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Quote by Margarita García Robayo

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Tiempo muerto

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Margarita García Robayo

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“Estimem la ciutat dels beocis i volem que sigui eterna, a desgrat dels pressentiments de Tirèsias, el qual mou, pesarós, el cap i ens prediu que serà destruïda. Però ell és cec i, encara que expert en el crit i el presagi dels ocells, ignora la claror de les estrelles. Prou comprenem, tan bé com l’endeví, que cal sepultar i perdonar, que cal procurar de complir la llei moral, aquesta flameta, dèbil, vacil.lant, tanmateix inapagable. Mai no pararíem de mostrar el sacrifici de la princesa, la lliçó del seu alt exemple. Però, criminosa com és, estulta, turbulenta i rica de males riqueses, que Tebes no sigui, en càstig, destruïda. Perquè hi ha la font, el cel, el riu de tots i pobres beocis que no en tenen gens la culpa.”

“...Una extraña sensación recorrió mi cuerpo y esa cercanía me dio sensaciones que… No sabía que podía sentirlas. Mi cuerpo había reaccionado de una manera que no conocía y sentí que todos mis músculos, —aún de los que no tenía conocimiento—, se habían activado al sentirlo tan cerca. ¡Dios que mirada tan intensa! Nunca olvidaré la belleza de sus ojos, había encendido mi ser como nunca antes alguien lo había hecho, eran del más perfecto azul cristalino que haya visto.”

“Al observarlo venir con los caballos, se reflejó en él un rayo de sol, tenía un porte muy aristocrático que lo hacía ver irresistiblemente bello, con su camisa blanca de cuello alto y escote pronunciado, que le dejaba ver parte de sus minúsculos vellos en su pecho perfectamente esculpido. Se podía notar una personalidad que lo dejaba ver agresivo e imponente, con esa capa marrón que le ondeaba con el viento y le dejaba ver los vuelos de las mangas de su camisa. Su pantalón color beige, le ceñía la forma de sus gruesas piernas y esas botas negras, altas y brillantes le realzaban el porte y la presencia y —junto con la fusta en su mano—, me hacía verlo como el imponente amo de todo. Me pareció tan gallardo y varonil, que parecía haber salido de una pintura de finales del siglo XVIII o principios del XIX. —“Mi Darcy personal” —pensé suspirando y asociándolo inmediatamente, con mi galán literario preferido. Eso hacía que mi mente volara y ya no supiera que pensar. Me sentía en una completa fantasía y más, estando junto a él.”