Quotessence
Home / Quotes / Quote by Richard Bachman

Quote by Richard Bachman

“The deal is this. You be the hero. Come down here. Unarmed. Come inside with your hands on your head. I'll let everybody go. Then I'll blow your fucking head off. Sir. How's that for a deal? You buy it?”

Quote by Richard Bachman

Book:Rage

Work

Rage

This book delves into the complexities of human emotion, focusing on the impact of rage on individuals and society. more

Author

Richard Bachman

Browse famous quotes and profile details for Richard Bachman. more

You May Also Like

“«Divorciarme, eso es lo que debo hacer», mascullaba para mis adentros, pero debo haberlo dicho más de una vez en voz alta, porque Willie paró la oreja ante la palabra divorcio. Había pasado por dos anteriores y estaba decidido a evitar untercero; entonces me presionó para que consultáramos a un psicólogo. Yo me había burlado sin piedad del terapeuta de Tabra, un alcohólico despelucado que le aconsejaba las mismas perogrulladas que yo podía ofrecerle gratis. En mi opinión, la terapia era una manía de los estadounidenses, gente muy consentida y sin tolerancia para las dificultades normales de la existencia. Mi abuelo me inculcó en la infancia la noción estoica de que la vida es dura y ante los problemas no cabe sino apretar los dientes y seguir adelante. La felicidad es una cursilería; al mundo se viene a sufrir y aprender. Menos mal que el hedonismo de Venezuela suavizó unpoco aquellos preceptos medievales de mi abuelo y me dio permiso para pasarlo bien sin culpa. En Chile, en tiempos de mi juventud, nadie iba a terapia, excepto los locos de atar y los turistas argentinos, así es que me resistí bastante a la propuesta de Willie, pero él insistió tanto que por fin lo acompañé. Mejor dicho, él me llevó de un ala. El psicólogo resultó tener aspecto de monje, llevaba el cráneo afeitado, bebía téverde y permanecía la mayor parte de la sesión con los ojos cerrados. En el condado de Marin se ve a cualquier hora hombres en bicicleta, trotando enpantalones cortos o saboreando su capuchino en mesitas de las veredas. «¿Esta gente no trabaja?», le pregunté una vez a Willie. «Son todos terapeutas», me contestó. Tal vez por eso sentí un gran escepticismo frente al calvo, pero pronto éste se reveló como un sabio. Su oficina era un cuarto desnudo pintado de color arveja, decorado con una tela -mandala, creo que se llama- colgada en la pared. Nos sentamos con las piernas cruzadassobre unos cojines en el suelo, mientras el monje sorbía como un pajarito su té japonés. Empezamos a hablar y pronto se desencadenó una avalancha. Willie y yo nos arrebatábamos la palabra para contarle lo que había pasado contigo, la existencia de espanto que llevaba Jennifer, la fragilidad de Sabrina, mil otros problemas, y mi deseo de mandar todo al diablo y desaparecer. El hombre nos escuchó sin interrumpir y cuando faltaban pocos minutos para que terminara la sesión, levantó sus párpados capotudos y nos miró con una expresión de genuina lástima.«¡Qué tristeza hay en sus vidas!», murmuró. ¿Tristeza? Eso no se nos habíaocurrido a ninguno de los dos. Se nos desinfló la rabia en un instante y sentimos hasta los huesos una pena vasta como el Pacífico, que no habíamos querido admitir por pura y simple soberbia. Willie me tomó la mano, me atrajo a su cojín y nos abrazamos. Por primera vez admitimos que teníamos el corazón muy adolorido. Fue el comienzo de la reconciliación.-Voy a aconsejarles que no mencionen la palabra divorcio durante una semana. ¿Pueden hacerlo? -preguntó el terapeuta. -Sí -respondimos a una sola voz.”

“As well as this, there were of course many sceptics and detractors, not only of Shah but of his students and his would-be or wanna-be students. They’d say things like “You’ve been studying for – what? – 10, 20, 30, 40, 50 years. And where has it got got you, eh? Eh? Nowhere.” And there really was no answer to that, other than to simply try to show a good example, and hope that some might sense subtle signs of progress having been made. But no: they wanted to see Gandalf with his whizz-bangs. Unlike Rabia, we couldn’t magically produce an onion out of thin air – an incontrovertible act – and later retort: “What? Do you think that God is a greengrocer, or something?”

“God Knows' And I said to the man who stood at the gate of the year: “Give me a light that I may tread safely into the unknown.” And he replied: “Go out into the darkness and put your hand into the Hand of God. That shall be to you better than light and safer than a known way.” So I went forth, and finding the Hand of God, trod gladly into the night. And He led me towards the hills and the breaking of day in the lone East. So heart be still: What need our little life Our human life to know, If God hath comprehension? In all the dizzy strife Of things both high and low, God hideth His intention. God knows. His will Is best. The stretch of years Which wind ahead, so dim To our imperfect vision, Are clear to God. Our fears Are premature; In Him, All time hath full provision. Then rest: until God moves to lift the veil From our impatient eyes, When, as the sweeter features Of Life’s stern face we hail, Fair beyond all surmise God’s thought around His creatures Our mind shall fill.”