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Isabel Quintín Biography

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“Pobre de mi madre, ella me trajo impecable a este mundo y cuidó de que no me diera pañalitis, que la varicela no dejara recuerdos, que en las piernas no me quedaran las marcas de las caídas o que el acné no dejara cicatrices. Así me entregó al mundo cuando pensó que era un adulto, que siguiendo su ejemplo me mantendría lejos de los peligros y que no sería igual de niñata de correr como cabra al precipicio. Pero nunca me advirtió de enamorarme, nunca mencionó que existía una herida que ni ella podría curar, solo el tiempo.”

“pero a veces sencillamente lo sabes. Que esa persona no es cualquiera, que la piel no se te pone de gallina en vano, que el brillo en tus ojos y esa sonrisa estúpida y perpetua no la consigue el chico que te sirve el café en el Starbucks aunque lleva meses intentándolo. Sabes que hay algo especial porque en tu interior algo estalla y se renueva. Y ya no eres el mismo. Es así de místico e inevitable.”

“Le golpeé el abdomen mientras me reía. —¿Por qué eres tan cruel? —Porque si te digo que todo estará bien, te estaría mintiendo. Es lo lógico que extrañes a alguien que quisiste tanto, con quien compartiste parte de tu vida y frente a quien te desnudaste y no me refiero solamente al cuerpo. Pero es la forma en la que tu cerebro procesa la ausencia, vas a estar triste, tendrás recuerdos, añoranzas, maldecirás y te mentirás para sentirte mejor. Debes vivirlo, dejarlo salir, gritar, llorar… sacarlo de ti. Pero, lo peor que puedes hacer es darle más importancia de la necesaria. No te encierres ni te aísles. Habla, con tus amigos, conmigo o con los gatos. —¿Quién eres? —Le puyé el brazo. —La respuesta a tu S.O.S. Tu rescatista. Vamos.”

“—¿Qué quería? —dije tan fresca como pude. Pero sin mirarla, sin girarme. —Supongo que hablar contigo, justificarse el muy gilipollas —Grace lo odiaba y de su odio hay que cuidarse. Si quería vengarme de Marc solo debía asentir y ella lo entendería. En dos días los medios hablarían de cualquier cosa que lo desprestigiara y estaría acabado. No era la periodista de más peso, el periódico del que era editora era muy respetable. Pero ella no iba a exponerse, la chica tiene enchufe. Que lo diga yo que gracias a sus contactos trabajaba donde trabajaba. —Ya. ¿Qué le dijiste? —Que se largara si no quería que clavara el tacón de mis zapatos en sus elitistas y traicioneros huevos. Tragué saliva, casi me reí. Era capaz, de Grace me esperaba todo. —¿Qué zapatos tenías? —Unos Louboutin muy puntiagudos. Imaginar la escena me hizo gracia. Seguro que Marc le miró los zapatos primero. —Los únicos que tienes e ibas a perderlos así… —Nunca podrían haber sido mejor usados, te lo aseguro. —Imagino que tu amenaza lo mantendrá a raya —soné muy borde, no era mi intención. Tampoco la de retractarme. —No lo sé, pero Salo se encargó de darle un par de dolorosas razones para no volver. Aunque ya sabemos que el cabrón tiene más cara que espalda.”

“—Te traje algo que te va a hacer alucinar. —No le entro a las drogas. —Fingí enfado y junté las cejas. —Nunca dejas de estar a la defensiva. —Culpa a tu amigo que me enseñó a estar siempre “en guardia”. —Prueba esto y terminarás amándome. —Ten cuidado con lo que deseas, chato. Porque soy de las que lleva el amor a los extremos. —Una chica intensa y peligrosa. —Ya ves que me paso la vida entre el nunca y el siempre.”