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Quote by Anita Diamant

Work

The Boston Girl

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Author

Anita Diamant

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“You don't understand. (...). When I think about myself with them (girls), I can just... see it, y'know? I know how it's going to play out. I know what i'm s'posed to do. When i think abut me and you... you know, the real me and you. It's just... I can't see how it ends. I just tried not to think about it. So, I know I was a bit of a dick, I could have handled it better, but I swear, I didn't want it to end like that.”

“Ryan le pregunta a Avery acerca del pelo rosa. ㅡSí, es un color raro, ¿verdad? Para un chico que nació con aspecto de mujer y que quiere que lo vean como a un varón. Pero piénsalo un momento, solo muestra lo arbitrario que es el género. El rosa es femenino... pero ¿por qué? ¿Acaso las chicas son más rosas que los chicos? ¿Los chicos son más azules que las chicas? Es algo que nos enseñaron, principalmente para poder enseñarnos también otras cosas. Mi pelo puede ser rosa porque soy un chico. El tuyo puede ser azul porque eres una chica. Si te desprendes de toda esa mierda arbitraria con que nos controla la sociedad, te sientes más libre y, si te sientes más libre, puedes ser más feliz. ㅡMi pelo es azul porque me gusta el azul ㅡseñala Ryan. ㅡY el mío es rosa porque me gusta el rosa.”

“En la España franquista, la Ley de Vagos y Maleantes de 1954 incluye por primera vez a homosexuales y desviados sexuales. El comandante Antonio Vallejo-Nájera, jefe de los servicios médicos militares, y Juan José López Ibor llevan a cabo sucesivas investigaciones con el fin de examinar las raíces psicofísicas del marxismo (para descubrir el famoso «gen rojo»), la homosexualidad y la intersexualidad, preconizando, a pesar de la escasa tecnificación de las instituciones médicas durante el franquismo, la lobotomía, las terapias de modificación de conducta, el tratamiento mediante electroconvulsiones y la castración terapéutica con fines eugenésicos.”

“After years of selfish lovers, my preference for pleasuring as opposed to being pleasured had unsettled her at first but as brief fumbles had turned into stolen weekends, her confidence and trust in me had grown to the point where she was now totally relaxed and at ease with me. There was nothing, not a single thing I couldn’t do for or to her if I so wished it. We didn’t even have a safe word because we didn’t need one. We just knew.”