Quotessence
Home / Quotes / Quote by Joe Hagan

Quote by Joe Hagan

“Wenner began a campaign to get his parents back together. Sim told her son she wanted him to call only every other week to reduce her phone bills. “Your demand that Dad and I be something to each other that we’re not, is basically a child’s demand,” she wrote to him in 1959, when Wenner was thirteen. “One stamps one’s foot and says, ‘Change the world and I will be all right!’ and it’s a nice comforting thought to have, but the world can’t be changed, families can’t be changed, mothers, fathers, sisters, brothers…There is only one thing that can be changed, or rather, only one thing that you can change, and that is yourself.” (“Maternally yours,” she signed the letter.)”

Quote by Joe Hagan

Work

Author

Joe Hagan

Browse famous quotes and profile details for Joe Hagan. more

You May Also Like

“When I was a child, I always hated being used in my father's sermons, shrunk to a symbol to illustrate some larger lesson, flattened out to give other people comfort or instruction or even a laugh. It did some violence to my third dimension; it made it difficult for me to breathe. 'That's not me,' I would think, listening to some fable where a stick figure of myself moved automatically toward a punishing moral. 'That has nothing to do with me at all.' If I had a soul, I thought, it was that resistance, which would never let another human being have the last word on me.”

“Los padres de Tom son docentes e intelectuales. Su padre dio clases de Literatura en el Connecticut College durante treinta años. Su madre trabajaba en la secretaría de exalumnos. Vivían y respiraban universidad, y se ufanaban de ser cultos, cosa que se reflejaba en todo lo que hacían y eran. En gran parte era inofensivo, y hasta beneficioso, para Tom y su hermana pequeña, Kathy. Las vacaciones eran siempre de acampada familiar. No les dejaban ver la tele sin supervisión, y solo los fines de semana. Imaginaos lo insulso que era el contenido autorizado. Tenían que leer diez libros por verano, y a colonias nunca iban. Nada de quedarse a dormir en casa de un amigo. Toque de queda estricto, y cada domingo a la iglesia, aunque de religión se hablaba más en términos de teoría y sociología que de pasión y fe. Lo evaluaban y lo analizaban todo, despojándolo de las influencias emocionales que pudieran llevar a creer en una mentira o a actuar de modo erróneo. Seguro que conocéis a gente de este tipo. A los no tan disciplinados les despiertan ganas de zarandearlos hasta que se desprenda alguna emoción, aunque se queden inconscientes. No parecen humanos, a pesar de su tan buen comportamiento. ¿En qué se traducía todo esto para Tom? Si llegaba a casa con sobresalientes, no había euforia, abrazos, besos ni llamadas por teléfono a los abuelos. Nada de monedas para la hucha, ni de postre especial, ni de saltarse una práctica de piano. No pegaban las notas a la nevera, no; las evaluaban y las comentaban, y a Tom le recordaban que sus notas eran un reflejo de lo mucho que había trabajado, y que no se pensara que era mejor o más listo que los otros. Y cuando cantaba en la obra de fin de curso, o anotaba una carrera en el partido de béisbol, o traía un animal de barro pintado de la asignatura de arte, con un vago parecido a una jirafa… Todo lo que hacía Tom era objeto de valoración sincera y desapasionada. En el segundo estribillo has desafinado un poco, Tom. A la primera base has llegado más que nada por suerte, Tom. No te creas que te volverá a pasar. Tienes que practicar más. Hombre, se nota que te has divertido haciéndolo. Sí, ¿verdad? Exacto. Un poco adelantados a su tiempo, precursores de los consejos educativos que nos han endosado durante la pasada década. No hay que estar orgulloso de los hijos. Son ellos los que tienen que enorgullecerse. Tampoco hay que hacer falsos elogios, porque entonces dejan de fiarse de nuestras opiniones. No hay que dejarlos por el mundo creyéndose mejores de lo que son, porque solo servirá para que se lleven una decepción. La verdadera autoestima es la que viene de tener unos padres sinceros. Yo estos disparates los rechazo desde siempre. En eso soy un caso aparte. Somos seres pequeños e insignificantes. Lo único que nos llena, lo que nos da un horizonte, orgullo, sentido del yo, es el lugar que ocupamos en los corazones de la gente. Necesitamos que nos quieran nuestros padres sin condicionantes, sin lógica ni racionalidad. Necesitamos que nos vean a través de un cristal distorsionado por su amor y que nos digan de todas las maneras posibles que los llena de felicidad el mero hecho de que estemos en el mundo. De acuerdo, algún día nos daremos cuenta de que nuestras jirafas de barro no eran magistrales, pero es necesario que nos hagan llorar siempre que las bajemos de nuestros desvanes, sabiendo que cuando nuestros padres veían estos trozos de yeso tan feos sentían un orgullo absurdo y ganas de abrazarnos hasta que nos dolieran los huesos. Es lo que necesitamos de los padres, más que la verdad sobre lo pequeños que somos. Ya habrá gente de sobra que nos lo recuerde y nos ofrezca evaluaciones desapasionadas de nuestra mediocridad.”

“There's nothing I can do about it, so where's the use in complaining? I know my parents will force me to eat the gross much, so why complain when the end result will be exactly the same? I know I can't change the temperature, so is complaining going to warm my toes? Now, if I can get out if it, that's a whole different scenario. If I can squirm out of it, you better believe I'm going to squeeze out of doing it if my arm breaks off in the process.”

“I've always figured it that you die each day and each day is a box, you see, all numbered and neat; but never go back and lift the lids, because you've died a couple of thousand times in your life, and that's a lot of corpses, each dead a different way, each with a worse expression. Each of those days is a different you, somebody you don't know or understand or want to understand.”