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Paciencia Quotes

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Paciencia Quotes

“El afecto produce felicidad si hay, y solamente si hay, sentido común, el dar y recibir mutuos —ese tira y afloja—, y «honestidad»; en otras palabras: sólo si se añade algo más que el mero afecto, algo distinto del afecto, pues el sentimiento solo no es suficiente. Se necesita «sentido común», es decir, razón; se necesita «tira y afloja», esto es, se necesita justicia que continuamente estimule al afecto cuando este decae, y en cambio lo restrinja cuando olvida o va contra el «arte» de amar; se necesita «honestidad», y no hay por qué ocultar que esto significa bondad, paciencia, abnegación, humildad, y la intervención continua de una clase de amor mucho más alta, amor que el afecto en sí mismo considerado nunca podrá llegar a ser. Aquí está toda la cuestión: si tratamos de vivir sólo de afecto, el afecto «nos hará daño».”

“Desgraciadamente, quienes han perdido el auténtico sentido de la humildad –esa permanente conciencia de la relación entre cada individuo y Dios– han perdido también la capacidad de llevar sus cargas de este modo. No ven más que la carga, las dificultades y las humillaciones en sí; y se hunden. Empiezan a autocompadecerse, a cuestionarse cosas de su vida matrimonial o de su vocación que antes estimaban en mucho. El sacrificio, el esfuerzo y la entrega parecen no tener sentido; la caridad, la paciencia y el amor se convierten en meras palabras vacías. Empiezan a cuestionarse incluso el acierto o la validez de su decisión primera, a buscar la libertad o algún modo de escapar.”

“Marko era mi novio. No hubo un momento particular en el que supe que Marko era el indicado. Todo sucedió gradualmente. Fue insistente; de hecho, lo había sido durante muchos años. Pero más que nada, siempre podía contar con él. Me consolaba en los momentos de mayor sufrimiento. Cuando la policía me llevó de vuelta a la fuerza a Sarajevo, me llamaba por teléfono a menudo sólo para saber cómo estaba. En el periodo que contemplaba la posibilidad de ser monja, nunca intentó persuadirme de lo contrario. Y cuando se mudó a la ciudad, estaba pendiente de mí. Me di cuenta que realmente yo le importaba y mi corazón empezó a abrirse a él poco a poco. Un chico con menos paciencia probablemente hubiera renunciado hacía años. Siempre había sido maravilloso y amable, y, lo más importante, era creyente.”

“Si el fruto que debemos producir es el amor, una condición previa es precisamente este «permanecer», que tiene que ver profundamente con esa fe que no se aparta del Señor. En Jn 15,7 se habla de la oración como un factor esencial de este permanecer.”

“No hay nada como el suspense y la ansiedad para parapetar el alma de un humano contra el Enemigo. Él quiere que los hombres se preocupen de lo que hacen; nuestro trabajo consiste en tenerles pensando qué les pasará. Tu paciente debería aceptar con paciencia la tribulación que le ha caído en suerte: el suspense y la ansiedad actuales. Es sobre esto por lo que debe decir: “Hágase tu voluntad”, y para la tarea cotidiana de soportar esto se le dará el pan cotidiano. Es asunto tuyo procurar que el paciente nunca piense en el temor presente como en su cruz, sino sólo en las cosas de las que tiene miedo. Déjale considerarlas sus cruces: déjale olvidar que, puesto que son incompatibles, no pueden sucederle todas ellas. Piensa en tu hombre como en una serie de círculos concéntricos, de los que el más interior es su voluntad, después su intelecto, y finalmente su imaginación. Debes estar empujando constantemente todas las virtudes hacia fuera, hasta que estén finalmente situadas en el círculo de imaginación, y todas las cualidades deseables hacia dentro, hacia el círculo de la voluntad.”

“La oración interior continua es la constante aspiración del espíritu humano por alcanzar a Dios. Para aprender este dulce ejercicio, es necesario que nos concentremos en su realización y hay que pedir a menudo al Señor que Él mismo sea quien nos enseñe a orar sin cesar. Pero hace falta mucho tiempo para aprender.”

“Siéntate en soledad y permanece en absoluto silencio. Inclina la cabeza, cierra los ojos, respira suave y profundamente, imagínate que estás mirando en el interior de tu corazón, dirige hacia él todos tus pensamientos. Al ritmo de la respiración pronuncia las siguientes palabras: “Señor, Jesucristo, ¡ten piedad de mí!”, dilo moviendo los labios con dulzura y desde lo más profundo de tu ser. Esfuérzate en alejar de ti todos los demás pensamientos, ten paciencia y repítelo siempre que puedas.”