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“Cuando Becker les conto a varios músicos contemporáneos sobre las semanas de cuarenta y dos horas que trabajaba en el escenario del Club 504 en 1950, esperaba que respondieran compadeciéndolo por haber tenido que trabajar tanto, pero en cambio le dijeron con envidia: "Caramba, nosotros nunca hemos llegado a tocar tanto". Sentían envidia porque esas largas horas de trabajo le dieron la oportunidad de practicar temas una y otra vez, de entrenar sus respuestas físicas y mentales en la armonía y los patrones estándar, de acostumbrarse a hacer lo que exigían de el sin tener que pensarlo. Lo que Becker y otros de su generación aprendían en el trabajo, los músicos contemporáneos lo aprenden practicando en su casa o tocando ocasionalmente en sesiones que nadie les paga.” — Robert R. Faulkner