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Palabras Quotes

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Palabras Quotes

“Las respuestas llegan con el tiempo. Algunas verdades son mucho más profundas que las palabras y solo se pueden percibir con el tiempo. Escuchar la respuesta no es lo mismo que encontrar la respuesta. Tu mayor oportunidad para aprender se da cuando amas a la persona por la que Dios te envió a orar. Es entonces cuando captarás qué es lo que has leído y oído. Él es nuestro maestro. La persona que Él te envió fue perfectamente seleccionada para que tú puedas ser un instrumento del amor de Dios para ella, pero también para que puedas ser instruido. Cuando Dios nos enseña algo, nos da la oportunidad de compartir lo que hemos aprendido, de regalar la buena Nueva.”

“Sólo cuando has sufrido puedes entender de verdad el sufrimiento de los otros. Puedes relacionar lo tuyo con lo que están pasando y ayudarles a soportarlo, bien con palabras, oraciones o con tu presencia. Tras cargar con mi sufrimiento en silencio durante tanto tiempo, escondiendo mi dolor para proteger a los otros, he aprendido a compartir mis sentimientos.”

“Entre renglones se escondía de la difícil realidad a la que tenía que enfrentarse, para guarecerse en los infinitos universos que las palabras erigían.”

“―«Máquina» es un término periodístico. Los términos inexactos como ese forman parte de la psicosis de la guerra. Las personas no son máquinas, aunque quieran serlo. Hay que empezar en alguna parte. ―Pero mientras tanto muchas personas inocentes van a sufrir. ―Lo sé, y eso es precisamente el quid de la cuestión. Podría decirse, y es cierto, que la guerra es como un bumerang y resulta imposible garantizar la seguridad de nadie a la larga.”

“Vaya, que atemorizante y maravilloso es que las palabras pueden cambiar nuestras vidas con tan solo encontrarse una a un lado de la otra.”

“Oh, es tan atemorizante e increíble que dos palabras pueden cambiar nuestras vidas por el simple hecho de estar juntas.”

“Un dia, mientras escribia una carta, Otoko abrio el diccionario para consultar el ideograma 'pensar'. Al repasar los restantes significados (añorar, ser incapaz de olvidar, estar triste) sintio que el corazon se le encogia. Tuvo miedo de tocar el diccionario... Aun ahi estaba Oki. Innumerables palabras se lo recordaban. Vincular todo lo que veia y oia con su amor equivalia a estar viva. La conciencia de su propio cuerpo era inseparable del recuerdo de aquel abrazo.”

“La cuestión de la fe surge después de que un hombre ha hecho lo posible por practicar las virtudes cristianas, y ha descubierto su fracaso, y ha visto que incluso si pudiera ponerlas en práctica sólo le estaría devolviendo a Dios lo que ya es de Dios. En otras palabras, descubre su insolvencia. Pues bien; una vez más, lo que a Dios le importa no son exactamente nuestras acciones. Lo que le importa es que seamos criaturas de una cierta calidad -la clase de criaturas que Él quiso que fuéramos—, criaturas relacionadas con Él de una cierta manera. No añado «y relacionadas entre ellas de una cierta manera», porque eso ya está incluido: si estáis a bien con Él inevitablemente estaréis a bien con todas las demás criaturas.”

“Quizá Dios tenga que recordarnos con tremenda claridad que eso es exactamente lo que quería decirnos con esas palabras aparentemente tan simples del Sermón de la Montaña: «No estéis preocupados por vuestra vida: qué vais a comer; o por vuestro cuerpo: con qué os vais a vestir. Buscad primero el Reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas se os añadirán».”

“No lograba entender el significado exacto de las palabras que acababa de escuchar. Pero su ferviente imaginación desató una tormenta que lo inundó de expectativas.”

“Nuestras palabras solas no pueden cambiar a los que no creen. Únicamente podemos marcar una diferencia con nuestras oraciones y ejemplo, y sólo si tenemos amor en nuestros corazones: «Cuando rezáis por ellos, rezáis por vosotros y por vuestro futuro». Cuando rezamos no tenemos que hacerlo pidiendo lo que nosotros deseamos: Dios sabe todo lo que hay en nuestros corazones y Él conoce lo que es bueno para nosotros a largo plazo, hablando desde un punto de vista eterno, desde luego. Debemos rezar por nuestros hermanos y hermanas. Cada vez que rezamos por alguien que no cree, lo que hacemos es, fundamentalmente, secar una lágrima en el rostro de la Virgen. A través de la oración descubrimos el plan de Dios para nuestras vidas.”

“Como si el mundo se encogiera en torno a un núcleo de entidades desglosables. Las cosas cayendo en el olvido y con ellas sus nombres. Los colores. Los nombres de los pájaros. Alimentos. Por último los nombres de las cosas que uno creía verdaderas. Más frágiles de lo que él habría pensado. Cuánto de ese mundo había desaparecido ya? El sagrado idioma desprovisto de sus refrentes y por tanto de su realidad. Rebajado como algo que intenta preservar su calor. A tiempo para desaparecer para siempre en un abrir y cerrar de ojos.”

“Entonces, un día comencé a escribir, sin saber que me había encadenado de por vida a un noble pero implacable amo. Cuando Dios le entrega a uno un don, también le da un látigo; y el látigo es únicamente para autoflagelarse. [...] La diferencia entre escribir bien y el arte verdadero es sutil, pero brutal. (Capote, pág. 9) »[...] En un cuento de Henry James, creo que “The Middle Years”, su personaje, un escritor en las sombras de la madurez, se lamenta: “Vivimos en la oscuridad, hacemos lo que podemos, el resto es la demencia del arte”. O palabras parecidas. En cualquier caso, míster James lo expone en toda la línea; nos está diciendo la verdad. Y la parte más negra de las sombras, la zona más demencial de la locura, es el riguroso juego que conlleva. (Capote, pp. 12-13) »Los escritores, cuando menos aquellos que corren auténticos riesgos, que están ansiosos por morder la bala y pasar la plancha de los piratas, tienen mucho en común con otra casta de hombres solitarios: los individuos que se ganan la vida jugando al billar y dando cartas. (Capote, pág. 13) »[...] Para empezar, creo que la mayoría de los escritores, incluso los mejores, son recargados. Yo prefiero escribir de menos. Sencilla, claramente, como arroyo del campo. (Capote, pág. 15). »[...] Entretanto, aquí estoy en mi oscura demencia, absolutamente solo con mi baraja de naipes y, desde luego, con el látigo que Dios me dio (Capote, pág. 17)”

“Hay palabras que no nos abandonan nunca por mucho que las digamos. Hay recuerdos que no nos dan tregua, no importa cuántas veces los hayamos compartido con los demás. Pero de pronto, un día, encontramos a alguien con el conjuro exacto, y ese día sucede la magia. Contamos lo mismo, relatamos los mismos hechos, pero esta vez, sentimos que la otra persona nos comprende. Y entonces, al fin, el recuerdo es exorcizado y deja de pesar. Las palabras nos abandonan y ya no las sentimos como fuego en la garganta y en el corazón.”

“Los recuerdos no son como las palabras; son suaves y viscosos. Están cubiertos de un limo pegajoso, igual que un pene tras el acto sexual, o la vagina durante la menstruación, y tienen la forma de renacuajos o culebrillas de agua. Cuando estos recuerdos durmientes despiertan, empiezan por retorcerse, después nadan, primero despacio, poco a poco más rápido, hasta la superficie. Y una vez que llegan ahí, tus sentidos se cierran. La primera oleada te da en los labios, después en la palma de las manos, en los dedos del pie, en las axilas. Algunos recuerdos se escapan por los poros de la piel y merodean por tu cuerpo como una niebla, esperando a que lleguen los demás y se les unan. Cuando ya están todos ahí, se juntan para formar una imagen, y es como si se encendiera una pantalla de televisor ante tus ojos.”

“Esta oración verdadera, este estar interiormente con Dios de manera silenciosa, necesita un sustento y para ello, sirve la oración que se expresa con palabras, imágenes y pensamientos. Cuanto más presente está Dios en nosotros, más podemos estar verdaderamente con Él en la oración vocal. Pero puede decirse también a la inversa: la oración activa hace realidad y profundiza nuestro estar con Dios. Esta oración puede y debe brotar sobre todo de nuestro corazón, de nuestras penas, esperanzas, alegrías, sufrimientos; de la vergüenza por el pecado, así como de la gratitud por el bien, siendo así una oración totalmente personal.”

“Al centrar las imágenes cósmicas del Hijo del Hombre (Daniel y Cristo) en una persona, en una persona actualmente presente y conocida, el contexto cósmico se convierte en algo secundario, y también la cuestión cronológica pierde importancia: en el desarrollo de las cosas físicamente mensurables, la persona «es», tiene su «tiempo» propio, «permanece». Esta relativización de lo cósmico, o mejor, su concentración en lo personal, se muestra con especial claridad en la palabra final de la parte apocalíptica: «El cielo y la tierra pasarán, mis palabras no pasarán» (Mc 13,31). La palabra, casi nada en comparación con el enorme poder del inmenso cosmos material, un soplo del momento en la magnitud silenciosa del universo, es más real y más duradera que todo el mundo material. Es la realidad verdadera y fiable, el terreno sólido sobre el que podemos apoyarnos y que resiste incluso al oscurecerse del sol y al derrumbe del firmamento. Los elementos cósmicos pasan; la palabra de Jesús es el verdadero «firmamento» bajo el cual el hombre puede estar y permanecer.”