“Se afirmaba por entonces que la calidad de enseñanza en los colegios religiosos privados era muy superior a la impartida en los despreciados institutos de enseñanza pública, pero quienes lo afirmaban eran los colegios religiosos privados. Fuese como fuese, en aquella institución estuvo entre 1968 y 1975 mi esponjosa mente, indefensa ante el bombardeo constante de fórmulas matemáticas y plúmbeas citas bíblicas con sus correspondientes lecciones morales interpretadas de forma aviesa. Triste destino el de la Biblia, deslumbrante epopeya colectiva de quién sabe cuántos escritores anónimos que ha llegado a ser el libro de cuyos textos mayor número de charlatanes, estafadores y asesinos se han apropiado a lo largo de la Historia. Por aquel colegio bilbaíno campaba a sus anchas un enlutado y hostil profesor de matemáticas con perpetua expresión de esfinge pomposa que atendía por el nombre de Estanislao.(...) Aquel día la clase de matemáticas fue la última antes de las vacaciones que se nos concedían por Semana Santa. Cuando cerramos los libros se produjo en el aula un pequeño ambiente festivo. Algunos compañeros revelaron sus planes. Uno dijo que partía con su familia hacia la playa, otro que tenía en mente hacer senderismo cada día y un tercero, osadísimo, afirmó que había quedado con una chica. Surgió un murmullo colectivo de aprobación o envidia y el hermano Estanislao, como si se hubiera contagiado del brote de camaradería viril, dijo en voz clara y alta, pretendidamente graciosa, que si a una vaca le levantas el rabo es lo mismo que una mujer. Se solidificó un silencio espantado. Todos captamos la violencia extrema de esas palabras, su odio y su maldad. Ignoro qué sintieron mis compañeros. A mí me fue revelado mediante aquel electroshock que mi educación estaba en manos de psicópatas perversos cuyo objetivo no era formarme en matemáticas, geografía o historia, sino sabotear mi camino natural hacia la humilde búsqueda de la felicidad. En el instante mismo de escuchar aquella frase, lo recuerdo como si fuera hoy, decidí blindarme para siempre de las enseñanzas de la Iglesia y así lo cumplí, pero me sigo preguntando cuánto daño irreparable del que no fui consciente se me había causado en los años anteriores por manipuladores más sutiles que este energúmeno.”
Quote by Fernando Marías
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Arde este libro
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