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Quote by Delphine de Vigan

“Tras sus miradas borrosas, sus gestos inseguros, sus cuerpos encorvados o doblados por la mitad, busco al muchacho o a la muchacha que fueron como quien pretende descubrir el esbozo original de un dibujo repasado torpemente con rotulador. Los observo y me digo: ella también, él también amó, gritó, gozó, nadó, corrió hasta perder el aliento, subió las escaleras de cuatro en cuatro, bailó toda la noche.”

Quote by Delphine de Vigan

Work

Les Gratitudes

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Author

Delphine de Vigan
Delphine de Vigan

Delphine de Vigan is a French novelist born on March 1, 1966. Known for her in-depth exploration of personal privacy and moral dilemmas, her works include 'Blue' and 'A Secret Life'. more

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“Cuando se la apretó aquel día, el día en que lo conoció, sintió… ¿qué? Algo sin igual, algo desconocido hasta entonces. Algo que no se esperaba en la mano de un joven de la villa, un bachiller con estudios y botas limpias. Algo de gran alcance: de eso estaba segura; con muchas capas y estratos, como un paisaje. Vio espacios y vacíos, partes densas, cuevas subterráneas, elevaciones y depresiones. No le dio tiempo a entender la totalidad de aquello: era demasiado grande y complejo. Escapaba a su comprensión casi por completo. Sabía que había más de lo que podía asimilar, que era más grande que los dos juntos.”

“Abrí la ventana y oí a las cigarras cantar. No sé si era porque estaba en el campo y había muchos árboles o por la influencia del clima de ese año, pero nunca las había oído con tanta intensidad. Era como si me hubiese tragado una y estuviese estridulando desde el interior de mi cuerpo. A la estridencia del sonido me acostumbraba enseguida, pero en cuanto advertía un cambio de ritmo y volvía mi atención sobre ellas sentía que su canto se adhería a mi piel y me asfixiaba.”

“…quizás la estatua que más me gusta, se encuentra en una puerta entre la quinta y la cuarta sala del noroeste. Es la Estatua de un Fauno, una criatura mitad hombre y mitad cabra, con una cabeza de exuberantes rizos. Sonríe ligeramente y se lleva el dedo índice a los labios. Siempre he tenido la impresión de que quería decirme algo o tal vez advertirme de algo: ¡Silencio! parece decir. ¡Ten cuidado!”

“Y esperar a que el hambre la desesperara, y hablarle desde el otro lado de la puerta, hablarle de que nadie vendría a buscarla, porque a nadie le interesaba. A lo mejor incluso entrar otra vez, varias veces si hacía falta, y mostrarle cada vez algo más de su verdadera forma. Y de su verdadero olor. Y, por su supuesto, de su verdadero tacto. Ah, ella sabía que nada aterraba tanto como su tacto.”

“No era sólo a tus padres a los que querías escribir, también a tus amigos, a tus primos y tíos. Pero no podías permitirte comprar suficientes perfumes, bolsos y zapatos para todos, y pagar el alquiler con lo que ganabas de camarera, de modo que no escribías a nadie. Por la noche algo se enroscaba alrededor de tu cuello. Algo que casi te asfixiaba antes de que te quedaras dormida.”

“Si mi madre no era capaz de identificar en otra mujer reacciones a un marido o un amante que duplicasen las suyas, no lo consideraba amor. Y el amor, decía, lo era todo. La vida de una mujer estaba determinada por el amor. Cualquier indicio que probase lo contrario —y las pruebas, de hecho, abundaban— era descartado e ignorado por sistema, tachado de su discurso y vetado por su intelecto.”