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Quote by Malewitsch

“El conocimiento, igual que el ser, no es más que un nombre, y los hombres estiman que este nombre es una realidad de la vida, una realidad que, en el fondo, no es más que una convención, suposición, opinión. La tela del pintor puede compararse a la vida de quienes así piensan, ya que el pintor intenta representar algo que, en realidad, no existe. Para crear un mundo real, los hombres han dado nombre a lo desconocido. De este modo, lo desconocido se ha convertido en realidad para ellos... Sin embargo, ¿podemos decir que un nombre sea verdaderamente realidad? Creo que no. El conocimiento jamás conocerá lo que cree poseer, de la misma forma que el hombre que tiene un nombre jamás sabrá si su nombre corresponde verdaderamente a su ser. Toda la existencia humana está basada en definiciones convencionales.”

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Malewitsch

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“Es el primer requerimiento beneficioso para recomenzar, o para comenzar bien: obedecer a las cosas tal como son. Estoy donde estoy. He hecho lo que he hecho. Me ha pasado lo que me ha pasado. Se recomienza desde donde estamos. Y de paso identifico a uno de mis enemigos más peligrosos: mis pretensiones. Mis expectativas.”

“No tengo luz sobre el pasado y tengo terror del futuro, pero tengo un presente. Y mi presente es esto: lavar un plato para un hermano mío. Lo puedo hacer bien. Es todo lo que tengo. Algo se quebró dentro de mí. Lavé ese plato con cuidado. Luego otro más. Había entrado en la realidad. Había descubierto mi capacidad. Comencé a experimentar una nueva paz, a entrar en las cosas. Era tan pobre que no tenía otra cosa que cada instante.”

“La nueva proximidad del reino de la que habla Jesús, y cuya proclamación es lo distintivo de su mensaje, esa proximidad del todo nueva reside en Él mismo. A través de su presencia y su actividad, Dios entra en la historia aquí y ahora de un modo totalmente nuevo, como Aquel que obra. Por eso ahora «se ha cumplido el plazo» (Mc 1, 15); por eso ahora es, de modo singular, el tiempo de la conversión y el arrepentimiento, pero también el tiempo del júbilo, pues en Jesús Dios viene a nuestro encuentro. En Él ahora es Dios quien actúa y reina, reina al modo divino, es decir, sin poder terrenal, a través del amor que llega «hasta el extremo» (Jn 13, 1), hasta la cruz. A partir de este punto central se engarzan los diversos aspectos, aparentemente contradictorios. A partir de aquí entendemos las afirmaciones sobre la humildad y sobre el reino que está oculto; de ahí la imagen de fondo de la semilla, de la que nos volveremos a ocupar; de ahí también la invitación al valor del seguimiento, que abandona todo lo demás. Él mismo es el tesoro, y la comunión con Él, la perla preciosa.”

“Cada educador, cada maestro que quiere transmitir nuevos conocimientos a sus oyentes, recurrirá alguna vez al ejemplo, a la parábola. Mediante el ejemplo, acerca al pensamiento de aquellos a los que se dirige una realidad que hasta entonces estaba fuera de su alcance. Mostrará cómo, en una realidad que forma parte de su ámbito de experiencias, hay algo que antes no habían percibido. Mediante la comparación, acerca lo que se encuentra lejos, de forma que a través del puente de la parábola lleguen a lo que hasta entonces les era desconocido. Se trata de un movimiento doble: por un lado, la parábola acerca lo que está lejos a los que la escuchan y meditan sobre ella; por otro, pone en camino al oyente mismo.”