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Quote by Adolf Hitler

“La masa del pueblo es incapaz de distinguir dónde acaba la injusticia de los demás y dónde comienza la suya propia. La gran mayoría del pueblo es, por naturaleza y criterio, de índole tan femenina, que su modo de pensar y obrar se subordina más a la sensibilidad anímica que a la reflexión. Esa sensibilidad no es complicada, por el contrario es muy simple y rotunda. Para ella no existen muchas diferenciaciones, sino un extremo positivo y otro negativo: amor u odio, justicia o injusticia, verdad o mentira, pero jamás estados intermedios.”

Quote by Adolf Hitler

Work

Mein Kampf

Written by Adolf Hitler, this book details his political beliefs and the ideology that led to the rise of the Nazi party. more

Author

Adolf Hitler
Adolf Hitler

Adolf Hitler, born on April 20, 1889, and died on April 30, 1945, was a significant political figure in German history. He served as the Chancellor and Führer of Nazi Germany, playing a decisive role in the outbreak of World War II and having a profound impact on world history during his reign. more

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“Biciclette, invece, non se ne vedevano affatto. Il misero veicolo, sgusciante e leggero, silenzioso e facilmente occultabile, aveva impensierito i tedeschi, messa in crisi la loro efficienza investigativa e repressiva, al punto che il generale Maltzer ne aveva proibito, con una dura ordinanza, la circolazione nell'intento di ridurre la mobilità dei partigiani. Feroci e ingenui i nazisti attribuivano alla bicicletta i loro insuccessi nella caccia agli attentatori e, dunque, credettero che eliminando le biciclette, avrebbero eliminato gli attentati, i movimenti dei porta-ordini, la distribuzione dei giornali clandestini. Forse, se non fosse stata emessa quell'ordinanza, Zavattini e De Sica non avrebbero mai ideato un film come "Ladri di biciclette". Mai come in quei mesi l'assenza di biciclette nelle strade fece emergere la loro utilità, così che anche quando, a liberazione avvenuta, quella proibizione fu seppellita, la bicicletta diventò non solo un bene prezioso, uno strumento di lavoro, un mezzo di comunicazione indispensabile in una città priva di mezzi di trasporto pubblico, ma anche il simbolo di un'epoca. Nella loro ottusa ferocia i tedeschi erano incapaci di adeguarsi all'astuzia dei romani, di capire quella filosofia spicciola e sorniona che permetteva di beffarli rispettando formalmente le imposizioni. Se, insomma, andare in bicicletta era proibito, non lo era andare in triciclo, conclusero i romani, e allora bastava aggiungere una ruota alla bicicletta, trasformarla in triciclo per restare nella legalità e riacquistare la possibilità di movimento. Si vedevano così biciclette arrugginite, estratte dai nascondigli, trasformate in tricicli fortunosamente e, dunque, libere di circolare sotto gli occhi dei tedeschi senza temere il sequestro del mezzo e l'arresto del ciclista.”

“Junto a la atracción de la ideología nazi, de los ideales pangermánicos y los gritos de guerra antisemitas cada vez más estridentes y llenos de odio, había otra tendencia durante aquellos años de la que se hacía eco la prensa húngara. En los periódicos y las revistas escritos y editados por agentes pagados por los nazis y sus simpatizantes húngaros, que tenían muchísimos lectores, empezaron a publicarse alegatos contra la forma de vida burguesa, la ideología burguesa y la cultura burguesa. En paralelo al odio racial y al culto de la ascendencia, la prensa se dedicó a la agitación social. El proceso se comprende mejor si se analiza con una «perspectiva histórica»: lo iniciaron los nazis cuando afirmaron que ni los judíos ni en general ninguna persona de «raza extranjera» tenían cabida en el país, y lo terminaron diez años más tarde los bolcheviques al afirmar que en Hungría nadie tenía derecho a vivir, trabajar, ocupar un cargo público o educativo en el sector cultural ni a ganarse el pan si era «enemigo de clase», es decir, si no descendía de obreros agrarios o industriales... Una progresión sin duda dotada de una lógica impecable y de una coherencia despiadada. Las revistas y periódicos nazis húngaros empezaron a lanzar ataques contra «la burguesía judía», y diez años más tarde las revistas y periódicos bolcheviques húngaros —con muy pocos cambios, casi al pie de la letra— volverían a imprimir esos mismos ataques limitándose a omitir —y en algunos casos ni siquiera eso— el calificativo de «judío» junto al de «burgués». La prensa nazi húngara, con artículos abiertamente antiburgueses redactados con fervor en los semanarios y revistas especializados, empezó a atacar a todos los que —judíos o no— pertenecían a la clase burguesa, vivían un estilo de vida burgués y se habían educado dentro de la cultura burguesa. Al principio se empleó un tono burlón, irónico y despectivo, para pasar luego a una mezcla confusa de argumentos «científicos» e «históricos» recogidos por los «expertos», todo ello con el fin de demostrar que la burguesía, como clase, modo de vida y mentalidad estaba caducada. Como su argumentación histórica y cultural era endeble, el discurso general no tardó en derivar en acusaciones personales. Pretendían demostrar que la clase burguesa ya no resultaba viable, dando el ejemplo del burgués Fulano que vivía de sus rentas, es decir, de «la usura», de la burguesa Mengana que pasaba sus mañanas en salones de belleza o de tiendas comprando cosas caras e inútiles, y continuaban con que la novela del escritor Zutano, o la obra de otro artista o intelectual de origen, cultura y mentalidad burguesa, no podía tener auténtico valor, porque el autor o creador procedía de la clase parasitaria de los burgueses.”

“Estos ejemplos de ostracismo entretenían a las masas que leían la prensa.53 Cuando se da al pueblo el derecho a acusar a cualquiera sin ninguna prueba, con simples alegatos, con un simple ostracón, utilizando generalidades tipo «antidemócrata» o «enemigo de la nación», y cuando en la práctica la acusación supone para la persona, cuyo nombre queda grabado en un trozo de cerámica —o impreso por la rotativa sobre papel de periódico—, la cárcel, la marginación o el destierro social o económico sin dictamen judicial, entonces el pueblo disfruta haciendo uso de ese derecho, porque al individuo anónimo y carente de poder el juego impersonal, y por lo tanto sin responsabilidad, le produce una gran satisfacción, una especie de euforia... Es un juego al que se puede seguir jugando durante mucho tiempo; en mi país lo empezaron diez años antes periódicos, revistas y asociaciones diversas que parecían ser de «derechas» y que, al no atreverse a decir abiertamente que el «burgués» era culpable de poseer algo que se le podía quitar por la fuerza —los nazis «respetaban la propiedad privada», lo que no respetaban era a quien poseía la propiedad—, se dieron por satisfechos con proscribir «la cosmovisión» burguesa y confiaron a sus sucesores, los bolcheviques, la tarea de sacar las consecuencias prácticas de tal acusación. Naturalmente, la «burguesía judía» constituía una excepción: los que escribían esas acusaciones no sólo atacaban sus ideas, sino que exigían de inmediato sus bienes y su cabeza. Este juego tan costoso, que ninguna sociedad soporta durante mucho tiempo, empezó en las páginas de la prensa húngara de derechas el nefasto día en que Hitler entró en Viena y terminó cuando el poder estatal comunista destruyó abiertamente, sin hipocresía ni escrúpulos, a la sociedad burguesa. Es un juego que, por supuesto, no tiene marcha atrás... Con los métodos del ostracismo, un pueblo que se deshace de los indeseados acaba eliminando también a sus mejores hijos. Y entonces, como sucedió en la antigua Grecia y en otras épocas, llega la hora de los tiranos.”

“A essência espiritual e ideológica dos Hammerskins reside no inigualável jogo-da-bolacha. Fazemos um círculo de guerreiros musculados, tatuados com suásticas, masturbamo-nos fitando um retrato do Fuhrer, e cada qual ejacula sobre a sua bolacha - o último a preencher a respectiva bolacha come todas as outras. E assim as reuniões dos Hammerskins se arrastam pela noite fora, cheias de ódio e risadas, até que todos tenham a barriga cheia.”

“En efecto, el pueblo judío fue masacrado por moderno, por ser simultáneamente científico, banquero, revolucionario y emigrante; nómade y capitalista, y sobre todo, por ser un pueblo sin patria visible, que demostraba que una tradición podía sostenerse y evolucionar sin las pretensiones étnica y culturalmente uniformizantes de un estado territorial que la sustentase.”