Quotessence
Home / Quotes / Quote by Itxa Bustillo

Quote by Itxa Bustillo

“No podía evitar sentirme apenada e incómoda y ahora tendría que ver el paisaje mientras él se bañaba. No sé con qué intención lo había hecho, pero de lo que si estaba segura, era que la escena sería una tentación y no sabía hasta qué punto mi cuerpo y mi mente lo resistirían. Estaba estremeciéndome y comencé a sentir una calor sofocante, al mismo tiempo que mi piel estaba fría. Ya no podía controlar mi cuerpo. Esto nunca me había pasado, con nadie más.”

Quote by Itxa Bustillo

Work

El Príncipe de Bórdovar 1

Browse quotes and source details for this work. more

Author

Itxa Bustillo

Browse famous quotes and profile details for Itxa Bustillo. more

You May Also Like

“A la hora de dormir, seguía pensando en él. Mientras estaba acostada su imagen jugaba en mi mente, no podía pensar en nada, ni en nadie más y sentía que ya no podía seguir luchando por evitar pensar en él. Era como nadar a contracorriente y ya no tenía otra opción más que sucumbir ante su encanto, aunque fuera en sueños para sentirme aliviada. Me acosté boca abajo abrazando fuertemente una de las almohadas, era mi manera de dormir, pero ésta vez sería diferente; cerré mis ojos y me imaginé que lo abrazaba a él. Quise sentir por un momento que mi cara reposaba en su deseable pecho y que sus brazos me rodeaban, quise imaginarlo conmigo, en mi cama.”

“Mientras estaba en la cama no podía dejar de pensar en él; lo estaba reconociendo, lo deseaba, realmente lo deseaba tanto como nunca antes jamás había deseado a alguien. Era el hombre más bello que existía sobre la tierra, demasiado hermoso que parecía imposible. Sus ojos, eran del color del más bello azul y su mirada tan cautivante como ver una laguna en calma, la que a la vez, tenía la fuerza penetrante de la pasión como el océano en tormenta. Su voz, como un implacable huracán y a la vez suave y refrescante como una brisa fría en el cálido desierto. Su cara y su cuerpo eran perfectos, más que cualquier estatua de mármol esculpida. Era la ambrosía y la fruta prohibida, simple y sencillamente el ejemplar masculino más hermoso del planeta.”

“En ese momento me miró fijamente, se levantó tomándome entre sus brazos y me acostó de nuevo en la hierba quedando él encima de mí. El chal que cubría mis hombros me había traicionado y descubrió por completo el escote de mi vestido, instintivamente su mirada se desvió a mis pechos y no quise imaginar lo que pensó. Mi expresión notaba miedo, comencé a temblar sin saber si era por temor o por otra cosa, el panorama que él tenía enfrente era una tentación y no quería que pensara que lo había provocado de manera intencional. Mi respiración comenzó a ser más intensa y los latidos de mi corazón más fuertes y acelerados.”

“...Este hombre tenía un lenguaje corporal increíble, sólo al observarlo se podía percibir si era amoroso y tierno, o salvaje y apasionado. Él era así, podía despertar el amor y la ternura y al mismo tiempo la pasión y el deseo, pensar en lo último me excitaba mucho. Inconscientemente me saboreaba y humedecía mis labios con la lengua, este hombre despertó en mí un apetito insaciable que no sabía cómo controlar. Me encantaba observarlo cuando él no se daba cuenta y lo que ese bendito roce me provocaba, no lo podía describir.”

“Diciendo esto besó mi frente y me abrazó como si no quisiera soltarme nunca. Enterré mi cara en su pecho, mientras él inclinaba su cabeza hacia abajo para presionar su mejilla en lo alto de mi cabeza. Mi cuerpo temblaba a horrores, estaba nerviosa, emocionada, sentía frío y sólo deseaba sentir su calor. En ese momento y estando en sus brazos, el ocaso frente al mar me pareció el lugar más romántico del mundo y su ternura, había hecho desaparecer en mí el deseo y la pasión que me estaban quemando y que él mismo había despertado.”

“—Veo que ya está listo doctor Wallace. —Randolph se dirigió a él. —Así es. —Le dijo mientras no dejaba de verme. —Ah… —Continuó Randolph—. Señorita Constanza le presento al doctor Jonathan Wallace, médico privado de su excelencia. Doctor, le presento a la señorita Constanza Norman, tutora de artes e invitada de su alteza. —Es un placer conoceros. —Me miraba sin poder parpadear mientras hacía una reverencia y besaba mi mano. —Mucho gusto doctor Wallace. —Lo saludé impresionada por su acento. Era un hombre muy guapo, alto, de cabello rubio, ojos verdes y piel blanca. Se notaba que era muy fino y su perfume de hombre… Era muy delicioso y embriagador. —Por favor, llamadme Jonathan. —Con un suave tono de voz me dijo, mientras clavaba aún más sus ojos en mí y no soltaba mi mano.”