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Fantasía Urbana Quotes

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Fantasía Urbana Quotes

“El sabor metálico de su propia sangre le invadió la boca sin previo aviso. Sus colmillos habían crecido y le lastimaban el labio inferior. No sentía dolor, sino sed. Una sed que ella no comprendía, que no llegaría a entender nunca. Le quemaba la garganta. Le secaba la boca. A pesar de no ser un vampiro, Grimm tenía sed de ella desde que había probado su sangre. Unas gotas habían sido suficientes para condenarlo de por vida. Para atarlo a un deseo de exquisita y prohibida destrucción.”

“No trato de distraerte. - Alzó la mano y agitó los dedos-. Hay cien billones de células en el cuerpo humano - explicó -. Y cada una de esas células de mi cuerpo te ama. Las células se mueren y nacen otras nuevas, y mis células nuevas te aman te aman más que las antiguas, y por eso te amo cada día más que el anterior. Es pura ciencia. Y cuando muera y me incineren, y me convierta en cenizas que se mezclen con el aire, y sea parte del suelo, de los árboles y las estrellas, cualquiera que respire el aire o vea las flores que crecen en la tierra o mire las estrellas, te recordará y te amará, porque así es como te amo yo. - Sonrió -. ¿Qué tal el discurso?”

“Le miré de reojo mientras jugueteaba con la taza de café entre mis manos. Si antes me había llamado la atención el misticismo que envolvía a Jareth, ahora sin duda me intrigaba seriamente. Era el primer escritor que conocía, y el simple hecho de que sus escritos no estuviesen a mi alcance me llenaba de curiosidad. ¿Y si lo que escribía era realmente bueno? ¿Y si era mejor que todo cuanto había leído anteriormente? —Bueno... —dudé, con una sonrisa inocentona en la boca—, quizá algún día puedas dejarme leer algo. Jareth disimuló una risita que ronroneó en su pecho mientras sus ojos relucían, fijos en mí. —Tal vez —concedió, casi en un susurro—, pero tiene una condición. Se inclinó ligeramente sobre la mesa, acercándose a mí. Elevé una ceja observándole y le imité, quedando separados por unos pocos centímetros. Su sonrisa se amplió y sus ojos azules parecieron ver a través de mí. —Debes leerlo únicamente durante el día —susurró siniestro—. Bajo ningún concepto lo leas por la noche. Mis labios se curvaron lentamente en una sonrisa y me aparté ligeramente de él. —¿Es una historia de miedo, o algo así? —bromeé—. ¿Temes que no logre conciliar el sueño? Él se incorporó también y me observó con detenimiento a través de sus cejas negras. —Eso es. Una historia de miedo.”