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Quote by Banana Yoshimoto

“Las personas creen que hay muchos caminos y que pueden elegir el suyo libremente. Quizás fuese más acertado decir que sueñan con el momento de elegirlo. Yo también pensaba así. Pero en aquel instante pude comprenderlo. Lo supe, y tomó forma de palabras: . Y, dependerá de cada uno, pero, yo, al darme cuenta de esto, no podía hacer otra cosa que quedarme tal como estaba, tendida boca arriba mirando el cielo de la noche, con el katsudon, en pleno invierno, dentro del charco, en el tejado de un lugar desconocido como si fuera lo más normal. Oh, la luna está preciosa.”

Quote by Banana Yoshimoto

Book:Kitchen

Work

Kitchen

Kitchen is a novel that delves into the lives of the staff and patrons of a renowned Parisian restaurant. The story unfolds in the bustling kitchen, where the characters navigate the complexities of personal relationships and the pursuit of culinary excellence. more

Author

Banana Yoshimoto
Banana Yoshimoto

Banana Yoshimoto is a Japanese writer celebrated for her minimalist and introspective style. Born on July 24, 1964, she gained prominence in the 1990s with her novel 'Kitchen'. Yoshimoto's works often delve into themes of loneliness, youth, and the complexities of human relationships. more

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“Las personas creen que hay muchos caminos y que pueden elegir el suyo libremente. Quizás fuese más acertado decir que sueñan con el momento de elegirlo. Yo también pensaba así. Pero en aquel instante pude comprenderlo. Lo supe, y tomó forma de palabras: "El camino está siempre marcado, pero no en un sentido fatalista. Cada instante, con la respiración, con la mirad, y con los días que se repiten, uno tras otro, se va decidiendo espontáneamente". Y, dependerá de cada uno, pero, yo, al darme cuenta de esto, no podía hacer otra cosa que quedarme tal como estaba, tendida boca arriba mirando el cielo de la noche, con el katsudon, en pleno invierno, dentro del charco, en el tejado de un lugar desconocido como si fuera lo más normal. Oh, la luna está preciosa.”

“Yo nunca abandonaría mis sueños ni tampoco mis fantasías. Sin importar a carrera que estudiase o el trabajo que obtuviese, los impuestos por pagar o la monotonía de la rutina, nunca dejaría de pensar en personajes ficticios, en mundos imposibles o en historias interminables. Sería uno con mi inocencia hasta el fin de mis días.”

“Yo nunca abandonaría mis sueños ni tampoco mis fantasías. Sin importar la carrera que estudiase o el trabajo que obtuviese, los impuestos por pagar o la monotonía de la rutina, nunca dejaría de pensar en personajes ficticios, en mundos imposibles o en historias interminables. Sería uno con mi inocencia hasta el fin de mis días.”

“Es un país de aventuras vegetales el mío; lo más importante que pasa le pasa a la semilla, sucede sordo y a ciegas, sucede en ese barro primordial del que vendríamos y al que vamos seguro: se hincha de humedad la semilla en la negrura, esquiva cuises y vizcachas, se rompe en tallo, en hoja verde, atraviesa la entraña, emerge todavía munida de sus dos cotiledones hasta que logra extraer la fuerza suficiente del sol y del agua como para dejarlos caer y ahí aparece la vaca y se la come a la hierbita esa que le nació al suelo y se reproduce, la vaca, y se multiplica lenta y segura en generaciones de animales que van a parar, casi todos, al degüello y cae la sangre al suelo de las semillas y los huesos le construyen un esqueleto de delicias para caranchos y lombrices y la carne viaja en los barcos frigoríficos hasta Inglaterra, otra vena, una cruenta y helada, de esa trama que va de todas partes al centro, al corazón voraz del imperio. Lo nuestro es lo de la matriz. Procesos sordos, ciegos, ya lo dije, primordiales, invisibles, ligados al magma de todos los principios y todos los fines. Lo de Inglaterra es otra cosa. Es la isla del hierro y del vapor, la de la inteligencia, la que se construye sobre el trabajo de los hombres y no sobre el de la tierra y la carne.”

“Guayaquil es una urbe que vive para los turistas que la observan como curiosidad de circo: los guayaquileñitos que antes vivían en un pueblo que ahora es un parque temático. No es una ciudad, es una corporación. Un receptáculo de franquicias. Una pasarela turística. Es la degeneración urbana: la pérdida del origen, del principio. Puerto partido. Santiago de Guayaquil, no te muevas para que la foto salga bien. Sonríe, la muerte te está apuntando.”

“Baldomera vió caer a muchas a su lado. Se desplomaban y ni siquiera sus gritos se oían. Sólo a cada momento, la voz del oficial: - ¡Fuegoo! Y la descarga cerrada, estridente, silbante. Las calles se teñían en sangre. Baldomera había llegado a la cabeza de la manifestación. Movía los brazos en el aire y gritó hasta enronquecer. Poco rato duró la sugestión de su figura. Los brazos, con los puños cerrados, cortaban el aire. Se alzaban picos, palos, banderas rojas, letreros. Y los cabellos de las mujeres flotando, flotando al viento. Y las voces que atolondraban todo. Y los empujones. La asfixia. El ir de un lado al otro, llevado por todos, sin pisar el suelo. Alaridos y quejas. El silbido cortante de las balas. El olor de la pólvora. El inclemente martilleo de los ametralladoras. Los cuerpos humanos tronchándose como racimos, fecundando la tierra, sembrando la venganza y el odio. Las quijadas abiertas, los ojos saltados, los brazos queriendo subir y subir para escapar por algún lado. Los niños con las manos crispadas, arrugando las mantas de las madres, chillando, las facciones paralizadas. Y sin armas, carajo, con qué matar soldados y generales.”