“Nunca podré ser un adulto normal. Es impensable que llegue a tener una carrera profesional. En las entrevistas de trabajo me preguntarán «¿Cuál es su punto débil?», y yo les explicaré que seguramente pasaré buena parte de la jornada laboral aterrorizada por pensamientos que no puedo evitar pensar, poseída por un demonio sin nombre y sin forma, y si eso va a ser un problema, no querrán contratarme.”