“«(..) La más sencilla colegiala, cuando se enamora, puede recurrir a Shakespeare o a Keats para que se explique por ella; pero pídanle a un enfermo que intente describirle a su médico qué siente cuando le duele la cabeza y verán cómo la lengua se agota de inmediato.» Y somos criaturas que nos basamos tanto en el lenguaje que hasta cierto punto no podemos saber lo que no podemos nombrar. Y por eso damos por sentado que no es real.”