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Vida Y Muerte Quotes

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Vida Y Muerte Quotes

“Ante la muerte no hay nada que podamos hacer, es algo que está fuera de nuestro alcance. Mientras seguimos vivos lo único que podemos hacer es vivir.”

“Pero esa no era la verdadera Narnia. Esa tenía un principio y un fin. Era sólo la sombra o la copia de la verdadera Narnia, que siempre ha estado aquí y siempre estará aquí: igual que nuestro mundo, Inglaterra y todo lo demás, es sólo una sombra o una copia de algo en el verdadero mundo de Aslan. No tienes que Llorar por Narnia, Lucía (...) “Todo esto lo ha dicho Platón, todo lo ha dicho Platón; Dios me ampare, ¡qué les enseñan en esos colegios!", los mayores rompieron a reír. Era tan exactamente igual a lo que le habían escuchado decir hacía tanto tiempo en aquel otro mundo donde su barba era gris en vez de dorada. Él comprendió por qué se reían y se puso a reír también. Pero muy pronto se pusieron serios otra vez: porque, como tú sabes, hay una clase de felicidad y de admiración que te hace ponerte serio. Es demasiado buena para malgastarla en chistes (...) La diferencia entre la antigua Narnia y la nueva Narnia era así. La nueva era una tierra más profunda: cada roca y cada flor y cada brizna de pasto parecía significar más. No puedo describirla mejor que eso. Si algún día llegas a ella, entenderás lo que quiero decir.”

“El que ha nacido, crecido o vivido en una cuenca minera sabe bien lo que significa. Sabe que la dureza del trabajo y la pérdida de vidas se viven en carne propia. Sabe qué supone la minería para los pueblos y el paisaje, para bien y para mal. La vida en las cuencas mineras tiene un espíritu común muy poco común en otros territorios. Mirar hacia delante no es olvidar el camino, pero sólo se avanza en una dirección.”

“A lo largo de esos meses pensé a menudo en lo que yo intentaba hacer, en lo duro que es mantener con vida a alguien que no quiere vivir. Primero pruebas con la lógica («Tienes tantos motivos para vivir»), luego con la culpabilidad («Me lo debes»), con la cólera, las amenazas y los ruegos («Ya tengo una edad. No le hagas esto a un anciano»). Pero una vez que él accede, es necesario que tú, que le has engatusado, sepas bien a qué te enfrentas, porque ves cómo le cuesta, ves cuánto desea irse, ves que el solo acto de existir le resulta agotador, y tienes que repetirte cada día: «Estoy haciendo lo que debo. Permitir que haga lo que quiere hacer es contrario a las leyes de la naturaleza, a las leyes del amor». Y te abalanzas sobre los buenos momentos, te aferras a ellos como si fueran una prueba —«¿Ves? Por eso vale la pena vivir. Por eso quiero que lo intente»—, aunque esos momentos únicos no pueden compensar todos los demás, que son la mayoría. Piensas, como pensé con respecto a Jacob: «¿Para qué está aquí este niño? ¿Para darme consuelo? ¿Para que yo le dé consuelo a él? Y si un niño ya no puede ser consolado, ¿es mi deber darle permiso para que se vaya?». Y entonces vuelves a decirte: «Pero eso es abominable. No puedo».”

“Mi abuela tenía una teoría muy interesante, decía que si bien todos nacemos con una caja de cerillos en nuestro interior, no los podemos encender solos, necesitamos, como en el experimento, oxígeno y la ayuda de una vela. Sólo que en este caso el oxígeno tiene que provenir, por ejemplo, del aliento de la persona amada; la vela puede ser cualquier tipo de alimento, música, caricia, palabra o sonido que haga disparar el detonador y así encender uno de los cerillos. Por un momento nos sentiremos deslumbrados por una intensa emoción. Se producirá en nuestro interior un agradable calor que irá desapareciendo poco a poco conforme pase el tiempo, hasta que venga una nueva explosión a reavivarlo. Cada persona tiene que descubrir cuáles son sus detonadores para poder vivir, pues la combustión que se produce al encenderse uno de ellos es lo que nutre de energía el alma. En otras palabras, esta combustión es su alimento. Si uno no descubre a tiempo cuáles son sus propios detonadores, la caja de cerillos se humedece y ya nunca podremos encender un solo fósforo. Claro que también hay que poner mucho cuidado en ir encendiendo los cerillos uno a uno. Porque si por una emoción muy fuerte se llegan a encender todos de un solo golpe producen un resplandor tan fuerte que ilumina más allá de lo que podemos ver normalmente y entonces ante nuestros ojos aparece un túnel esplendoroso que nos muestra el camino que olvidamos al momento de nacer y que nos llama a reencontrar nuestro perdido origen divino. El alma desea reintegrarse al lugar de donde proviene, dejando al cuerpo inerte...”

“Mi abuela tenia una teoría muy interesante, decía que si bien todos nacemos con una caja de cerillos en nuestro interior, no los podemos encender solos, necesitamos, como en el experimento, oxígeno y la ayuda de una vela. Sólo que en este caso el oxígeno tiene que provenir, por ejemplo, del aliento de la persona amada; la vela puede ser cualquier tipo de alimento, música, caricia, palabra o sonido que haga disparar el detonador y así encender uno de los cerillos. Por un momento nos sentiremos deslumbrados por una intensa emoción. Se producirá en nuestro interior un agradable calor que irá desapareciendo poco a poco conforme pase el tiempo, hasta que venga una nueva explosión a reavivarlo. Cada persona tiene que descubrir cuáles son sus detonadores para poder vivir, pues la combustión que se produce al encenderse uno de ellos es lo que nutre de energía el alma. En tras palabras, esta combustión es su alimento. Si uno no descubre a tiempo cuáles son sus propios detonadores, la caja de cerillos se humedece y ya nunca podremos encender un solo fósforo. Claro que también hay que poner mucho cuidado en ir encendiendo los cerillos uno a uno. Porque si por una emoción muy fuerte se llegan a encender todos de un solo golpe producen un resplandor tan fuerte que ilumina más allá de lo que podemos ver normalmente y entonces ante nuestros ojos aparece un túnel esplendoroso que nos muestra el camino que olvidamos al momento de nacer y que nos llama a reencontrar nuestro perdido origen divino. El alma desea reintegrarse al lugar de donde proviene, dejando al cuerpo inerte...”

“Tachamos de imposible lo que ni tan siquiera intentamos y de complicado aquello que desconocemos. La vida es sencilla: nacemos, crecemos y morimos, somos nosotros los que enredamos nuestra efímera existencia con temores infundados y dudas insidiosas, con preguntas no verbalizadas que jamás tendrán respuesta y palabras no mentadas que, como el agua estancada, se pudren en nuestros corazones…”

“...el pesado traje de buzo es el cuerpo físico y el mar es el océano de la vida. Al nacer, el hombre se pone el traje de buzo, pero su espíritu está conectado siempre por una cuerda a la luz de arriba. El hombre desciende a las profundidades del mar de la tristeza y la mortalidad para buscar tesoros escondidos de sabiduría, pues la experiencia y la comprensión son perlas valiosísimas y para ganarlas el hombre debe soportar toda clase de cosas. Cuando encuentra el tesoro, lo izan al bote y, quitándose la pesada escafandra, respira el aire fresco y vuelve a sentirse LIBRE. Los sabios se dan cuenta de que este incidente que llamamos vida es solamente un viaje al fondo del mar, que hemos estado allí muchas veces y volveremos a bajar hasta que encontremos el tesoro...”