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Quote by Craig D. Lounsbrough

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Craig D. Lounsbrough

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“You know nothing says love like a man holding a bucket, waiting for you to hurl into it." "No, offense, you start hurling and I'm going to be needed immediately downstairs in the casino ... I guarantee it." She glared at him with only her one eye open. "That's not very romantic." He scoffed at her aggravated tone. "Excuse me? Did I miss something? What has ever been romantic about vomit?" "A man standing by your side when you're sick. Holding your hair back from your face ... that's romantic." "In what alternate universe do you live? Here in a place I like to call reality, that's disgusting. Who in their right mind would find that romantic?”

“Peace is something like happiness; you cannot say "I will be happy when..." and you can't say "I will be peaceful when..." Your happiness shouldn't depend on the situation you're in nor on the circumstances that surround you. In the same breath, you cannot wait for everything around you to become peaceful in order for you to say "I am peaceful." In both happiness and peace, there is a heart of strength, determination and steadfastness; a heart that has the power to make things happen. You have to be at peace. You have to be happy. Now.”

“—¿Qué quería? —dije tan fresca como pude. Pero sin mirarla, sin girarme. —Supongo que hablar contigo, justificarse el muy gilipollas —Grace lo odiaba y de su odio hay que cuidarse. Si quería vengarme de Marc solo debía asentir y ella lo entendería. En dos días los medios hablarían de cualquier cosa que lo desprestigiara y estaría acabado. No era la periodista de más peso, el periódico del que era editora era muy respetable. Pero ella no iba a exponerse, la chica tiene enchufe. Que lo diga yo que gracias a sus contactos trabajaba donde trabajaba. —Ya. ¿Qué le dijiste? —Que se largara si no quería que clavara el tacón de mis zapatos en sus elitistas y traicioneros huevos. Tragué saliva, casi me reí. Era capaz, de Grace me esperaba todo. —¿Qué zapatos tenías? —Unos Louboutin muy puntiagudos. Imaginar la escena me hizo gracia. Seguro que Marc le miró los zapatos primero. —Los únicos que tienes e ibas a perderlos así… —Nunca podrían haber sido mejor usados, te lo aseguro. —Imagino que tu amenaza lo mantendrá a raya —soné muy borde, no era mi intención. Tampoco la de retractarme. —No lo sé, pero Salo se encargó de darle un par de dolorosas razones para no volver. Aunque ya sabemos que el cabrón tiene más cara que espalda.”