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Quote by Rosario Castellanos

“Nadie se acordó de desatar a las dos mulas que trotaban desesperadamente, y siempre en círculo, alrededor del trapiche. El aire sollamado les chicoteaba las ancas. Y aquel olor irrespirable de jugo de caña que se combustiona les hacía toser torpemente, ahogándolas. Una dobló las patas delanteras antes que la otra. Cayó, con los belfos crispados, y los enormes dientes desnudos. Y la otra siguió corriendo, arrastrando aquel peso muerto al que estaba uncida, todavía una vuelta más. La humareda se alzó ahora espesa del hedor de carne achicharrada. La llanura cedió con un leve crujido, con la docilidad, con la rapidez del papel. Lo rastrero del fuego devoró primero a la hierba. Luego se quebró el zacatón alto, porque su tallo carece de fuerza. Y por último los grandes árboles de los que salieron volando multitud de pájaros. Las ramas se descuajaron estrepitosamente llenando de chispas el aire de su caída. El incendio resollaba en esta gran extensión como una roja bestia de exterminio. El tropel de las reses se detenía ante las alambradas para embestirlas. Los postes, carcomidos ya por la catástrofe, oponían sólo una breve resistencia y después se desmoronaban esparciendo, hasta lejos, pequeños trozos de carbón. Pero algún ternero quiso escurrir su cuerpo entre una hilada de alambre y otra y se quedó allí, trabado entre las púas, arrancándose la piel en cada esfuerzo por libertarse, mugiendo, con los ojos desorbitados, hasta que un llamear súbito vino a poner fin a su agonía. Las vacas de vientres cargados, los bueyes con la lentitud de su condición, se desplazaban dejando en el barro chicloso la huella de su pezuña hendida. Y el fuego venía detrás, borrando aquella huella. Los otros, los que podían escapar con su ligereza, se despeñaron en los barrancos y allí se quedaron, con los huesos rotos, gimiendo, hasta que el fuego también bajó a la hondura y se posesionó de ella. Los que pudieron llegar a los aguajes se lanzaron al río y nadaron corriente abajo. Muchas reses se salvaron. Otras, cogidas en los remolinos, golpeadas contra las piedras, vencidas por la fatiga, fueron vistas pasar, por otros hombres, en otras playas, hinchadas de agua, rígidas, picoteadas al vuelo por los zopilotes. En la montaña resonaron aullidos. El batz balanceándose de una rama a otra. El tigre que hizo temblar a la oveja en su aprisco. Los pájaros que enloquecen de terror. Y las hormigas que se desparramaron sobre la tierra, con una fiebre inútil, con una diligencia sin concierto, con una desesperada agitación.”

Quote by Rosario Castellanos

Work

Balún Canán

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Author

Rosario Castellanos
Rosario Castellanos

Rosario Castellanos (May 25, 1925 – August 7, 1974) was a prominent Mexican poet, writer, and diplomat. She is celebrated for her profound exploration of female identity, social injustice, and indigenous cultures, making her a key figure in 20th-century Latin American literature. Born in Mexico City and raised in Chiapas, her works often reflect the complexities of Mexican society. She served as Mexico's ambassador to Israel until her death. Her notable works include the poetry collection 'The World's Destruction' and the novel 'Balún Canán,' which continue to be widely studied. more

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“Porque el hecho de que una pareja heterosexual contrate a una señora de la limpieza se considera una traición al feminismo es algo que no tiene ni pies ni cabeza, a no ser que estés convencido de que llevar una casa es de alguna manera: a) una obligación ineludible de las mujeres, que además b) se hace siempre únicamente por amor, nunca por dinero, porque eso "estropea" en cierto modo la magia del hogar. Como si los platos supieran que los ha lavado la persona contratada, en vez del ama de casa, y se sientan "tristísimos".”

“Ven, mi amor, en la tarde del Aniene y siéntate conmigo a ver viento. Aunque no estés, mi solo pensamiento es ver contigo el viento que va y viene. Tú no te vas, porque mi amor te tiene. Yo no me iré, pues junto a ti me siento más vida de tu sangre, más tu aliento, más luz del corazón que me sostiene Tú no te irás, mi amor, aunque lo quieras. Tú no te irás, mi amor, y si te fueras, Aun yéndote, mi amor, jamás te irías. Es tuya mi canción, en ella estoy. Y en ese viento que va y viene voy. Y en ese viento siempre, me verías.”

“No me dejes perder la maravilla de tus ojos de estatua, ni el acento que de noche me pone en la mejilla la solitaria rosa de tu aliento. Tengo miedo de ser en esta orilla tronco sin ramas, y lo que más siento es no tener la flor, pulpa o arcilla para el gusano de mi sufrimiento. Si tú eres el tesoro oculto mío, si eres mi cruz y mi dolor mojado, si soy el perro de tu señorío, no me dejes perder lo que he ganado y decora las aguas de tu río con hojas de mi otoño enajenado.”