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“Había más mendigos en aquella plaza. Decenas de hombres, mujeres y niños pedían monedas en cada esquina. Claro, ni siquiera las hijas de las familias más adineradas tenían esos hermosos ojos azules. La mirada de esa mujer era hipnotizadora, ¡cómo escapar de ella! Muy tarde Susana vino a comprender su error, todo el mundo la estaba observando.” — Diego Armando Arciniegas Malagón
Había más mendigos en aquella plaza. Decenas de hombres, mujeres y niños pedían monedas en cada esquina. Claro, ni siquiera las hijas de las familias más adineradas tenían esos hermosos ojos azules. La mirada de esa mujer era hipnotizadora, ¡cómo escapar de ella! Muy tarde Susana vino a comprender su error, todo el mundo la estaba observando.