque veo la habitación llena de muebles. FERNANDO.—Y lo está realmente, tío Ezequiel. EZEQUIEL.—¡Vaya! Menos mal. Eso me tranquiliza. CLOTILDE.—¡Qué cosa tan desagradable, Dios mío! Tiene usted mordeduras, ¿verdad? EZEQUIEL.—Sí. Tengo de todo. CLOTILDE.—¡Claro! Si Micaela le echó encima a Caín y a Abel… FERNANDO.—¿Te han mordido los perros, tío? EZEQUIEL.—¿Los perros? No. Aquella señora. (Señala a Micaela.). Los perros no hacían más que ladrar los animalitos. Pero aquella señora… Sujetadla bien, que no vuelva.
— Enrique Jardiel Poncela