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“En las Escrituras, un nombre propio habla de la identidad y el destino. Dios le ha asignado significado y propósito a tu nombre. Te representa a ti. A Él le encanta tu nombre. Le encanta pronunciarlo. Él sabía tu nombre antes de que nacieras, incluso antes de que tus padres lo pronunciaran. Tu nombre tiene sentido, y tu vida le da sentido a tu nombre. Deja que Dios te diga tu nombre. Reflexiona sobre el significado de tu nombre. Considera con qué propósito te formó Dios al punto que te “plasmó en el seno de tu madre” (Salmo 139, 13)” — Neal Lozano
En las Escrituras, un nombre propio habla de la identidad y el destino. Dios le ha asignado significado y propósito a tu nombre. Te representa a ti. A Él le encanta tu nombre. Le encanta pronunciarlo. Él sabía tu nombre antes de que nacieras, incluso antes de que tus padres lo pronunciaran. Tu nombre tiene sentido, y tu vida le da sentido a tu nombre. Deja que Dios te diga tu nombre. Reflexiona sobre el significado de tu nombre. Considera con qué propósito te formó Dios al punto que te “plasmó en el seno de tu madre” (Salmo 139, 13)