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“La palabra hebrea, Timshel, o sea, “tú podrás”, permite escoger. Quizás sea la palabra más importante del mundo, pues da a entender que el camino está abierto y plantea este acuciante problema: si dice “tú podrás”, también es cierto que podría decir “tú no podrás”. ¿No lo comprende? (…) El “tú podrás” hace grande al hombre, lo pone al lado de los dioses, porque a pesar de su debilidad, de su cieno y de haber dado muerte a su hermano, todavía le queda la gran libertad de escoger. Puede escoger su camino, luchar para seguirlo y vencer. La voz de Lee era un himno triunfal. -¿Y usted lo cree? –preguntó Adam. -Sí, lo creo. Lo creo. Es muy fácil salir de la pereza y de la ociosidad y arrojarse en el regazo de la divinidad, diciendo “No puedo evitarlo; el destino estaba escrito”. ¡Pero imaginen la gloria que representa la facultad de escoger! Gracias a ella el hombre es hombre. Un gato no puede escoger, una abeja está obligada a hacer miel. (…) Entonces siento que soy un hombre. Y también que un hombre es algo muy importante, acaso más importante que una estrella. (...) Experimento un nuevo amor por ese resplandeciente instrumento que es el alma humana; es algo maravilloso y único en el universo, siempre atacada y jamás destruida, gracias a ese “tú podrás”.” — John Steinbeck

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La palabra hebrea, Timshel, o sea, “tú podrás”, permite escoger. Quizás sea la palabra más importante del mundo, pues da a entender que el camino está abierto y plantea este acuciante problema: si dice “tú podrás”, también es cierto que podría decir “tú no podrás”. ¿No lo comprende? (…) El “tú podrás” hace grande al hombre, lo pone al lado de los dioses, porque a pesar de su debilidad, de su cieno y de haber dado muerte a su hermano, todavía le queda la gran libertad de escoger. Puede escoger su camino, luchar para seguirlo y vencer. La voz de Lee era un himno triunfal. -¿Y usted lo cree? –preguntó Adam. -Sí, lo creo. Lo creo. Es muy fácil salir de la pereza y de la ociosidad y arrojarse en el regazo de la divinidad, diciendo “No puedo evitarlo; el destino estaba escrito”. ¡Pero imaginen la gloria que representa la facultad de escoger! Gracias a ella el hombre es hombre. Un gato no puede escoger, una abeja está obligada a hacer miel. (…) Entonces siento que soy un hombre. Y también que un hombre es algo muy importante, acaso más importante que una estrella. (...) Experimento un nuevo amor por ese resplandeciente instrumento que es el alma humana; es algo maravilloso y único en el universo, siempre atacada y jamás destruida, gracias a ese “tú podrás”.
— John Steinbeck