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Quote by Sabahattin Ali

“¿Sabe por qué los odio tanto a ustedes, o sea, a todos los hombres del mundo? Por todo lo que exigen a los demás como si ése fuera su derecho natural. No me malinterprete, estas exigencias no se expresan necesariamente de una forma explícita, con palabras. A veces es la forma en que los hombres tratan a las mujeres, su mirada, su sonrisa, sus gestos... Hay que estar ciega para no darse cuenta de lo mucho que confían en sí mismos. Para comprender su arrogancia, basta con ver el desconcierto que les provoca que una mujer se niegue a alguno de sus requerimientos. Nunca dejan de pensar en sí mismos como en cazadores y en nosotras como pobres presas. Nuestra obligación es ser siempre sumisas, obedecer y dar lo que se nos pide. Nosotras no pedimos ni podemos entregar nada por el simple hecho de que nos apetezca. Me repugna ese orgullo masculino estúpido y soberbio.”

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Sabahattin Ali

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“El Dios de la Biblia hebrea, siempre misericordioso, dijo a la primera mujer: -Tantas haré tus fatigas cuantos sean tus embarazos: con dolor parirás los hijos-. Hasta hace poco tiempo, en torno a 1% de las madres morían en el parto; para una mujer estadounidense, estar embarazada hace un siglo era casi tan peligroso como tener cáncer de mama en la actualidad.”

“Tú estabas enamorado, sin saberlo por supuesto, de la mujer, del abstracto, no de esta ni de aquella; al ver a Eugenia, ese abstracto se concretó y la mujer se hizo una mujer y te enamoraste de ella, y ahora vas de ella, sin dejarla, a casi todas las mujeres, y te enamoras de la colectividad, del género. Has pasado, pues, de lo abstracto a lo concreto y de lo concreto a lo genérico, de la mujer a una mujer y de una mujer a las mujeres. —¡Vaya una metafísica! —Y ¿qué es el amor sino metafísica? —¡Hombre! —Sobre todo en ti. Porque todo tu enamoramiento no es sino cerebral, o como suele decirse, de cabeza. —Eso lo creerás tú... —exclamó Augusto un poco picado y de mal humor, pues aquello de que su enamoramiento no era sino de cabeza le había llegado, doliéndole, al fondo del alma. —Y si me apuras mucho te digo que tú mismo no eres sino una pura idea, un ente de ficción...”