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Quote by Itxa Bustillo

“En su juego, Loui quiso poner una uva en mi boca y al momento que me acerqué para morderla, inmediatamente me besó de nuevo posesionándose de mi boca con fuerza, con vehemencia, al mismo tiempo que sujetaba mi cuello para evitar que escapara de él. Me estaba devorando, parecía que su lengua buscaba con ansiedad el sabor de la mía, a la vez que también, sentía con placer el sabor de la uva que tenía y yo, hacía exactamente lo mismo. Sus besos sabían a gloria, la suavidad de sus labios era deliciosa y yo deseaba bebérmelo por completo. Su actitud me hacía desear más cada vez. Este hombre era fascinante y me tenía locamente enamorada de él.”

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Work

El Príncipe de Bórdovar 1

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Author

Itxa Bustillo

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“Cerré los ojos como me dijo y lentamente me giró hacia él. Puso sus manos en mi cara y me acercó a la suya, por alguna razón no podía reaccionar y me estaba dejando llevar. Inconscientemente puse mis manos en su pecho y al sentirlo tan firme y tan fuerte una reacción extraña y placentera se activó en mi cuerpo. Poco a poco sentí su cálido aliento y su nariz tocando la mía y sin darme cuenta, sus labios se posesionaron de los míos con fuerza, sujetándome de la nuca para evitar que lo rechazara, asaltando mi boca, explorando con su lengua, bebiendo mi esencia, dejándome sin aliento y amenazando con arrancarme los labios y ahogarme. Jadeaba intentando respirar y él gemía a la vez que succionaba todo de mí, mi cuerpo se excitó respondiendo a él de manera exagerada al sentir su fuerza, mis instintos de mujer me habían traicionado.”

“Realmente estaba sorprendida por la manera de actuar de Jonathan, al menos había insistido en verme y disculparse por algo tal vez insignificante ahora que lo pensaba. Su caballerosidad me sorprendió realmente, prácticamente no me había tocado y aún así aquí estaba, literalmente de rodillas pidiéndome perdón, al menos buscó la manera de arreglar las cosas. Estaba admirándolo, era un digno caballero inglés algo que no puedo pensar del príncipe y que no pudo ser. No pudo darme de una vez la cara y disculparse, pero no podía esperar eso de él, su orgullo no se lo permitiría o tal vez su cobardía.”

“Hay momentos en que le mayor anhelo de un hombre es tener alguien a quien amar, algún punto central en que poder concentrar las emociones difusas. Y también hay momentos en que es preciso descargar en odio los disgustos, los desengaños y temores, bullentes e inquietos como espermatozoides. El desgraciado capitán no tenía a quien odiar, y en los últimos mese se había sentido muy triste.”

“Así están las cosas, habrá que hacerles frente: si no acepto definirme como transexual, como «disfórico de género», entonces deberé admitir que estoy enganchado a la testosterona. Cuando un cuerpo abandona las prácticas que la sociedad en la que vive le autoriza como masculino o femenino, se desliza progresivamente hacia la patología. Esas son las opciones biopolíticas que se me ofrecen: o me declaro transexual, o me declaro drogadicta y psicótica. En el estado actual de cosas parece más prudente declararse transexual y dejar que la medicina crea que puede proponerme una cura satisfactoria a mí «trastorno de identidad de género». En ese caso deberé aceptar que he nacido en un cuerpo con el que no me identifico, declarar aborrecer mi bio-cuerpo, mi sexo, mi forma de acceder al orgasmo. Va a ser necesario reescribir mi historia, modificar cualquier elemento que pertenezca a una narración femenina. Tendría que desplegar una buena serie de mentiras bien calculadas: no me gustan las Barbies, nunca he jugado con muñecas, aborrezco mis pechos y mi vagina, siento horror frente a la penetración vaginal, mi único modo posible de tener un orgasmo es con un dildo. De lo que se trata en definitiva es de declararme enfermo mental, confirmando así los criterios fijados por la DMS-IV, el Manual de Diagnóstico de Enfermedades Mentales de la Organización Mundial de la Salud, en el que la transexualidad aparece como enfermedad mental junto con el exhibicionismo, el fetichismo, el frotteurismo, el masoquismo, el sadismo, el travestismo y el voyerismo. Si no acepto esta clasificación médica, entonces entro clara y definitivamente en el territorio irrecuperable de la psicosis. O más bien habría que decir que debo elegir entre dos psicosis: en una (transexualidad) la testosterona aparece como fármaco; en la otra (adicción), la testosterona resulta ser la sustancia cuya dependencia debe ser curada por otros medios. He caído en una trampa política) el problema es que esa trampa tiene la forma de mi subjetividad, es mi propio cuerpo. Pero ¿cómo hemos podido dejarle al Estado la gestión del deseo, de la fantasía sexual, del sentido de habitar o no el cuerpo propio? ¿O habrá que decir el cuerpo del Estado? Si me autoadministro ciertas dosis de testosterona, corriendo el riesgo de desarrollar vello facial, de ver mi voz volverse cada vez más ronca, o de aumentar la talla de mi clítoris sin pensar en vivir 'social y políticamente identificándome como hombre, necesariamente estoy loca.”

“Fue la primera vez que vi con total claridad esa humillación específica, la de negar el nombre, la de exponer la desnudez de otra persona para burlarse, la de aplastar cualquier conquista o historia personal, por dolorosa que haya sido, solo por el placer de ejercer poder, y en ese momento se conformó un «nosotras» tan poderoso que parecía haber estado ahí siempre. Todos mis fantasmas, todos mis miedos posaros sus manos frías en mi espalda, en mi cuello, en mis tripas, en mi entrepierna, en mis ojos, y apretaron al mismo tiempo.”