Quotessence
Home / Quotes / Quote by Kristin Cashore

Quote by Kristin Cashore

Work

Bitterblue

In this fantasy novel, Bitterblue, the young queen of Monsea, grapples with the aftermath of her father's reign of terror. She seeks to rebuild her kingdom and restore justice, all while dealing with the secrets and lies that have long been buried within her court. more

Author

Kristin Cashore
Kristin Cashore

Kristin Cashore, born in 1976, is an accomplished American writer known for her unique narrative style and profound thematic explorations. Her works are highly appreciated by both young and adult readers. more

You May Also Like

“O céu noturno é uma lembrança de que, no universo, há menos luz do que escuridão. Ali, a luz parece apenas resistir (insistente em resistir) à opressão daquele espaço negro, vazio. Por isso, nos corpos celestes luminosos ou nos que refletem a luminosidade de outros, depositamos significados místicos, religiosos, mitológicos e científicos. Por isso lhes damos nomes. Próprios e comuns. Ao imenso fundo negro e vazio do espaço, porém, geralmente ignoramos. Nem sequer sabemos bem do que o chamar. Não o identificamos com uma palavra de conhecimento popular que o categorize, como planeta ou estrela, nem lhe damos um nome distintivo, como Saturno. Ainda assim, a escuridão está lá. Maior do que todo o resto.”

“In the Name of Allah, the Most Beneficent, the Most Merciful. All the praises and thanks be to Allah, the Lord of the 'Alamin (mankind, jinns and all that exists). The Most Beneficent, the Most Merciful. The Only Owner of the Day of Recompense (i.e. the Day of Resurrection) You (Alone) we worship, and You (Alone) we ask for help. Guide us to the Straight Way... The Way of those on whom You have bestowed Your Grace, not (the way) of those who earned Your Anger, nor of those who went astray. (The Qur'an- Surah Al-Fatihah)”

“Mi padre era un hombre decente. O, por lo menos, eso que llamaríamos un hombre decente: alguien que, en las pequeñas circunstancias de la vida, prefiere no complicarse con las molestias de la indecencia. Uno que, por ejemplo, si al salir de la panadería desecubre que se lleva, además de las facturas, pebetes y miñones, un cuarto kilo de cuernitos sin pagar, vuelve al local, compone una sonrisa tímida, turbada - que le sale perfecta- e intenta un chiste malo para decirle a la dueña que ha vuelto porque es un hombre decente: -¡Vengo a denunciar un robo! Le dirá, por ejemplo, y que él es el delincuente que acaba de llevarse el cuarto de cuernitos sin previo abono de su precio estipulado. O sea: mi padre era un hombre cómodo, que nunca quiso tomarse el trabajo de ver qué haía un poco más allá de la decencia, de la conveniencia, de los buenos modales y las reglas morales. La decencia, en general, es cuestión de falta de imaginación o de pereza, y mi padre tenía, por lo que sé, bastante de las dos. Aunque, por supuesto, no sé qué habría pasado si alguna vez la tentación de la indecencia lo hubiera asaltado en serio, armada de una buena recompensa. Es fácil ser decente cuando te cuesta un cuarto de cuernitos; de allí en más se hace más y más difícil, hasta que llega al punto en que cada cual encuentra su temperatura de fundido. Si no hay metal que resista el calor pertinente, ¿por qué habría hombres o mujeres? Es - si existen tales cosas - una de esas verdades innegables; sabiéndolo, ¿no es preferible ahorrarse el fuego de decenas, cientos de grados celsius, y fundirse cin tanto despilfarro?”