Quotessence
Home / Quotes / Quote by Miriam Beizana Vigo

Quote by Miriam Beizana Vigo

“Yo no miraba a la gata. Leía de nuevo mis letras empapando el papel. —Carmen Laforet era infeliz. Y Elena Fortún era invisible. Como yo. Invisible. «Pero ellas eran amigas. Y tú no tienes amigas», dijo Letra.”

Quote by Miriam Beizana Vigo

Work

La herida de la literatura

Browse quotes and source details for this work. more

Author

Miriam Beizana Vigo

Browse famous quotes and profile details for Miriam Beizana Vigo. more

You May Also Like

“Al mate le debo mi obra. Si Susuki y Okakura Kazuzo hablan del té como una de las estéticas del zen, no veo porqué sería inoportuno escribir un tratado: El mate como disciplina zen del sudamericano. Pero no como una ironía o como un chiste, sino como algo dicho absolutamente en serio. A cuántos habrá salvado el mate en las épocas del hambre infinita. Es cosa de ver cómo ayuda a resistir, a conservar el equilibrio, la esperanza y a que no se pierda el centro. Sirve al solitario, pero también al ideal que es compartir. No hay cosa más linda que tomar mate con la mujer de uno. Maldito sea el que está compartiendo y no comprende. En su defecto que sea con un amigo. El mate es más compañero que el vino, y digo mucho. El vino traiciona como algunos hombres traicionan a sus mujeres. Como algunas mujeres traicionan a los hombres que viven con ellas. Pero el mate brinda y rodea de escudos. Más de uno no se mató porque todavía no se le había terminado la yerba. La bombilla de plata equivale a la flecha puesta en el arco zen. ‘Un mate, una vida'.”

“No entendía por qué, pero sentía que algo lo llamaba al final de esa calle. Iluminada por la luna, tomaba un aspecto similar al de un río de leche que ejercía sobre él un magnetismo que jamás había sentido. Tal vez la imagen con ciertas similitudes a su Lihuel Calel natal, pensaba, pero inmediatamente esa impresión cambiaba para hacerle suponer que ese camino era mucho más que una calle de tierra: sentía que era el camino que debía recorrer para llenar, tapar, los baches de su existencia.”

“Chaparro se prometera que aquela mulher não iria enlouquecê-lo de novo, porque ele estava bem assim, e porque não precisava de uma nova e brutal desilusão, de uma nova insônia, de um novo vazio no estomâgo. Foi por isso que lhe disse “como vai, doutora?, quanto tempo”, embora notasse que ela ficava meio sem graça, porque vinha adiantando a face para dar um beijo nele e se atrapalhava como se atrapalha alguém que vem nos tratar por você e topa com uma parede de quatro metros, sem fissuras, à qual convém responder “bem, e o senhor?, é verdade, quanto tempo”. E por isso, porque a situação o aborreceu, angustiou ou entristeceu — ou lhe produziu todos esses sentimentos —, Chaparro balbuciou a desculpa de que havia deixado um monte de trabalho inacabado sobre sua escrivaninha e saiu disparado. Retirou-se em velocidade suficiente para escapar ao perfume que ela sempre usara, mas não para ficar a salvo de escutar as corriqueiras respostas às corriqueiras perguntas de como vai sua família, Irene, bem, graças a Deus as meninas bem, seu marido, meu marido bem, trabalhando muito e de saúde muito bem; raios partam também a ele, o desgraçado filho de mil putas, com perdão da palavra porque o estúpido não tem culpa de ter se casado com ela mas dá no mesmo, com que direito ela fez isso a ele, que estava tão bem sozinho ou efemeramente acompanhado.”