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Quote by José María Faraldo

“La persecución, la tortura y la delación se justifican porque el poder busca el bien y la virtud de los ciudadanos, de la generalidad.”

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José María Faraldo

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“Lo cierto es que este tipo de dictaduras, siendo esencialmente antidemocráticas, tienen que acudir a formas seudodemocráticas para legitimar para legitimarse, pero también, y eso es lo importante, por su convicción real de representar al pueblo, al pueblo verdadero, legítimo, que es definido por el poder a través de criterios raciales, políticos o culturales.”

“El hombre mira el mundo de frente, como si estuviera hecho para su conveniencia y aderezado a su gusto. La mujer le lanza una mirada de soslayo, llena de sutileza, de suspicacia incluso. Si los dos hubieran vestido la misma ropa, es posible que su manera de pensar hubiera sido también la misma. Tal es el parecer de algunos filósofos que no dejan de ser sabios, pero en conjunto nosotros nos inclinamos por otro. Felizmente, la diferencia entre los sexos es una diferencia de gran hondura. La ropa no es sino un símbolo de algo escondido muy adentro”

“Vaya aquí la consabida advertencia sobre los derechos de reproducción y demás zarandajas, cosa que, para el siglo veinticinco, de poco nos va a servir; quizá, sin embargo, en el año 2099, fecha en la que suceden los hechos que aquí se narran, sigamos todos vivos para comprobar que nadie ha hecho ni una triste fotocopia ilegítima y que los formatos de lectura digital no han cambiado nada... Se nos ve preocupados por el pirateo, ¿verdad?”

“El desempleo, para el que no había seguro, era el mal más temido. Ello explicaba que esos obreros, tanto en casa de Pierre como en la de Jacques, que en la vida cotidiana eran siempre los más tolerantes de los hombres, fuesen siempre xenófobos en cuestiones de trabajo, acusando sucesivamente a los italianos, los españoles, los judíos, los árabes y, finalmente a la tierra entera, de robarles su empleo —actitud sin duda desconcertante para los intelectuales que escriben sobre la teoría del proletariado, y sin embargo muy humana y muy excusable—. Lo que esos nacionalistas inesperados disputaban a las otras nacionalidades no eran el dominio del mundo o los privilegios del dinero y del ocio, sino el privilegio de la servidumbre. El trabajo en aquel barrio no era una virtud, sino una necesidad que, para asegurar la vida, conducía a la muerte.”