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Golpe y Estado en Venezuela

Book by Arturo Uslar Pietri · 11 quotes · Democracia, Gobierno, Historia

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Golpe y Estado en Venezuela Quotes

“Los latinoamericanos, tradicionalmente, hemos tenido cierto fetichismo con respecto a las constituciones políticas y hemos incurrido reiteradamente en la falacia de creer que se puede modificar la realidad política de un país por medio de un cambio de normas en la constitución. El mal inveterado de las constituciones latinoamericanas consiste en que nunca se han cumplido por entero, ni de buena fe. Más que leyes fundamentales son proclamaciones de principios, expresiones de un ideal político puestas en el texto constitucional no para ser cumplidas estricta y rigurosamente, sino como un necesario homenaje, casi religioso, a ciertos grandes principios de una democracia ideal. Tal vez hay en ello algún rezago hereditario de la vieja tendencia, tan hispana, al nominalismo, es decir, a tomar el nombre por la cosa y a pensar que basta la proclamación de un principio para modificar una realidad social.”

“La historiografía venezolana ha sufrido, desde los días mismos de la independencia, de una serie de procesos sucesivos de deformación, interpretación interesada y falta de objetividad que nos han llevado a no poder comprender con aceptable veracidad lo que realmente ha ocurrido en nuestro país, qué sentido ha tenido su proceso histórico, qué lo ha caracterizado y qué ha habido finalmente de acierto y desacierto en él, desde un punto de vista menos restringido y matizado de opiniones individuales en el que hemos tenido hasta ahora. Literalmente ha sido una historia de negaciones y deformaciones. Sin excluir la etapa de la lucha por la independencia, no existe prácticamente ningún tiempo ni ninguna personalidad importante que haya podido ser apreciada y medida en su verdadera significación. Todas las etapas y los personajes han sufrido este proceso de erosión continua, que procede de la actitud retaliativa con que las facciones triunfantes han considerado las figuras de los periodos inmediatamente anteriores. Casi siempre han sido los «enemigos», en actitud vengativa, quienes han juzgado las etapas históricas que los han precedido y esta característica no se ha detenido nunca hasta nuestros días, con los más graves daños para el valor formativo que debe tener la historia en la conciencia nacional.”

“En un tiempo, los marxistas solían decir que «la violencia es la partera de la historia». Esto es verdad solo hasta un punto, porque las sociedades, como los seres vivos, no nacen sino una sola vez y luego empiezan a vivir por su cuenta y no requieren normalmente de ningún segundo alumbramiento. La violencia es, por su propia naturaleza, destructiva y sus resultados son siempre impredecibles y generalmente contrarios a los propósitos que los promotores de ella se han propuesto. La violencia es momentánea y la historia, por el contrario, es continuada, observable y hasta previsible. Una democracia que requiere para su funcionamiento periódicas rupturas violentas no sería una democracia, que es, por su propia naturaleza, el gobierno del consenso sobre los grandes fines sociales y del acuerdo sobre los modos de alcanzarlos.”

“Se ha combatido mucho por la libertad, en nombre de ella o en busca de ella y, sin embargo, nadie sabe cómo definirla porque ese estado de ausencia de coerción o restricción impuesta sobre nosotros no ha existido nunca y no puede existir. Si alguna sociedad intentara lograr un orden de perfecta libertad saldría de la historia para recaer en el orden natural, con todas sus limitaciones y riesgos.”

“El problema real que está planteando a los gobiernos de hoy no consiste en hallar una manera mejor de distribuir una riqueza existente, que evidentemente muchas veces está escandalosamente mal distribuida, sino en hallar, por medio de la educación, de la preparación para el trabajo y el estímulo a la actividad creadora, la manera de distribuir mejor entre todas las clases sociales la capacidad de producir riqueza.”

“La revolución francesa rompió el Antiguo Régimen, que estaba lejos de ser un mal gobierno, para lanzarse a la loca aventura de proclamar y establecer en toda la tierra la libertad, la igualdad y la fraternidad de todos los hombres. La terrible violencia desatada por su propio proceso no solo no hizo posible alcanzar estos fines sino que, en muchas formas, trajo graves retrocesos y desviaciones a la historia de Francia y de Europa. Lo que vino no fue la felicidad universal sino el terror, la guillotina a tiempo completo, las guerras invasoras, el predominio personal de Napoleón, para rematar, como en una comedia ejemplar, en la fallida restauración de los Borbones, en 1815, en la monarquía burguesa de Luis Felipe, que no satisfizo a nadie, y en los largos años opresivos y torpes de la caricatura de imperio de Napoleón III. Fue solo casi cien años más tarde, después del desastre de 1870, cuando los franceses pudieron reemprender con más tino y fruto la posibilidad de establecer una democracia efectiva.”

“Los partidos políticos que, en el último medio siglo, han predominado en el gobierno o en la oposición en la América Latina tienen en común muchos rasgos importantes que se deben, sin duda, a sus comunes fuentes ideológicas. Entre estos rasgos figuran, con categoría de verdaderos dogmas, los siguientes: a) el ideal político supremo al cual hay que tender es el socialismo; b) el Estado no sólo debe dirigir la economía sino intervenir directa y predominantemente en todos los procesos económicos; c) la presencia del capital privado es sólo tolerable dentro de ciertos límites y bajo el control del Estado; d) el gobierno tiene por fin principal aliviar, por medio de subsidios y dádivas, a la población contra los efectos negativos del libro juego de las fuerzas económicas; e) la presencia del capital extranjero es peligrosa para la soberanía; f) la principal función de los gobiernos consiste en mantener su fuerza y su presencia por medio de todas las formas posibles de repartos y clientelismo. Es así de simple y doloroso el cuadro y por lo mismo resulta tan difícil realizar las enmiendas necesarias porque equivalen casi a una tentativa de cambio de la mentalidad predominante.”

“Para los observadores superficiales, el dilema político esencial de la América Latina en los últimos años parece reducirse a la alternativa de dictadura militar o de democracia. Desde un punto de vista tan simplista se puede aceptar la afirmación muy generalizada de que la América Latina, en su conjunto, ha repudiado las dictaduras militares y ha escogido la vía democrática como su camino. Esta, como todas las simplificaciones, tiende a deformar peligrosamente la realidad. Los hechos recientes demuestran que los regímenes militares, como alternativa, no constituyen hoy una opción valedera o amenazante pero, en cambio, cuando nos trasladamos al otro término opuesto, el de la democracia, tendríamos que preguntarnos la angustiosa cuestión de ¿cuál democracia?”

“Si nos pusiéramos a enumerar las series de las grandes ideas originales que el hombre ha alumbrado a lo largo de su historia, nos encontraríamos que son relativamente pocas y casi nunca enteramente originales. Las más cautivantes ideologías que ha producido Occidente son hijas de mil padres y siempre es posible hallar sus más remotas raíces en algún fragmento de un filósofo griego.”

“Cuando un elector inglés desea un cambio en la política del gobierno conservador de turno, no tiene más que votar por el candidato laborista. Las diferencias entre un gobierno laborista y uno conservador no son sólo de personalidades sino de contenido, de objetivos, de programas y de filosofía política. El caso es semejante en Estados Unidos, en Francia, en España o en cualquier otra sociedad democrática. En Venezuela, en estos años, la oposición no ha ofrecido nunca una posibilidad semejante de alternativa verdadera. La diferencia entre un gobierno «adeco» y uno «copeyano», que es lo que hemos conocido hasta hoy, no pasa de matices, de rasgos de personalidad, de estilo de gobernar, de aspectos de moral pública, pero en lo esencial de los fines de la acción gubernamental, la concepción de la función del Estado, el concepto de desarrollo de la sociedad civil, es fundamentalmente el mismo. Esta situación de indefinición y de coincidencia entre las opciones partidistas de poder ha hecho mucho daño a la democracia en Venezuela y plantea hoy, con más exigencia que nunca antes, la necesidad de una más clara definición y alternativa programáticas entre los partidos y de una más inteligente y clara opción para los electores.”