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“No soporto el mundo. Quiero hallarme a mí mismo. Por una vez la soledad me es imprescindible. No estoy loco. No desvarío. Cuando esta noche te enfrentes a las noticias de la tele, y veas más esqueléticos negritos de Sudán, pateras con marroquíes que naufragan en el Estrecho, indígenas del Amazonas empujados a su desaparición, cursos básicos de violencia juvenil, así como la incontenible, programada destrucción de la naturaleza, y luego, en el mismo canal o en el contiguo, la soberbia de los gobernantes, demo o autocráticos, casi da lo mismo, exhibiendo sin pudor su fiebre de poder; su indiferencia hacia el prójimo, singular o plural, y asimismo las grandes bóvedas de la Bolsa, con la histeria millonaria de los apostadores; cuando veas todo eso quizá entiendas por qué ya no soporto el mundo. La noción exacta de mi impotencia, de mi incapacidad frente a tanto desastre, de una humanidad que de a poco se suicida, me hace sentir que no tengo el mínimo derecho al bienestar, ni a mi profesión, ni a tu amor, casi diría que no tengo derecho a estar vivo. Pero no te preocupes, no voy a eliminarme. Lo que no quiero para la humanidad, tampoco lo quiero para mí. Pero tengo que irme, borrarme, estar a solas conmigo, tratar de comprender este relajo cósmico, esta catástrofe sin dios, este dolor sin sentido.” — Mario Benedetti

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No soporto el mundo. Quiero hallarme a mí mismo. Por una vez la soledad me es imprescindible. No estoy loco. No desvarío. Cuando esta noche te enfrentes a las noticias de la tele, y veas más esqueléticos negritos de Sudán, pateras con marroquíes que naufragan en el Estrecho, indígenas del Amazonas empujados a su desaparición, cursos básicos de violencia juvenil, así como la incontenible, programada destrucción de la naturaleza, y luego, en el mismo canal o en el contiguo, la soberbia de los gobernantes, demo o autocráticos, casi da lo mismo, exhibiendo sin pudor su fiebre de poder; su indiferencia hacia el prójimo, singular o plural, y asimismo las grandes bóvedas de la Bolsa, con la histeria millonaria de los apostadores; cuando veas todo eso quizá entiendas por qué ya no soporto el mundo. La noción exacta de mi impotencia, de mi incapacidad frente a tanto desastre, de una humanidad que de a poco se suicida, me hace sentir que no tengo el mínimo derecho al bienestar, ni a mi profesión, ni a tu amor, casi diría que no tengo derecho a estar vivo. Pero no te preocupes, no voy a eliminarme. Lo que no quiero para la humanidad, tampoco lo quiero para mí. Pero tengo que irme, borrarme, estar a solas conmigo, tratar de comprender este relajo cósmico, esta catástrofe sin dios, este dolor sin sentido.
— Mario Benedetti