Quotessence
Home / Quotes / Quote by Maria Teresa Horta

Quote by Maria Teresa Horta

“Instintivamente acaricia o velo de cedro penumbroso, bosque arruivado a ensombrar-lhe o cimo das coxas; curva-se de novo e, admirada, vai tão longe quanto pode na abordagem tímida dos lábios de anil da molhada boca do seu ventre. A separá-los: penetrando, afagando-os, a sentir os dedos numa humidade lenta, um orvalho dolente, uma resina turva. Ali, onde há sucos e gosto sem ferida. Ali, onde há fenda, há céu, há mar. Mato de se perder na busca da vertigem no assombro da ousadia do acto; gosto e travo a rosa insatisfeita, odor de chuva, de cardo, de almíscar. Perfume de nardo a desatar-lhe os nervos, enquanto persegue o improvável mapa do delírio: mais acima a mina, e logo abaixo o poço. Modorra de papoila a florescer no alto, a entumescer ao tacto. Prazer diverso e gozo que a muda, e ela transgride, voa, cresce. E tanto no clítoris como na vulva, o bordado a cheio vai-se enredando, matizando, demorando nas caprochosas cores, nos desenhos, nas misteriosas linhas de agulha onde se enleia. Veia que o fogo entorna, toma e incendeia. Na procura do êxtase. E Leonor ondeia. Rola enovelada em cima do leito onde se distende, roda e cede a galgar o parapeito de si própria, deixando a razão apagada à cabeceira. Rodopia. Resvala. Mãos descendo e subindo, indo e vindo, na descoberta dos desvãos, do topo, dos secretos recantos de segredo, em todos os lugares e tempos que o orgasmo guarda. Entorna. Derrama. Grita e explode. Gemendo sob o pulso que lhe amordaça a fala pelo próprio avesso. Assim leve, assim solta, assim livre. Leonor corre, voa, nada, desvenda. E finalmente foge. Consigo mesma.”

Quote by Maria Teresa Horta

Work

As Luzes de Leonor

Browse quotes and source details for this work. more

Author

Maria Teresa Horta

Maria Teresa Horta, born on May 20, 1937, is a renowned Portuguese poet. Her poetry is known for its profound emotions and unique style, which has won her a wide audience. more

You May Also Like

“—Yo me reí con él, al principio, pero acabé pensando igual que tu madre, presentí que eras una pequeña viciosa, una perdida potencial. La imagen se me quedó grabada en la cabeza, tú, desnuda, oliendo el camisón y repitiendo en voz baja, me ha cambiado el olor, aquella noche me masturbé con eso, fui construyendo una fantasía sólida, enloquecida, alrededor de esa imagen, una noche detrás de otra, me quedaba colgado de aquella imagen, tú escondiéndote por los rincones, despistando a todos tus hermanos y hermanas, para desnudarte y olerte, barriendo con la nariz la cama de tus padres para tocarte después, eras encantadora, claro que te imaginaba más mayor, cuando salí y te volví a ver, me asombré de que fueras todavía tan pequeña, pero ya había decidido que merecía la pena esperar, para intervenir en tu perdición, y esperé... Los ojos se me habían llenado de lágrimas. Como no quería que me viera, me di media vuelta, me arrebujé debajo de las sábanas y procuré no hacer ningún ruido. Fue inútil. Él se dio cuenta de todo, se acercó a mí, me abrazó, me besó en la frente y apagó la luz, para que pudiera llorar a gusto.”

“Al notar esa pose Rick volvió a sus fantasías, la miraba con lujuria, recorrió cada centímetro de sus piernas, Minerva las había cruzado pero inconscientemente levantó una y esa curva de su pantorrilla era el rumbo que él deseaba seguir, se imaginó lo que le esperaba en medio de ellas e inconscientemente se saboreó, deseaba acercarse, tener a Minerva así y observarla por largo rato, deseaba colocarse encima de ella, que sus piernas lo rodearan, deseaba besar sus labios “ambos labios” enfatizó “los del norte y los del sur” ya no podía controlar sus pensamientos, deseaba a esa mujer con todas sus fuerzas.”

“—Sí señor Brighton —contestó seriamente. —Veo que no vas a dejar de decirme “señor” —Rick exhaló decepcionado. —Lo siento, es mejor mantener una distancia. —¿De verdad? ¿Te parezco viejo? ¿Por qué la distancia? ¿A qué le temes? —Muchas preguntas señor Brighton —se acostó de nuevo—. Dejémoslo así. —Veo que te gusta ser dominante Minerva, cuidado, no es necesario esa actitud, no te equivoques conmigo. —Así soy y eso espero, espero no equivocarme con usted. —¿Una advertencia? —Rick sonrió. —Tómelo como quiera —Minerva entrelazaba sus dedos en su cabello.”

“Minerva sujetó su margarita y bebió un sorbo, intentó no ser tan obvia al momento de tragarla. —No voy a dar detalles de cómo la pareja hace el amor. —¿Porqué? —Porque no. —¿Y porque no? —Ya basta señor Brighton, no me haga dejar la velada a medias. —Y si tú vuelves a humillarme y salir corriendo creo que no la cuentas.”

“—No sé que me hiciste desde que te vi —susurró con voz ronca—. Pero me siento un completo estúpido, siente cómo me tienes—. En un impulso de su cadera la levantó como si la estuviera penetrando, Minerva entendió perfectamente y sus sentidos comenzaban a sucumbir—. No sé qué me pasa Minerva y mucho menos entiendo lo que siento, me importa un carajo que tengas novio, sé que eres apasionada y necesitas liberarte, quiero que escribas con pasión, que sientas cada palabra hasta los tuétanos, quiero acompañarte en tu sueño de publicar, quiero ser parte de ese sueño, de tu sueño.”

“—No me dejes con la palabra en la boca. —Rick la seguía molesto—. Te dije que no hice un viaje tan largo sólo para que una caprichosa, malcriada y orgullosa me bañara la cara de Cosmopolitan. —Se lo merecía. —Minerva entró a su oficina. —Minerva eres... —Rick se contuvo, deseaba sujetarla con fuerza, incrustarla en la pared y hacerle ver lo que era un hombre que le bajara su orgullo, deseaba domarla como si se tratara de un animal salvaje, deseaba demostrarle quien era superior, deseaba tenerla entre la pared y su cuerpo, deseaba someterla, deseaba besarla y devorarla, disfrutar su sabor, sentir su ardiente aliento y las llamas de la pasión envolviéndolos, deseaba tenerla, por capricho, por obsesión, por lo que fuera que lo estuviera comenzando a consumir...”