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Quote by Ray Bradbury

“The things you're looking for, Montag, are in the world, but the only way the average chap will ever see ninety-nine per cent of them is in a book.”

Quote by Ray Bradbury

Work

Fahrenheit 451

Ray Bradbury's Fahrenheit 451 is a thought-provoking novel set in a future society where books are banned and firemen are employed to burn any that are found. The story follows a fireman named Guy Montag who begins to question the status quo and the role of literature in society. more

Author

Ray Bradbury
Ray Bradbury

Ray Bradbury, born on August 22, 1920, and died on June 5, 2012, was an influential American science fiction writer, playwright, and poet. His works are known for their unique imagination and profound philosophical insights, which have had a profound impact on the science fiction genre. more

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“But it seems to me to be an imperfection in things of beauty, and a weakness in man, if an explanation from the shallow-side has a destructive effect. The horror which we feel for Freudian interpretations is entirely due to our own barbaric or childish naivete, which believes that there can be heights without corresponding depths, and which blinds us to the really "final" truth that, when carried to extremes, opposites meet.”

“Worldly people, you see, use far more wisdom, about their trifling affairs than unworldly people do about the affairs of God. They give their minds to what they are doing. And I say to you. Learn from them. Learn how to deal with the world and make friends with worldly people, so that when everything earthly fails you may know the way to their hearts. The man who is reliable in little things is reliable in great things too—and if you can’t handle the goods of this world, how can you be trusted to handle the true treasures of Heaven?”

“A lion is not afraid of walking alone, even if the whole jungle is pursuing it.”

“Las Ramblas como Cloaca Máxima, la Puerta de la Paz, el zócalo, los tinglados y muelles ruinosos flotando en el mar, vidas como pontones, esa parte de la ciudad que durante un tiempo se convertirá en mi foro de actuación, vive una existencia múltiple bajo la cúpula de un llevadero estado de sitio y la clave rítmica del pulir de los limpiabotas, del murmullo de los confidentes. Por un lado, el hampa, putas y ladrones, que parecen esculpidos en la misma piedra color elefante de las fachadas, barnizados con el fulgor rojo y blanco de los letreros, envejecidos por las emanaciones de los tubos de escape. Este sector observa con burlona extrañeza al segundo grupo: personal muy comprometido en los asuntos de la hora, entonadores de pegadizos lemas, repartidores de volantes, mesas con manifiestos y banderas que recorren sueños triunfales hacia las elecciones de junio del 77, y más allá, la disolución y el olvido. Ahora, los políticos radicales advierten la provocación de los fascistas, quienes, en pequeño comité, se ajustan en el ceño las gafas de sol y en la muñeca los guantes de cuero, mientras negocian la violencia con un amigo policía. El tercer grupo ramblero, más colorista, lo forma una especie de lectura entre líneas de los grupos anteriores; y si no fuera porque a veces también reciben estopa, uno diría que han venido de su pueblo, no en busca de prosperidad, como era costumbre hasta ahora, sino a pasar el rato lo mejor posible. Vestidos de bailaoras o a punto de hacerlo, se identifican mediante la abstracción indumentaria con otros cuya dicción nasal, pañuelo carmesí y esmeralda melena trasmiten la difuminada intuición de que viven en otra ciudad y otro mundo del cual este que pisan es caricatura, y aquellas algaradas, las hostias, las carreras, sólo batidores que sujetan la fiesta novedosa, la perfecta juventud.”