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Quote by Gabriel Garcí­a Márquez

Work

One Hundred Years of Solitude

Gabriel García Márquez's classic work weaves together magical realism and historical events, chronicling the rise and fall of the Buendía family and the development of the town of Macondo. more

Author

Gabriel Garcí­a Márquez

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“A good writer should be able to communicate to the reader, 'I know your life. I know what you have truly experienced. It’s not right or wrong. It’s survival. It’s making mistakes, and trying to redeem yourself. It’s imperfections, and trying to make yourself better. It’s outrages, and crimes, and insults, which often are not righted, which you have to fix yourself, in your own mind, in your own heart, so that you are not poisoned'.”

“Desalojar el escenario de mis crímenes, ahora convertido en polvorín de una guerra civil. El golpe de Estado, milagrosamente, aniquila el olor de la carne podrida. Entre esos cuerpos veo al oso polar, el héroe de mi infancia, disecado, inmaculadamente blanco, arrojado a este enjambre de carne y peligrosa fauna. - Vamos de aquí, Julio ¿o acaso te queda algo por mostrame? - No, Amanda. Ya nada de esto me pertenece...”

“¡Qué apuro tendría por venir a este pícaro mundo, nomás a asquearse de tanta iniquidad! ¡Tan bien que estaba en el vientre de su madre, guardadita y bien protegida, sin pasar necesidades, ni sentir esa ansiedad que de chica la hizo presa! Que el ansia de un padre. Que el ansia de una casa. Que el ansiar un hombre que no era para ella. Siempre se la pasó ansiando, mayormente imposibles y vaya a saber por qué varias veces estuvo cerca de conseguir lo que quería, para después perderlo todo.”

“En ella los impulsos se abatieron tan bruscamente como se habían precipitado. ¡A qué exaltarse inútilmente! Luis la quería con ternura y medida- si alguna vez llegara a odiarla, la odiaría con justicia y prudencia. Y eso era la vida. Se acercó a la ventana, apoyó la frente contra el vidrio glacial. Allí estaba el gomero recibiendo serenamente la lluvia que lo golpeaba, tranquilo y regular. El cuarto se inmoviliza en la penumbra, ordenado y silencioso. Todo parecía detenerse, eterno y muy noble. Eso era la vida. Y había cierta grandeza en aceptarla así, mediocre, como algo definitivo, irremediable. Mientras del fondo de las cosas parecía brotar y subir una melodía de palabras graves y lentas que ella se quedó escuchando: ¡Siempre! ¡Nunca!”

“Echada sobre el diván, ella esperaba pacientemente la hora de la cena, la llegada improbable de Luis. Había vuelto a hablarle, había vuelto a ser su mujer, sin entusiasmo y sin ira. Ya no lo quería. Pero ya no sufría. Por el contrario, se había apoderado de ella una inesperada sensación de plenitud, de placidez. Ya nadie ni nada podría herirla. Puede que la verdadera felicidad esté en la convicción de que se ha perdido irremediablemente la felicidad. Entonces empezamos a movernos por la vida sin esperanzas ni miedo, capaces de gozar por fin todos los pequeños goces, que son lo más perdurable.”