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Trabajo Quotes

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Trabajo Quotes

“Sergio ha descubierto para su mal, que bíblicamente hablando, el tiempo del trabajo es el tiempo de la condena. Se repite y multiplica de una manera muy diversa. El oficinista que espera ansioso la hora de salida de su oficina, o el fin de semana, o sus vacaciones anuales y más tarde su jubilación, y el preso que comparte una condena fija, comparten una misma espantosa paradoja: en nombre de la vida, quieren que el tiempo pase, sin percatarse de que así el tiempo que anhelan perder es el único tiempo suyo, el tiempo de su vida, un tiempo que nadie les podrá devolver. Un día lo descubren, y entonces ya no pueden dormir en paz.”

“El precio de una camiseta con la imagen de la princesa Pocahontas, vendida por la casa Disney, equivale al salario de toda una semana del obrero que ha cosido esa camiseta en Haití, a un ritmo de 375 camisetas por hora. Haití fue el primer país en el mundo que abolió la esclavitud; y dos siglos después de aquella hazaña, que muchos muertos costó, el país padece la esclavitud asalariada. La cadena McDonald's regala juguetes a sus clientes infantiles. Esos juguetes se fabrican en Vietnam, donde las obreras trabajan diez horas seguidas, en galpones cerrados a cal y canto, a cambio de ochenta centavos. Vietnam había derrotado la invasión militar de los Estados Unidos; y un cuarto de siglo después de aquella hazaña, que muchos muertos costó, el país padece la humillación globalizada.”

“El problema real que está planteando a los gobiernos de hoy no consiste en hallar una manera mejor de distribuir una riqueza existente, que evidentemente muchas veces está escandalosamente mal distribuida, sino en hallar, por medio de la educación, de la preparación para el trabajo y el estímulo a la actividad creadora, la manera de distribuir mejor entre todas las clases sociales la capacidad de producir riqueza.”

“Yo soy el pincelito que Jesús eligió para pintar su imagen en las almas que usted me ha confiado. Un artista no usa un solo pincel: necesita al menos, dos. El primero es el más útil, con él da los tonos generales, [20vº] cubre completamente la tela en muy poco tiempo. El otro, el más pequeño, le sirve para los detalles. Madre, a mi modo de ver, usted es el precioso pincel que la mano de Jesús toma con amor cuando quiere hacer un gran trabajo en el alma de sus hijas, y yo soy el pequeñito que él se digna usar luego para los detalles menores.”

“Como sacerdote, tiene que ofrecer un testimonio especial del poder del reino para transformar todo lo humano, incluso lo torcido y lo distorsionado, lo monótono y lo que parece insignificante. De hecho, las cosas intrascendentes y las aparentemente imposibles son su verdadero desafío. Porque también eso debe ser transformado y redimido para que Cristo alcance su victoria. El reino de Dios no llegará a su cumplimiento en el mundo gracias a una extraordinaria batalla a espada contra el poder de las tinieblas, sino al trabajo y al sufrimiento diarios de cada uno de nosotros como Cristo trabajó y sufrió, hasta que todo acabe transformado. Y ese proceso de transformación continúa hasta el fin de los tiempos.”

“Cansados de aquel delirio hermenéutico, los trabajadores repudiaron a las autoridades de Macondo y subieron con sus quejas a los tribunales supremos. Fue allí donde los ilusionistas del derecho demostraron que las reclamaciones carecían de toda validez, simplemente porque la compañía bananera no tenía, ni había tenido nunca ni tendría jamás trabajadores a su servicio, sino que los reclutaba ocasionalmente con carácter temporal.”

“Dios no nos pide que hagamos nada más tedioso, más cansado, más rutinario y monótono, y menos espectacular que lo que hizo Él mismo. Trabajó para dejar claro que el trabajo más sencillo y menos brillante es –o, en cualquier caso, puede ser, si se ve desde la perspectiva de Dios y de la eternidad– una participación en la obra divina de la creación y la redención, una ocasión diaria para cooperar con Dios en los hechos fundamentales de su alianza de salvación. Con él no solo me ganaba mi salvación, sino la de los demás, al menos a través del ejemplo que pudiera darles. Es más, mis quehaceres, mis penalidades, los podía ofrecer por otros como un acto redentor, y como un medio de reparar y expiar tanto mis pecados del pasado como los suyos.”

“El que ha nacido, crecido o vivido en una cuenca minera sabe bien lo que significa. Sabe que la dureza del trabajo y la pérdida de vidas se viven en carne propia. Sabe qué supone la minería para los pueblos y el paisaje, para bien y para mal. La vida en las cuencas mineras tiene un espíritu común muy poco común en otros territorios. Mirar hacia delante no es olvidar el camino, pero sólo se avanza en una dirección.”

“Podía aceptar los trabajos y sufrimientos de cada día como venidos de las manos de Dios y ofrecérselos no solo por él, sino por todos los que lo rodeaban. La función del sacerdote consiste en ofrecer esas cosas a Dios por el prójimo y servir de ejemplo, de testigo, de mártir, de testimonio de la providencia y de los fines de Dios ante los hombres que lo rodean.”

“El martes es el símbolo de la monotonía por excelencia. No es como el lunes, paradigma de la depresión, ni como el miércoles, bisagra de la esperanza, ni como el jueves, preludio de la alegría, ni como el viernes, éxtasis de la liberación. No, nada de eso. El martes es la evidencia de lo efímero de lo placentero. Es el canto de la monotonía. El martes demuestra que lo peor no es el lunes con su tristeza. Que lo terrible está en la continuidad, en la seguidilla, en la inútil cadena de días de la cual el martes es el eslabón más macabro. Es el puente nefasto que nos conduce de la desesperación al engaño. Pues si quedásemos en la desesperación del lunes, si nos ahogásemos en el pantano de su melancolía, vaya y pase. Pero no, fíjese que ahí está el martes con toda su vacía extensión, sin otro objeto en el mundo que conducirnos hasta el miércoles, y ponernos de nuevo a la espera de un nuevo fin de semana que nada ha de aportarnos, pero que mirado desde el dolor de la esclavitud de entre semana se nos antoja promisorio y dichoso.”

“... aferrarse a un sistema económico que obstaculiza la innovación y la automatización, con el fin de preservar empleos repetitivos y sin sentido, demuestra la profunda pérdida de perspectiva y capacidad...”

“Todos los días, salvo el domingo, mi padre salía del edificio alargado y bajaba por la calle hasta la estación de tren de Nyland, a unos cientos de metros del colegio de Veitvet por la calle Østre Aker. Ese recorrido llevaba media hora, tal vez cuarenta y cinco minutos, mi padre lo hacía todos los días ida y vuelta, cada día salvo el domingo, durante los años en que trabajó fuera de la ciudad, en dirección a Strømmen, al este, donde había una fábrica de zapatos en una explanada, en realidad se trataba de un gran barracón dejado allí por los alemanes, que todavía no había quebrado, pero lo haría pronto, como lo habían hecho ya casi todas las demás, un ejército de fábricas de calzado cayendo como fichas de dominó tras los muros derribados por los aranceles. Y precisamente ahora, en el Mazda, más de dos años después de su muerte, me di cuenta de cuánta parte de su vida había dedicado a bajar por aquí tan temprano, descendiendo por las cuestas a primera hora y de vuelta nueve horas después, subiendo las cuestas hiciera el tiempo que hiciera. Siempre ascendía una corriente helada del fiordo, desde el fondo del valle, y no se rendía hasta pasar Stovner y Vestli, mi padre debía conocer bien ese viento, ese frío en la espalda por la mañana, como dardos de hielo sobre las mejillas por las tardes, y puede que se sintiera abatido, con los ojos achinados, entrecerrados contra la ventisca, seguro que se sintió indefenso y solo, pero entonces yo no pensaba en eso, era demasiado pequeño, y para ser sincero tampoco lo pensé después.”

“Las escalonadas ramas verdes del antiguo cipresal, cual si de un cortafuegos se tratara, nos separan del ruido y el polvo del mundo secular. No obstante, mi vida diaria no es ni de lejos aburrida: barrer, trabajar, salmodiar, debatir y copiar. Libre de posesiones materiales, he estado durmiendo sin problemas por primera vez en años, y ya no vivo con el continuo terror a la repentina vibración de mi móvil; aunque, de tanto en tanto, mi cuádriceps derecho aún sufre el síndrome de la vibración fantasma. Sin embargo, mi mentor me asegura que si, día tras día, recito tantos mantras como cuentas tiene mi mala —sin saltarme ni una de las mil ochocientas— durante ciento ochenta días, quedaré curado por completo. Yo creo que es porque queremos demasiadas cosas, más de las que nuestro cuerpo y mente están preparados para soportar.”

“El trabajo en sí mismo no es una maldición de Dios, sino una participación en su obra creadora, un acto redentor y positivo, noble en sí mismo y digno de lo mejor del hombre, igual que fue digno del mismo Dios. Darse cuenta de que, cuando Dios se hizo hombre, se convirtió en un trabajador contiene una espléndida verdad. No fue rey, ni jefe de una tribu, ni un guerrero, ni un estadista o un destacado líder de las naciones, como algunos esperaban del Mesías.”

“La moneda permanece estable en cuanto los especuladores van a un campo de trabajo. Tuve igualmente que hacerle comprender a Schacht que los beneficios excessivos deben retirarse del ciclo económico. Todas estas cosas sos simples y naturales. Lo fundamental es no permitir que los judíos metan en ellas su nariz. La base de la política comercial judía reside en hacer que los negocios lleguen a ser incomprensibles para un cérebro normal. Al que no comprende nada se la calífica de ignorante! En el fondo, la única razón de la existencia de tales argucias es que lo enredan todo. Sólo los profesores no han comprendido que el valor del dinero depende de las mercancías que el dinero tiene detrás.”

“Esta contradicción hacia el trabajo necesariamente debía ser resuelta. ¿Había que suponer que tanto su cuerpo como su espíritu -primero el espíritu y, por medio de éste, también el cuerpo- hubiesen estado mejor dispuestos y hubiesen sido más resistentes al trabajo si, en el fondo de su alma, allí donde ni él mismo era consciente, hubiese podido creer en el trabajo como un valor absoluto, como en un principio que respondía por sí mismo, y tranquilizarse con este pensamiento? Surge aquí de nuevo la cuestión de su mediocridad o de si era algo más que mediocre, cuestión a la que no vamos a dar ninguna respuesta concluyente (pp.53-54).”