Quotessence
Home / Topics / Oración Quotes

Oración Quotes

Browse 78 quotes about Oración.

Oración Quotes

“Lo más importante es que la relación con Dios permanezca en el fondo de nuestra alma. Para que esto ocurra, hay que avivar continuamente dicha relación y referir siempre a ella los asuntos de la vida cotidiana. Rezaremos tanto mejor cuanto más profundamente esté enraizada en nuestra alma la orientación hacia Dios. Cuanto más sea ésta el fundamento de nuestra existencia, más seremos hombres de paz. Seremos más capaces de soportar el dolor, de comprender a los demás y de abrirnos a ellos. Esta orientación que impregna toda nuestra conciencia, a la presencia silenciosa de Dios en el fondo de nuestro pensar, meditar y ser, nosotros la llamamos «oración continua». Al fin y al cabo, esto es también lo que queremos decir cuando hablamos de «amor de Dios»; al mismo tiempo, es la condición más profunda y la fuerza motriz del amor al prójimo.”

“Todos estos sucesos los veía como si no tuvieran nada que ver conmigo. Los contemplaba como de lejos, y no me entristecían lo más mínimo. Era como si se tratase de otra persona, y yo fuera un simple espectador. Incluso cuando me azotaron lo soporté con naturalidad, porque la oración seguía brotando de mi corazón, me centraba en ella, y no atendía a otra cosa.”

“Probablemente oraréis el Padre Nuestro. Sus primerísimas palabras son Padre Nuestro. ¿Veis ahora lo que esas palabras significan? Significan, con toda franqueza, que os estáis poniendo en el lugar de un hijo de Dios. Para decirlo abruptamente, estáis disfrazándoos de Cristo. Estáis fingiendo, si lo preferís. Este disfrazarse de Cristo es un acto de hipocresía insultante. Pero lo extraño es que El nos ha ordenado que lo hiciéramos. La única manera de adquirir una cualidad en realidad es empezar a comportarnos como si ya la tuviéramos.”

“Da gracias a Dios, querido hermano, por haber despertado en ti el deseo irresistible por conocer la incesante oración interior. No te inquietes, tranquilízate. Debes reconocer en ese deseo una llamada de Dios. Tu angustia no significa otra cosa sino el prevalecer de la voluntad divina sobre tu propia voluntad. ¿Has caído en la cuenta de que la luz de la oración interior no puede provenir de la sabiduría de este mundo, ni del deseo de saber, sino que ella nos viene revelada en la pobreza de espíritu, la sencillez de corazón y la experiencia activa?”

“Hay una batalla espiritual invisible a nuestro alrededor. Jesús combate por cada uno de nosotros, pero el diablo intenta interferir. El amor hizo que desapareciera el diablo. El orgullo es su distintivo, la gente humilde que confía en Dios es más fuerte que cualquier diablo. Él sólo tiene el poder que queramos darle, y únicamente podemos dárselo mediante nuestro libre albedrío. Ataca a través de las personas que han permitido que reine en sus corazones. La gente, sin saberlo, acepta su influencia con las elecciones que toma en la vida. Ésta es una de las razones por las que Nuestra Señora enfatiza la importancia de la oración. Si Dios reina en nuestro corazón, entonces no hay espacio para nada malo.”

“Tengo tres hijos minusválidos en casa. Vine a Medjugorje para pedir a Dios que los curara y quería saber por qué Él me ha enviado esta cruz. ¡Pero ahora lo entiendo! Lo entendí cuando estaba rezando. ¿Por qué no debería haberme enviado Dios esta cruz? ¡Significa que puedo llevarla! Él confía en mí y yo tengo que confiar en Él. Él me ayudará cuando sea demasiado pesada. Tengo muchas ganas de volver a casa y besar a mis hijos. Soy tan bienaventurada por tenerlos».”

“El hombre no está en disposición de controlar la mente y purificarla de todos los pensamientos superfluos, porque «los pensamientos del hombre son malos desde su juventud» (Gén 8,21), «y sólo Dios da un corazón y un espíritu nuevos, porque el querer y el obrar son de Dios» (Ez 11,19) Dios ha dejado únicamente a la voluntad y fuerza humana la cantidad de la oración, ordenándonos orar continuamente, durante todo tiempo y en cada lugar.”

“Los no creyentes desconocen el efecto beneficioso de este ejercicio mecánico; ignoran cómo esta invocación frecuentemente pronunciada por nuestros labios, se convierte poco a poco en un auténtico gemido de nuestro corazón, ahonda en lo más profundo del ser humano, aportando gozo, transformándose en parte misma del alma, que la ilumina, alimenta y conduce a la unión con Dios». Olvidan, que el hombre tiene dos naturalezas, que mutuamente se influyen; que el hombre está compuesto de cuerpo y alma. ¿Por qué, por ejemplo, cuando deseas purificar el alma, se comienza por el cuerpo, ayunando, privándolo de alimento y de comidas apetitosas? Por supuesto, para que no obstaculice sino que favorezca la purificación del alma y la iluminación de la mente, de tal modo que la continua sensación de hambre corporal te haga recordar tu decisión de buscar la perfección interior y aquello que agrada a Dios, cosa que normalmente olvidamos. La propia experiencia nos revela que por medio del ayuno corporal –algo totalmente externo– se llega a la purificación de la mente, a la paz del corazón y a domar las pasiones. De modo que, mediante elementos exteriores y materiales se recibe un beneficio interior y espiritual. Lo mismo ocurre con la oración frecuente de los labios, que nos conduce a la oración interior y facilita la unión de nuestra mente con Dios.”

“Si pudiéramos vivir siempre conscientes de que somos hijos de un Padre celestial que nos contempla sin cesar y que desempeñamos un papel en su creación, todos nuestros pensamientos y nuestras obras serían oración. Toda auténtica oración comienza precisamente ahí: poniéndose en presencia de Dios. La ficción de su presencia no vale de nada, ni tampoco su imagen. La fe nos enseña que Dios está en todas partes, que está siempre con nosotros, pero solo si acudimos a Él. De ahí que seamos nosotros quienes debemos ponernos en presencia de Dios, nosotros quienes debemos acudir a Él con fe, nosotros quienes hemos de superar una imagen para creer –para constatar– que estamos en presencia de un Padre amoroso siempre dispuesto a oír nuestras historias infantiles y a responder a nuestra confianza de niños. Entonces cualquier pensamiento se convierte en padre de una oración y, con mucha frecuencia, las palabras resultan superfluas. Esta oración es absorbente. Una vez que la has experimentado, no puedes olvidarla nunca.”

“Es preciso acostumbrarse a invocar el nombre del Señor más que a respirar, en todo tiempo y lugar; y en todas las necesidades. El Apóstol dice: «Orad incesantemente», lo que significa tener el recuerdo de Dios en todo tiempo, lugar o cosa. Puesto que, en cualquier cosa que uno realice, debe operar el recuerdo de Aquél que ha hecho todo lo que podemos tener entre las manos. Que cada movimiento tuyo sea para ti ocasión de dar gloria a Dios y, de esa manera, verás que oras incesantemente. Por todo esto, el alma se alegrará.”

“Después de que Marko y yo nos casáramos, vivimos con sus padres. Con siete miembros de la familia compartiendo dos habitaciones. Marko y yo nos estabilizamos en nuestra nueva vida juntos. Él supervisaba la construcción de nuestra casa y yo continuaba trabajando en la agencia de viajes. Qué afortunada era por haberme casado con un hombre cuyos pensamientos y sentimientos eran tan parecidos a los míos. Nuestra compatibilidad era claramente un fruto del intento de vivir los mensajes de Nuestra Señora. La oración y el ayuno abrieron nuestros corazones para ser más comprensivos y nos permitió ver el valor de dar.”

“Los hesicastas aspiraban a conseguir la paz o la quietud para llegar a la unión íntima con Dios o la contemplación. Para ello cultivaban el silencio, tanto exterior como interior, ante todo por medio del control de los pensamientos. Esta corriente espiritual dentro del cristianismo oriental es casi una constante hasta nuestros días y va muy unida a la oración del corazón.”

“Después de unas tres semanas comencé a sentir un dolor en el corazón, pero acompañado de un gran gozo y una feliz sensación de serenidad. Esto me dio más fuerza para intensificar la oración; dominaba mis pensamientos, sentía un gran gozo y parecía como si mi cuerpo estuviera libre de la ley de la gravedad. Me veía arrebatado y transformado, invadido por el entusiasmo. Sentía un amor ardiente por la persona de Jesús y por toda la creación. A veces las lágrimas se derramaban por mis mejillas, sin yo quererlo, eran un instrumento de agradecimiento a Dios, que había tenido realmente misericordia de mí, miserable pecador. A veces se iluminaba mi pobre entendimiento, y comprendía lo que en otros momentos me había parecido sumamente oscuro. Otras veces mi corazón se hacía eco de un sentido particular de presencia. Con sólo pronunciar el nombre de Jesús me sentía feliz. Entonces comprendí lo que significan las palabras del Evangelio: «El reino de Dios está en medio de vosotros» (Lc 17,21)”

“Tu desprecio hacia el prójimo deriva de que no estás asentado aún en el verdadero amor de Dios, no tienes la seguridad que deriva de la oración interior, no tienes la paz interior. «El alma unida íntimamente a Dios, por el inmenso gozo que le embarga, es como un niño bueno y de corazón sencillo; no condena a nadie: ni al griego, ni al pagano, ni al pecador. Mira a todos sin distinción con una mirada limpia, y desea que todos, griegos, paganos y hebreos glorifiquen a Dios». Deponer la cólera y mirarlo todo a la luz de la Providencia Divina; y cuando recibas una injuria acúsate sobre todo a ti mismo, especialmente por tu escasa paciencia y tu falta de humildad. «El contemplativo se inflama con un amor tal, que si fuese posible, acogería en sí a todo hombre, sin distinguir al malo del bueno».”

“En 1981, hacia el final de mi segundo año de instituto, empecé a sentirme rara. Tenía un deseo grandísimo de estar sola, rezando. Me apartaba y rezaba en silencio. Durante los recreos, mientras los otros estudiantes charlaban en los pasillos, empecé a ir a una vieja iglesia ortodoxa cerca del colegio, era un refugio de paz. Disfrutaba del silencio e intentaba comprender qué me estaba pasando.”

“Roma me mostró las sorprendentes hazañas que pueden llevar a cabo los hombres de fe. Orar ante las tumbas de los santos y mártires, y estar en un lugar donde tanta gente ha vivido y ha muerto antes de mí, me hizo reflexionar sobre los constantes avisos de Nuestra Señora respecto a la brevedad de la vida en la tierra. Cuando llegas a conocer el Cielo, miras el mundo de un modo diferente. Entiendes que la vida en la tierra es sólo temporal y que la muerte no es un final. «Liberáos de todo lo que os ata solamente a las cosas terrenas y permitid que lo que es de Dios modele vuestra vida a través de la oración y el sacrificio».”

“El medio más seguro para fortalecer la fe es la oración. En la oración hablamos con Dios, le pedimos ayuda, buscamos su perdón o prometemos enmendarnos, y le damos gracias por los favores recibidos. Pero no se puede rezar hablándole al vacío: por eso, en el mismo acto de la oración nos recordamos a nosotros mismos la realidad y la presencia de Dios, fortaleciendo así nuestra fe en Él. De ahí que el ofrecimiento de obras de la mañana sea, al menos para mí, una de las mejores prácticas de oración, por muy pasado de moda que a algunos les pueda parecer. Porque con él, al empezar el día, aceptamos de Dios y le ofrecemos todas las oraciones, las obras y los sufrimientos de la jornada, y eso nos vale para volver a recordar su providencia y su reino.”

“Podemos rezar siempre si convertimos en oración cada acción, cada tarea y cada sufrimiento diarios porque antes se los hemos ofrecido y prometido a Dios. Tenemos que buscar soluciones dentro de la Iglesia, y no fuera de ella. No podemos separar sin más nuestra vida personal de la de Cristo ni del cuerpo del que Él es la cabeza movidos por un sentimiento personal de insatisfacción u ofensa.”

“El amor, repite san Juan en más de una ocasión, es lo único que cumple todos los mandamientos y la ley. Pero antes que el amor, apuntalándolo desde dentro, está la fe: antes de poder amar, hemos de tener fe; si no, acabaremos amando mal, amándonos a nosotros mismos más que a Dios o amando a las criaturas por sí mismas: eso es lo que significa el pecado. Para crecer en nuestro amor, para amar correctamente, debemos luchar siempre por aumentar nuestra fe, y lo hacemos a través de la oración y los sacramentos.”

“Mis padres no solían hablarme de la fe, al menos no con palabras. Pero la vivían y, a través de su ejemplo, me enseñaron la importancia de la oración. Yo no era excepcionalmente devota o piadosa, pero siempre tuve fe. Como otros católicos, sentía gran veneración hacia la Virgen María, pero tenía una relación más profunda con Jesús. Hablaba con Él a menudo. Con mi fe infantil, pensaba que Jesús era un hermano mayor al que podía confiar cualquier pequeña preocupación. Desde muy temprana edad empecé a sentir una gran compasión por la gente que sufría.”

“La oración y el ayuno pueden ayudarnos a tomar mejores decisiones. Yo había obviado la parte más importante: el discernimiento a través de la oración. Por lo tanto, decidí rezar por esta intención, para que Dios me mostrara el camino y para que la Virgen me dijera qué quería de mí. «Seguid vuestros corazones. Es decisión vuestra lo que hagáis.» Cada vez que me visualizaba como una monja, mi mente se distraía, en cambio, con imágenes de maternidad y vida familiar. Mi deseo de tener una familia era más fuerte que nada y sentí que me había dado una respuesta clara.”

“Una oración sólo necesita que se haga con el corazón. Es sencillo. No debemos pensar que Nuestra Señora quiere de nosotros lo que no podemos hacer o no sabemos cómo hacer. Primero, debemos sentir a Dios como nuestro padre que siempre está cerca de nosotros y que nos ama. Sólo cuando nos sentimos así podemos orar. Debemos comenzar cada día con una oración, antes de ir a estudiar, a trabajar, lo que sea. Pide la ayuda de Dios durante todo el día y agradécele cada pequeña bendición que recibes. Todo viene de Dios.”

“Necesitamos también el apoyo de esas plegarias en las que ha tomado forma el encuentro con Dios de toda la Iglesia, y de cada persona dentro de ella. En efecto, sin estas ayudas para la oración, nuestra plegaria personal y nuestra imagen de Dios se hacen subjetivas y terminan por reflejar más a nosotros que al Dios vivo. En las fórmulas de oración que han surgido primero de la fe de Israel y después de la fe de los que oran como miembros de la Iglesia, aprendemos a conocer a Dios y a conocernos a nosotros mismos. Son una escuela de oración y, por tanto, un estímulo para cambiar y abrir nuestra vida.”

“Si el fruto que debemos producir es el amor, una condición previa es precisamente este «permanecer», que tiene que ver profundamente con esa fe que no se aparta del Señor. En Jn 15,7 se habla de la oración como un factor esencial de este permanecer.”

“La causa de no amar a Dios es la falta de fe; la causa de la falta de fe viene motivada por la falta de convicción, y la falta de convicción nace de no procurar el verdadero conocimiento, de indiferencia hacia la iluminación del espíritu. En una palabra, sin creer no se puede amar; sin convencimiento no se puede creer; y para convencerse es preciso adquirir el pleno y exacto conocimiento de la materia que se tiene delante. A través de la meditación, a través del estudio de la palabra de Dios, y anotando las propias experiencias debo despertar en el alma un hambre y una sed –o como dicen algunos, admiración– que proporcione un deseo insaciable de conocer las cosas más cumplidamente y más de cerca, de penetrar más a fondo en su esencia. El amor se desarrolla con el conocimiento.”

“El látigo enseñó al muchacho la oración y esta se convirtió en instrumento de consuelo. ¿Acaso las penas y sufrimientos que encontramos en el camino no son el látigo que utiliza Dios para procurarnos la felicidad? ¿Por qué, entonces, habíamos de temerlo tanto? Él nos ama con amor infinito y los látigos nos enseñan a orar, conduciéndonos a verdaderas alegrías.”

“Las apariciones se fueron poco a poco haciendo una obsesión. Eran hombres a quienes yo había tratado de forma cruel, y mujeres a las que había seducido. Todos me recriminaban por mi vida, y no me dejaban en paz. Mi salud mermó y marché al extranjero para ver si desaparecían las pesadillas pero éstas aumentaban y retorné a casa más muerto que vivo. Todo eso fue, no obstante, la puerta que me permitió reconocer las negligencias de mi propia vida. Me arrepentí, me confesé, liberé a todos mis sirvientes, y me propuse pasar el resto de mi vida haciendo penitencia, trabajando duro y haciéndome pasar por un pobre mendigo. Deseaba, de verdad, humillarme y hacerme el más miserable de los hombres. Apenas había tomado esta decisión, cesaron las pesadillas, y mi reconciliación con Dios me dio tal gozo y alegría que me es imposible describirlo. Y yo, que había comprendido lo que era por experiencia el infierno, comprendí también por experiencia lo que era el cielo y cómo el reino de Dios está dentro de nosotros.”

“Nuestras palabras solas no pueden cambiar a los que no creen. Únicamente podemos marcar una diferencia con nuestras oraciones y ejemplo, y sólo si tenemos amor en nuestros corazones: «Cuando rezáis por ellos, rezáis por vosotros y por vuestro futuro». Cuando rezamos no tenemos que hacerlo pidiendo lo que nosotros deseamos: Dios sabe todo lo que hay en nuestros corazones y Él conoce lo que es bueno para nosotros a largo plazo, hablando desde un punto de vista eterno, desde luego. Debemos rezar por nuestros hermanos y hermanas. Cada vez que rezamos por alguien que no cree, lo que hacemos es, fundamentalmente, secar una lágrima en el rostro de la Virgen. A través de la oración descubrimos el plan de Dios para nuestras vidas.”

“Cuando aparecía, no decía nada acerca de mis luchas personales. Sólo a través de la oración entendí finalmente que yo no era diferente de cualquier otra persona que sufría. Nuestra Señora permanecía en silencio sobre mi situación por respeto a mi libre albedrío y por amor a todos sus hijos los que la podían ver, como los que no la podían ver. Me di cuenta que, como una buena madre, Nuestra Señora no tenía favoritos.”

“En la Biblia, Juan el Bautista usaba la misma palabra cuando, en sentido figurado, describía la misión de Jesús como una cosecha de almas. A medida que la gente tocaba a Nuestra Señora, me di cuenta de que en su vestido se estaban formando agujeros negros. Estos agujeros se coagularon formando una gran mancha del color del carbón. Las manchas, dijo Nuestra Señora, representaban los pecados que nunca habían sido confesados. Durante estos encuentros diarios, Nuestra Señora nos subrayaba cosas como la oración, el ayuno, la confesión, la lectura de la Biblia e ir a misa - las 5 piedras del padre Jozo.”

“La oración interior continua es la constante aspiración del espíritu humano por alcanzar a Dios. Para aprender este dulce ejercicio, es necesario que nos concentremos en su realización y hay que pedir a menudo al Señor que Él mismo sea quien nos enseñe a orar sin cesar. Pero hace falta mucho tiempo para aprender.”

“Siéntate en soledad y permanece en absoluto silencio. Inclina la cabeza, cierra los ojos, respira suave y profundamente, imagínate que estás mirando en el interior de tu corazón, dirige hacia él todos tus pensamientos. Al ritmo de la respiración pronuncia las siguientes palabras: “Señor, Jesucristo, ¡ten piedad de mí!”, dilo moviendo los labios con dulzura y desde lo más profundo de tu ser. Esfuérzate en alejar de ti todos los demás pensamientos, ten paciencia y repítelo siempre que puedas.”

“La naturaleza de los objetos se aprecia según la disposición interior del alma», es decir, que cada uno se forma una idea de los demás según lo que es él mismo. Y más adelante añade: «Quien ha conquistado esta ciudadela no puede estar atado a la percepción de las cosas. No tiene en cuenta para nada las dulzuras de la vida, no hace diferencia entre lo sagrado y lo profano, sino que, como Dios que hace llover y que salga el sol de igual manera sobre justos e injustos.”

“Lo que me había pasado con el ciego. Su ejemplo había hecho aumentar en mí la devoción y el amor al Señor. La oración interior del corazón me hacía sentir tan feliz, que no podía pensar en una felicidad mayor sobre la tierra. Y no se trataba únicamente de una realidad interior; el mismo mundo exterior tenía para mí algo diverso; todo lo miraba con una luz especial. ¡Todo me llevaba a alabar más al Señor, y a darle gracias! Los hombres, las plantas, los animales... todo me parecía tener una presencia del Señor, que yo antes no descubría. Ahora todo se me hacía más familiar. A veces, parecía como si el cuerpo perdiese su peso natural y yo me sintiese liviano y ágil, sin notar la pesadez del cuerpo. Otras veces entraba de tal manera en mi interior, que admiraba la disposición del cuerpo, de todos sus miembros, de su hermosura... Y daba por ello gracias a Dios. A veces sentía una gran alegría, como si me hubieran nombrado zar... A veces, deseaba experimentar pronto la muerte, para poder testimoniarle mi agradecimiento en el mundo de los espíritus puros.”

“La oración siempre agrada a Dios y es útil para nuestra salvación, sean cuales fueren los sentimientos que tengas durante la misma. Lo dicen los santos Padres. Ninguna oración, ya sea rica o pobre según nuestro juicio, se perderá ante Dios. El consuelo, fervor y dulzura manifiestan que Dios te premia y consuela por el esfuerzo realizado; la pesadez, tristeza y aridez significan que, está purificando y fortaleciendo tu alma, salvándola con esta prueba saludable, disponiéndola a saborear con humildad la futura felicidad.”

“Los Apóstoles, que llevaban ya más de un año como discípulos de Jesús, y recibieron de Él su oración, el Padrenuestro, que nos han legado, y sin embargo, al final de su existencia terrena, Jesucristo les reveló el misterio que aún ignoraban, para que su oración fuese realmente eficaz. Les dijo: «Hasta ahora nada habéis pedido en mi nombre. Yo os aseguro: lo que pidáis en mi nombre al Padre, os lo dará» (Jn 16,23-24)”

“El método más eficaz para combatir la pereza y la negligencia frente a la oración consiste en la paciencia y la espera para obtener con la ayuda de Dios, la perfección y la dulzura, la estática percepción del amor divino. Con la oración se pueden obtener sin dificultad sensaciones interiores dulces y deseables; una alegría que desborda el mismo corazón, un placentero calor y una luz que resplandece interiormente, un entusiasmo indescriptible, y además alegría, paz interior, serenidad, felicidad plena y amor por la vida. «El gozo es la alegría proveniente de la esperanza que florece en el corazón; y la salud del corazón consiste en la prefiguración de esta esperanza». Y prosigue: «De hecho, todo deseo humano presupone, desde su inicio hasta su conclusión, un cierto método y la esperanza de su cumplimiento... Lo cual estimula la mente para iniciar la acción y continuarla. Esta finalidad refuerza la mente para superar los obstáculos y la conforta para llevar a término cuanto ha proyectado».”

“El espíritu humano no se contenta únicamente con lo que es sólo cuestión de los sentidos puesto que el innato amor propio nunca se mitiga. Esa es la causa por la cual los deseos se desarrollan siempre más y más, los esfuerzos por alcanzar la felicidad se intensifican, llenan la imaginación e incitan a los sentimientos hacia este mismo fin. El espontáneo surgir de este deseo interior es el natural impulso a la oración, pues la excesiva exaltación del amor propio no logra nunca satisfacer al ser humano. Cuanto menos consigue el hombre natural alcanzar la felicidad y cuanto más la desea, tanto más encuentra en la oración un desahogo. Se vuelve para orar a la desconocida Causa de todo ser, elevándole su petición. De este modo, ese innato amor propio, el principal elemento de la vida, es la causa más profunda que incita al hombre natural a la oración. En su infinita sabiduría, el Creador de todas las cosas ha infundido en la naturaleza humana la capacidad del amor propio, precisamente como estímulo, según la expresión de los Padres, que impulse hacia arriba el ser caído del hombre y lo ponga en contacto con las cosas celestiales.”

“La oración interior continua a Jesús es la invocación ininterrumpida de su nombre divino con los labios, el corazón y la inteligencia; consiste en tenerlo siempre en nosotros e implorar su gracia en todo tiempo y lugar, e incluso, durante el sueño. Esta invocación se expresa con las siguientes palabras: Señor, Jesucristo, ¡ten piedad de mí, pecador! Quien se acostumbra a esta plegaria, encuentra en ella tanto consuelo y siente tal necesidad de repetirla, que no puede vivir sin que espontáneamente resuene en su interior.”

“Camino sin parar y rezo incesantemente la oración a Jesús, que para mí es la cosa más preciosa y dulce del mundo. A veces recorro setenta verste en un día y no siento ningún cansancio: sólo sé que he rezado. Cuando siento mucho frío repito con más intensidad mi oración y me siento aliviado. Cuando siento hambre, invoco con más fuerza el nombre de Jesús y me olvido de mis deseos de comer. Si me siento enfermo y noto que me duele la espalda o las piernas, me concentro en la oración a Jesús y el dolor desaparece. Cuando alguien me ofende, pienso solamente en la oración a Jesús, la cólera y la tristeza desaparecen, y lo olvido todo. A veces pienso que me he vuelto un poco extraño, no tengo preocupaciones, nada me causa pesar, nada de lo externo me atrae, me agrada estar solo y la única necesidad que tengo es la de orar continuamente. Cuando lo hago me lleno de gozo. ¡Sólo Dios sabe lo que está haciendo en mí!”

“Después de un tiempo, sentí que mi oración había pasado de los labios al corazón. Me parecía que el corazón mismo, con sus latidos, iba diciendo las palabras de la oración. Rítmicamente el corazón parecía decir: 1. Señor; 2. Jesucristo; 3. Hijo; 4. de Dios; 5. ten piedad; 6. de mí. Dejé de mover mis labios y estuve atento al corazón, intentando también mirar en mi interior.”

“El monje me decía que las palabras del evangelio obran por sí mismas, porque son palabra de Dios. —No es necesario entender, basta leer con atención. Un santo dijo que si tú no entiendes la palabra de Dios, los malos espíritus sí la entienden, y tiemblan. Y tu embriaguez viene de los malos espíritus. Y te diré todavía más. San Juan Crisóstomo asegura que hasta el lugar donde se guardan las Escrituras aterra a los malos espíritus y es un obstáculo para sus intenciones.”