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Quote by Dolores Redondo

Work

Ofrenda a la tormenta

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Author

Dolores Redondo

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“Despacio, volví a mi barracón y allí encontré a un buen amigo esperándome: "¿De verdad quieres irte con ellos?", me dijo con tristeza. "Sí, voy a ir." Se le saltaron las lágrimas y yo traté de consolarle. Todavía me quedaba algo por hacer, expresarle mi última voluntad. "Otto, escucha, en caso de que yo no regrese a casa junto a mi mujer y en caso de que la vuelvas a ver, dile que yo hablaba de ella a diario, continuamente. Recuérdalo. En segundo lugar, que la he amado más que a nadie. En tercer lugar, que el breve tiempo que estuve casado con ella tiene más valor que nada, que pesa en mí más incluso que todo lo que hemos pasado aquí. Otto, ¿dónde estás ahora? ¿Vives? ¿Qué ha sido de ti desde aquel momento en que estuvimos juntos por última vez? ¿Encontraste a tu mujer? ¿Recuerdas cómo te hice aprender de memoria mi última voluntad —palabra por palabra— a pesar de tus lágrimas de niño?”

“Sin embargo, no mucho tiempo atrás descubrió que le resultaba harto saludable llorar durante algunos minutos en la soledad de su habitación. Era por eso por lo que, desnuda frente al espejo ovalado de nogal que reflejaba su cuerpo por completo, se permitió su dosis diaria de lágrimas. Solo un minuto. Con ese tiempo le bastaba para poner el contador a cero y deshacerse del molesto nudo que acostumbraba a anidar en su pecho.”

“Todos los cementerios que ha recorrido, todas las tumbas, le dicen lo mismo. Es imposible encontrar el lugar exacto, no hay manera de dar identidad a tanto muerto, son miles de huesos que juntos yacen bajo tierra, y entonces, las lágrimas vertidas no pertenecen a nadie y todos tienen su parte en el llanto y en las oraciones. Quizá allí esté el secreto, la esencia pura de la humanidad: todos son nuestros muertos, todos nuestros hijos, nuestros queridos mártires.”