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Quote by Svetlana Alexievich

Work

Voices from Chernobyl: The Oral History of a Nuclear Disaster

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Author

Svetlana Alexievich

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“We came home. I took off all the clothes that I wore in there and threw them down the trash chute. I gave my hat to my little son. He really wanted it. And he wore it all the time. Two years later they gave him a diagnosis: a tumor in his brain… You can write the rest of this yourself. I don’t want to talk anymore.”

“—Todo lo que conocemos de los horrores y temores tiene más que ver con la guerra. El gulag estalinista y Auschwitz son recientes adquisiciones del mal. La historia siempre ha sido un relato de guerras y de caudillos, y la guerra constituía, digamos, la medida del horror. Por eso, la gente confunde los conceptos de guerra y catástrofe. En Chernóbil se diría que están presentes todos los rasgos de la guerra: muchos soldados, evacuación, hogares abandonados… Se ha destruido el curso de la vida. Las informaciones sobre Chernóbil están plagadas de términos bélicos: átomo, explosión, héroes… Y esta circunstancia dificulta la comprensión de que nos hallamos ante una nueva historia. Ha empezado la historia de las catástrofes… Pero el hombre no quiere pensar en esto, porque nunca se ha parado a pensar en esto; se esconde tras aquello que le resulta conocido. Tras el pasado. Hasta los monumentos a los héroes de Chernóbil parecen militares.”

“Leonid Andréyev, del que ya le he hablado, tiene un relato. Un hombre que vivía en Jerusalén vio un día cómo junto a su casa conducían a Cristo. El hombre lo vio todo y lo oyó, pero entonces le dolía una muela. Ante sus ojos, Cristo cayó al suelo con la cruz a cuestas, cayó y lanzó un grito de dolor. El hombre que veía todo esto no salió de su casa a la calle porque le dolía una muela. Al cabo de dos días, cuando dejó de dolerle la muela, le contaron que Cristo había resucitado y entonces el hombre pensó: «Y yo que podía haber sido testigo del hecho, pero como me dolía la muela…». ¿Será posible que siempre ocurra igual? Los hombres nunca están a la altura de los grandes acontecimientos. Siempre les superan los hechos. Mi padre luchó en la defensa de Moscú en el 42. Pero no comprendió que había participado en un gran acontecimiento hasta pasadas decenas de años. Por los libros, las películas. Él, en cambio, recordaba: «Estaba metido en una trinchera. Disparaba. Quedé enterrado por una explosión. Los enfermeros me sacaron de allí medio vivo». Y nada más.”

“Eloise had been with Dad since before the riots. "As long as I breathe," Dad often said, "Eloise will have a job." She was like a second wife to him. She took care of him during his workday. They argued and fought and got grumpy with each other. There was genuine affection. Mom knew all this. "Thank God Eloise is uglier than a cow living near Chernobyl," Mom liked to say, "or I might wonder.”

“Challenger and Chernobyl: the only felicitous accidents, like a freeze-frame of the system. In the same way as a photo arrests movement and restores the unforgettable character that it had lost, the Challenger explosion has revived our imagination where space is concerned. The photos of Challenger were only so beautiful because they fixed in our minds the secret destination of the adventure of space travel, whereas its speed only gives us the apparent movement.”