Quotessence
Home / Quotes / Quote by Octavio Paz

Quote by Octavio Paz

“La sexualidad es animal; el erotismo es humano.... Y que consiste, esencialmente, en desviar o cambiar el impulso sexual reproductor y transformarlo en una representación. El amor... es una ceremonia y representación... una purificación..que transforma al sujeto y al objeto del encuentro erótico en personas únicas. El amor es la metáfora final de la sexualidad.”

Quote by Octavio Paz

Work

The Double Flame: Love and Eroticism

This book delves into the intricate relationship between love and sexual desire, examining the emotional and physical aspects of human intimacy. more

Author

Octavio Paz
Octavio Paz

Octavio Paz (March 31, 1914 - April 19, 1998) was a renowned Mexican poet, essayist, and diplomat. He is considered one of the greatest Spanish-language poets of the 20th century, known for his unique poetic style and profound intellectual depth. more

You May Also Like

“No sabía lo que le pasaba, Minerva lo dominaba y atraía como imán, lo supo desde que la recepcionista la señaló y él la miró. A pesar de su furia cuando llegó a su habitación la noche anterior, deseaba tenerla, por coraje, por orgullo, por premio y por placer, la deseaba tanto que tiró todo a su paso, a ella misma deseaba tirar sobre la cama, arrancarle la ropa, besarla hasta hacerla perder el conocimiento evitando que respirara, deseaba tenerla desnuda y hacer con ella lo que diera la gana, deseaba someterla a él y hacerle sentir lo que era un verdadero hombre, deseaba hacerla suya y marcarle un sello en su piel, su miembro le dolía pero más por la excitación, imaginar todo lo que quería hacer con ella hizo que se metiera al baño para bajarse el coraje y el ardor del fuego en la ducha, pero antes tenía una cita con su amigo que exigía liberarse, se maldijo porque había pasado mucho tiempo desde la última vez que lo había hecho y se odió porque en tiempo record, Minerva había logrado que gimiera en gruñidos su nombre al llegar a su orgasmo.”

“Instintivamente acaricia o velo de cedro penumbroso, bosque arruivado a ensombrar-lhe o cimo das coxas; curva-se de novo e, admirada, vai tão longe quanto pode na abordagem tímida dos lábios de anil da molhada boca do seu ventre. A separá-los: penetrando, afagando-os, a sentir os dedos numa humidade lenta, um orvalho dolente, uma resina turva. Ali, onde há sucos e gosto sem ferida. Ali, onde há fenda, há céu, há mar. Mato de se perder na busca da vertigem no assombro da ousadia do acto; gosto e travo a rosa insatisfeita, odor de chuva, de cardo, de almíscar. Perfume de nardo a desatar-lhe os nervos, enquanto persegue o improvável mapa do delírio: mais acima a mina, e logo abaixo o poço. Modorra de papoila a florescer no alto, a entumescer ao tacto. Prazer diverso e gozo que a muda, e ela transgride, voa, cresce. E tanto no clítoris como na vulva, o bordado a cheio vai-se enredando, matizando, demorando nas caprochosas cores, nos desenhos, nas misteriosas linhas de agulha onde se enleia. Veia que o fogo entorna, toma e incendeia. Na procura do êxtase. E Leonor ondeia. Rola enovelada em cima do leito onde se distende, roda e cede a galgar o parapeito de si própria, deixando a razão apagada à cabeceira. Rodopia. Resvala. Mãos descendo e subindo, indo e vindo, na descoberta dos desvãos, do topo, dos secretos recantos de segredo, em todos os lugares e tempos que o orgasmo guarda. Entorna. Derrama. Grita e explode. Gemendo sob o pulso que lhe amordaça a fala pelo próprio avesso. Assim leve, assim solta, assim livre. Leonor corre, voa, nada, desvenda. E finalmente foge. Consigo mesma.”

“—Yo me reí con él, al principio, pero acabé pensando igual que tu madre, presentí que eras una pequeña viciosa, una perdida potencial. La imagen se me quedó grabada en la cabeza, tú, desnuda, oliendo el camisón y repitiendo en voz baja, me ha cambiado el olor, aquella noche me masturbé con eso, fui construyendo una fantasía sólida, enloquecida, alrededor de esa imagen, una noche detrás de otra, me quedaba colgado de aquella imagen, tú escondiéndote por los rincones, despistando a todos tus hermanos y hermanas, para desnudarte y olerte, barriendo con la nariz la cama de tus padres para tocarte después, eras encantadora, claro que te imaginaba más mayor, cuando salí y te volví a ver, me asombré de que fueras todavía tan pequeña, pero ya había decidido que merecía la pena esperar, para intervenir en tu perdición, y esperé... Los ojos se me habían llenado de lágrimas. Como no quería que me viera, me di media vuelta, me arrebujé debajo de las sábanas y procuré no hacer ningún ruido. Fue inútil. Él se dio cuenta de todo, se acercó a mí, me abrazó, me besó en la frente y apagó la luz, para que pudiera llorar a gusto.”

“Al notar esa pose Rick volvió a sus fantasías, la miraba con lujuria, recorrió cada centímetro de sus piernas, Minerva las había cruzado pero inconscientemente levantó una y esa curva de su pantorrilla era el rumbo que él deseaba seguir, se imaginó lo que le esperaba en medio de ellas e inconscientemente se saboreó, deseaba acercarse, tener a Minerva así y observarla por largo rato, deseaba colocarse encima de ella, que sus piernas lo rodearan, deseaba besar sus labios “ambos labios” enfatizó “los del norte y los del sur” ya no podía controlar sus pensamientos, deseaba a esa mujer con todas sus fuerzas.”

“—Sí señor Brighton —contestó seriamente. —Veo que no vas a dejar de decirme “señor” —Rick exhaló decepcionado. —Lo siento, es mejor mantener una distancia. —¿De verdad? ¿Te parezco viejo? ¿Por qué la distancia? ¿A qué le temes? —Muchas preguntas señor Brighton —se acostó de nuevo—. Dejémoslo así. —Veo que te gusta ser dominante Minerva, cuidado, no es necesario esa actitud, no te equivoques conmigo. —Así soy y eso espero, espero no equivocarme con usted. —¿Una advertencia? —Rick sonrió. —Tómelo como quiera —Minerva entrelazaba sus dedos en su cabello.”

“Minerva sujetó su margarita y bebió un sorbo, intentó no ser tan obvia al momento de tragarla. —No voy a dar detalles de cómo la pareja hace el amor. —¿Porqué? —Porque no. —¿Y porque no? —Ya basta señor Brighton, no me haga dejar la velada a medias. —Y si tú vuelves a humillarme y salir corriendo creo que no la cuentas.”