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Quote by Laura Tárraga

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El imperio del sueño

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Author

Laura Tárraga

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“Por esta floristería pasan hombres y mujeres que necesitan comunicar una emoción o enviar un mensaje para el que no encuentran las palabras: respeto, agradecimiento, admiración, desamor, pérdida, amor, celebración... Unos compran flores para un nacimiento y otros por una muerte. Unos las encargan para restar sobriedad a sus despachos, otros para dar vida a sus casas. Algunos las prefieren vivas, aún prendidas de la tierra, otros muertas o disecadas. En unos casos las prefieren a punto de abrirse para que duren más, a otros en cambio les gustan perecederas como las margaritas que empiezan a deshojarse. De una en una o de cien en cien... a veces las enviamos al camerino del teatro español, otras forman coronas en la iglesia de San Sebastián, las compras madres a sus madres, infieles a sus mujeres, amantes a sus amantes, el Palace para su retretes, las ancianas para sus balcones... Yo tengo la teoría de que a cada persona le corresponde una flor. Y a cada etapa de su vida, también. Hay mujeres que compran flores y otras que no. Eso es todo”

“Los patriarcas nos defraudan. No ven y no escuchan. Suelen permanecer ciegos y hacer oídos sordos a las mujeres, se pavonean, alardean y actúan como si no estuviéramos allí. Y no siempre son hombres. A veces son mujeres, también ciegas que se odian a sí mismas. Están atrapadas en los hábitos perceptivos de los siglos, en las expectativas que han llegado a gobernar su mente.”

“¿Sabe por qué los odio tanto a ustedes, o sea, a todos los hombres del mundo? Por todo lo que exigen a los demás como si ése fuera su derecho natural. No me malinterprete, estas exigencias no se expresan necesariamente de una forma explícita, con palabras. A veces es la forma en que los hombres tratan a las mujeres, su mirada, su sonrisa, sus gestos... Hay que estar ciega para no darse cuenta de lo mucho que confían en sí mismos. Para comprender su arrogancia, basta con ver el desconcierto que les provoca que una mujer se niegue a alguno de sus requerimientos. Nunca dejan de pensar en sí mismos como en cazadores y en nosotras como pobres presas. Nuestra obligación es ser siempre sumisas, obedecer y dar lo que se nos pide. Nosotras no pedimos ni podemos entregar nada por el simple hecho de que nos apetezca. Me repugna ese orgullo masculino estúpido y soberbio.”

“El Dios de la Biblia hebrea, siempre misericordioso, dijo a la primera mujer: -Tantas haré tus fatigas cuantos sean tus embarazos: con dolor parirás los hijos-. Hasta hace poco tiempo, en torno a 1% de las madres morían en el parto; para una mujer estadounidense, estar embarazada hace un siglo era casi tan peligroso como tener cáncer de mama en la actualidad.”