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Filosofía Quotes

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Filosofía Quotes

“La memoria es como libro en el cual se escribe toda nuestra vida. Algunas veces deseamos cerrarlo y olvidarlo para no recordar todos los escabrosos detalles, y otras veces deseamos abrirlo y observarlo detenidamente, queriendo volver a sentir lo mismo que sentimos en aquel momento.”

“Y, entonces, en ese instante que tan solo dura un segundo, el cerebro se encarga de abrir la cerradura del cofre en el cual guardas todo lo que aprecias. Cede de tal manera que la tapa se abre y todo lo que hay en el interior sale de forma tan rápida y tan fugaz que no puedes detenerlo.”

“La vida es como una vela prendida. Todos cuando nacemos llevamos una con nuestro nombre reflejado en ella. La única diferencia entre unos y otros es que hay personas que traen una pequeña vela, como la de un cumpleaños, y otros traen consigo un cirio, como los que colocan en las iglesias. Unas, desgraciadamente, se consumen antes que otras, pero todas acaban apagándose.”

“Pienso que cada uno es como un libro, con una sinopsis diferente y una portada distinta. Cada libro está en su estantería correspondiente y en su balda adecuada junto con otros libros similares. Yo, en cambio, soy un libro solitario, abandonado en un estante olvidado.”

“El poeta Novalis, uno de los mayores representantes del romanticismo alemán, afirmaba que la filosofía se identifica con la nostalgia, ya que también en ella está presente el deseo ilimitado ―precisamente, nostálgico― de tener «el hogar en todas partes». En efecto, al igual que la nostalgia, la filosofía se sustenta en la escisión que se pone de manifiesto entre la vida interior y la exterior, entre la vida finita y la infinita, siendo ella, en cuanto tal, un «signo de la diversidad esencial entre el yo y el mundo, un signo de la incongruencia entre el alma y la acción». No es, pues, de tiempos felices el deseo de querer abrazar la filosofía.”

“El dolor dice: «¡Pasa! ¡Fuera tú, dolor!». Mas todo lo que sufre quiere vivir, para volverse maduro y alegre y anhelante, – anhelante de cosas más lejanas, más elevadas, más luminosas. «Yo quiero herederos, así dice todo lo que sufre, yo quiero hijos, no me quiero a mí», – mas el placer no quiere herederos, ni hijos, – el placer se quiere a sí mismo, quiere eternidad, quiere retorno, quiere todo-idéntico-a-sí-mismo-eternamente (La canción del noctámbulo §9 - Así habló Zaratustra).”

“A mi entender, hay que concebir los macrocuerpos políticos que llamamos sociedades en primer lugar como campos de fuerzas integradas por el estrés, más precisamente como sistemas de preocupaciones que se autoestresan y que se precipitan siempre hacia adelante. Estos sistemas solo existen en la medida que consiguen mantener su 'tonus' específico de intranquilidad mientras los temas cambian diariamente y anualmente. Desde este punto de vista una nación es una colectividad que consigue conservar en común la ausencia de calma. Un flujo constante, más o menos intenso, de temas estresantes ha de encargarse de sincronizar las consciencias para integrar la población en una comunidad de preocupaciones y excitaciones que se regenera día tras día. Es por eso que los medios de información modernos son absolutamente imprescindibles [...]”

“La primera forma de falta de libertad la experimentamos como opresión política, la segunda como una opresión impuesta por aquella realidad que, con razón o sin, llamamos externa. [...] un tercer frente de la falta de libertad [...] resulta de la esclavización de los hombres por falsas imágenes de sí mismos. [...] una revuelta antitiránica representa una "cooperación de estrés máximo" entre los dominados con la finalidad de eliminar una carga generada por el poder que se ha vuelto inaceptable. Las revoluciones estallan cuando las colectividades, en momentos críticos, calculan de nuevo su balance de estrés y llegan a la conclusión de que [...] una existencia dedicada a evitar sumisamente el estrés sale más cara que el estrés de la revuelta. En el caso más extremo, el cálculo dice: mejor morir que continuar siendo esclavo. [...] las dictaduras más suaves son las más duraderas. [...] Es por eso que Kant podía decir que un gobierno paternalista es "el despotismo más grande que se puede imaginar".”

“Era yo pues bien miserable; que por fuerza lo es el alma que vive presa en la amistad de las cosas mortales y se desgarra cuando las pierde. Lloraba con inmensa amargura, pero en la amargura misma encontraba descanso. Y tan miserable era, que más aún que a mi dilecto amigo muerto amaba yo mi propia mísera vida; pues aunque hubiera querido cambiar la condición de mi vida, no quería perderla como lo perdí a él. Ni siquiera sé si de veras estaba dispuesto a perderla por él.”

“Dichoso el que te ama a ti, y a su amigo en ti, y a su enemigo en ti; pues el único que no pierde a sus seres queridos es el que los quiere y los tiene en Aquel que no se pierde. ¡Oh Dios de las virtudes, conviértenos a ti, muéstranos tu rostro, y seremos salvos! (Sal 79,4) Porque adondequiera que se vuelva el alma del hombre fuera de ti, queda inmóvil en el dolor, aunque se detenga en cosas bellas fuera de ti y fuera de él mismo, cosas que sin ti nada serían.”

“Me dejaba llevar sin moderación de las pasiones humanas! Así era yo en aquel tiempo. Me enardecía, suspiraba, lloraba y me turbaba, sin descanso ni consejo. Así iba cargando mi alma destrozada y sangrante, que no se dejaba cargar, y yo no sabía en dónde ponerla. A ti, Señor, debía ser elevada para ser curada. Yo sabía esto, pero ni quería ni podía; cuando pensaba en ti no eras para mí algo firme y sólido, sino un vacío fantasma. Pero eso, fantasma era, no tú; y mi error era mi dios. Era yo para mí mismo un lugar de desdicha en el cual no podía estar y del cual no me podía evadir. ¿Cómo podía mi corazón huir de sí mismo, y adónde iría yo que él no me siguiera?”

“La filosofía de la praxis es una filosofía crítica de la historia, cuya estructura dialéctica exige que el conocimiento de sus principios no pueda ser ni exclusivamente filosófico ni exclusivamente histórico: más bien, tiene que ser, de un modo determinado y necesario, el reconocimiento de la recíproca compenetración de lo histórico y lo filosófico, inescindiblemente entramadas, al punto de afirmar que no puede haber filosofía sin historia, ni historia sin filosofía.”

“Sin duda (el adolescente) no lo sabe todo, pero es cierto que esa edad ociosa, sin oficio ni beneficio, es una época privilegiada para pensar en el todo. ¿Cuándo se manifiesta esa totalidad en el caso de la vida humana? No hemos de reputar feliz a nadie, dice Solón, mientras viva, sino que debemos esperar al final de su existencia. Al morir, el sujeto entrega su esencia, que es el ejemplo que ha ido cincelando durante todos los años anteriores en la materia del tiempo. Durante todo su habitar sobre la tierra el hombre incuba en su seno la promesa de un ejemplo que va creciendo y solo se detiene y asume su forma definitiva cuando aquel muere. Es difícil que un sujeto conozca de verdad a otro —un padre, un amigo— mientras ambos, el conocedor y el conocido, todavía vivan, ya que no solo la esencia de este es incompleta, sino que además apenas puede percibirse con claridad: el ritmo de las obligaciones ordinarias, la vulgaridad de las situaciones, el norte del egoísmo humano, la inseguridad de las apreciaciones en la experiencia diaria impiden una disposición apta para dicha percepción. Pero, tras la muerte, resplandece ese ejemplo, ya completo “y despojado de sus accidentes. Con frecuencia se ha notado que el término griego para «verdad» —aletheia— significa no-olvido (a-lethos), esto es, recuerdo. Conocer la verdad de un hombre, en sentido estricto, es recordar su ejemplo cuando ya ha dejado de existir, momento en el que adquiere un relieve y una nitidez extraordinarios. De ahí que nos conmovamos hasta la desesperación cuando “desaparece un ser querido: al morir, contemplamos por primera vez su ser verdadero, lo amamos definitivamente y desearíamos por encima de todo poder decírselo, pero entonces ya es demasiado tarde. Todo conocimiento es póstumo.”

“Mirar con la perspectiva correcta derrumba el laberinto.”

“Parker siguió escribiendo columnas para Esquire hasta 1962. El último libro que reseñó fue Siempre hemos vivido en el castillo, de Shirley Jackson, que le encantó. "Me devuelve la fe en el terror y en la muerte. No puedo decir nada mejor del libro ni de su autora". Estas fueron las últimas palabras de Parker como crítica literaria.”

“La Iglesia de la Razón, como todas las instituciones del Sistema, no se basa en la fuerza individual sino en la debilidad individual. Lo que en realidad se pide en la Iglesia de la Razón no es capacidad sino incapacidad. En ese caso es considerada “educable”. Una persona verdaderamente capaz es siempre una amenaza”

“(...) Los hombres nunca nunca nunca han luchado por tener lo que teníamos nosotras. No tenemos registradas esas manifestaciones con pancartas: «Queremos hacer lo que hacen las mujeres», «Queremos vivir como ellas, en el sacrificio y la entrega al proyecto de los otros», «Que salgan ellas a luchar y trabajar en las canteras y nosotros, a casa cuidar(las) a ellas y a sus hijas.”