Quotessence
Home / Quotes / Quote by Ricardo Cayuela Gally

Quote by Ricardo Cayuela Gally

“Amanece en México. Millones de ciudadanos se preparan para otra ardua jornada laboral. Un controlados aéreo de la torre del Aeropuerto Internacional Benito Juárez de la Ciudad de México entrega su turno después de una noche más de eficaz trabajo cumplido. Un agricultor del valle de Culiacán, granero de México, prepara su sistema de riego con tecnología de punta. Una ingeniera atómica controla impolutamente los desechos de uranio altamente enriquecidos de la central nuclear de Laguna Verde. Un empresario de Monterrey termina una conference call con sus socios del Lejano Oriente. En un hotel del Caribe, la recepcionista despierta puntualmente a los turistas de las habitaciones que así se lo han pedido. Los hospitales trabajan. Las escuelas inician labores. La basura se recoge. El agua corre por las cañerías. La luz se enciende. Los teatros dan la tercera llamada. En el campo, millones de manos ya están sobre el surco y los empleados de la periferia de las grandes ciudades se desplazan hacia sus centros de trabajo. Una monumental energía humana echa a andar un día más la undécima potencia económica del planeta.”

Quote by Ricardo Cayuela Gally

Author

Ricardo Cayuela Gally

Browse famous quotes and profile details for Ricardo Cayuela Gally. more

You May Also Like

“Me mantuve diciéndole a ella “siempre” hoy, “siempre, siempre, siempre”, y ella sólo seguía discutiendo conmigo y no diciéndolo en respuesta. Era como si ya me hubiese ido, ¿sabes? ¡“Siempre” era una promesa! ¿Cómo puedes sólo romper una promesa? A veces la gente no entiende las promesas que están haciendo cuando las están haciendo dije. Isaac me lanzó una mirada. Bien, por supuesto. Pero mantienes la promesa de todas formas. Eso es lo que es el amor. Amor es mantener una promesa de todo modos. ¿No crees en el amor verdadero?”

“Una científica compañera mía me contaba un reciente viaje que realizó a la meseta de Nueva Guinea, donde visitó una tribu todavía en la edad de piedra que apenas había tenido contactos con la civilización. Ignoraban lo que son los relojes de pulsera, las bebidas refrescantes y los alimentos congelados. Pero conocían el Apolo 11. Sabían que los humanos han pisado la Luna.”

“Total: creo que tengo que hacerme más evidente, así los demás me verán mejor. Estoy cansado de ser anónimo. Beatrice no necesita nada de eso, tiene el pelo rojo y los ojos verdes. Con eso le sobra y basta para contar cuánto sabe amar y lo pura que es: roja como la estrella más luminosa, inmaculada como la arena más hawaiana que pueda haber.”

“Paro porque mi voz se quiebra, porque en un instante la imagen de Beatrice que ya no puede más barre todas aquellas palabras, de Beatrice que en silencio cierra los ojos porque ya no puede más. Y no los vuelve a abrir. Y entonces todo el mundo que me rodea se oscurece. La luz se apaga. La bombilla se funde. Si los ojos de Beatrice no miran a las cosas, las cosas están apagadas. Siempre le he tenido miedo a la oscuridad, y lo sigo teniendo, pero no se lo digo a nadie, porque me da vergüenza. Silvia me mira sin decir nada. Acerca el índice a mi ojo y recoge la lágrima que estaba tratando de contener. —Silvia, sigo teniéndole miedo a la oscuridad.”

“Y ahora todos los trozos de mi alma se están hundiendo en la corriente y cada uno se marcha por su lado y nadie podrá ya recogerlos: nadie. Me hundo en cada uno de aquellos trozos de papel. Me hundo un millón de veces. Ahora ya no existe mi alma, se la ha llevado la corriente. Quiero estar solo. En silencio. Con el móvil apagado. Quiero que el mundo entero sufra porque desconoce mi paradero. Quiero que el mundo entero se sienta solo y abandonado como yo ahora. Sin Beatrice, que se está muriendo, sin pelo. Sin Beatrice, que no aguanta más. Y yo no he podido ni siquiera reconocer la otra mitad de mi sueño. He huido de la chica a la que quería proteger toda mi vida. Soy un cobarde. No existo.”