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“Un día, después de hacer el amor, se sintió generoso, lo que no le ocurría casi nunca, y preguntó a Tránsito Soto si le gustaría que le hiciera un regalo. -¡Préstame cincuenta pesos, patrón! -pidió ella al punto. -Es mucha plata. ¿Para qué la quieres? -Para un pasaje en tren, un vestido rojo, unos zapatos con tacón, un frasco de perfume y para hacerme la permanente. Es todo lo que necesito para empezar. Se los voy a devolver algún día, patrón. Con intereses. Esteban le dio los cincuenta pesos porque ese día había vendido cinco novillos y andaba con los bolsillos repletos de billetes, y también porque la fatiga del placer satisfecho lo ponía algo sentimental. -Lo único que siento es que no te voy a volver a ver, Tránsito. Me había acostumbrado a ti. - Si nos vamos a ver, patrón. La vida es larga y tiene muchas vueltas.” — Isabel Allende