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Ansiedad Quotes

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Ansiedad Quotes

“Y a esto se junta que estas pobres almas se ven a sí mismas como inferiores. Unidas simplemente a Dios por la fe y el amor, todo lo sensible que ven en sí mismas les parece un desorden. Y eso les previene aún más contra sí mismas, cuando se comparan con quien pasan por santos, personas bien capaces de sujetarse a reglas y métodos, que en toda su personas y sus acciones dan un testimonio de vida ordenada. Entonces, la vista de sí mismas les llena de confusión y les resulta insoportable. De ahí nacen así, del fondo de su corazón, suspiros y gemidos amargos, que no expresan sino ese exceso de dolor y de aflicción que les abruma. Acordémonos de que Jesús era Dios y hombre al mismo tiempo; él estaba aniquilado como hombre, y como Dios, lleno de gloria. Estas almas, sin participar de su gloria, sienten sólo esas aniquilaciones que en ellas producen sus tristes y dolorosas apariencias. A los ojos del mundo vienen a ser lo que era Jesús a los ojos de Herodes y de su corte.”

“Desgraciadamente, quienes han perdido el auténtico sentido de la humildad –esa permanente conciencia de la relación entre cada individuo y Dios– han perdido también la capacidad de llevar sus cargas de este modo. No ven más que la carga, las dificultades y las humillaciones en sí; y se hunden. Empiezan a autocompadecerse, a cuestionarse cosas de su vida matrimonial o de su vocación que antes estimaban en mucho. El sacrificio, el esfuerzo y la entrega parecen no tener sentido; la caridad, la paciencia y el amor se convierten en meras palabras vacías. Empiezan a cuestionarse incluso el acierto o la validez de su decisión primera, a buscar la libertad o algún modo de escapar.”

“No me podía ir, no me podía quedar. Un cigarro. Un cigarro era lo único que me podía ayudar. Los pedí. No tenían y, aunque tuvieran, no se podía fumar ahí. Tenía que salir. Entonces me paré, busqué en mis pantalones y me di cuenta de que tenía una cajetilla de la cual dos cigarros todavía eran salvables. Pedí cerillos, me los dieron y salí. Roberto estaba afuera. Entonces recordé que habíamos quedado de vernos en la entrada y no en el bar. Al recordar eso, toda mi ansiedad tomó piso; mis manos dejaron de incomodarme, mis pies permanecieron calmados y mis dientes dejaron de mutilar mi labio inferior. Él estaba de espaldas, sentado en la banqueta, con la mirada hacia la calle, fumando. Me senté a su lado, tomé su cigarro, encendí el mío e inhalé profundamente. Lo volteé a ver. Lo observé detenidamente, como si tratara de descifrar algo en su perfil. No me importó que la pesadez de mi mirada lo incomodara. Aún así, parecía no hacerlo; él seguía con la mirada hacia Central Park, fumando, como si nada lo observara, como si la persona que estaba a su lado no estuviera tan cerca, tan atento, como si nadie quisiera encontrar en él algo más, algo peculiar y encantador, algo cautivador, como si el mundo no tuviera expectativas de él y, por eso, no le importara decepcionar a nadie. Así seguía él, como si nada. Y eso me dio paz.”

“En la noche de insomnio de tu paciente, has probado ese vino que es la recompensa de todos nuestros esfuerzos —la angustia y el desconcierto de un alma humana. ¿Respondió el paciente a alguna de tus terroríficas visiones del futuro? ¿Le hiciste echar unas cuantas miradas autocompasivas al feliz pasado? Que ninguna excitación temporal te distraiga del verdadero asunto de minar la fe e impedir la formación de virtudes.”

“No hay nada como el suspense y la ansiedad para parapetar el alma de un humano contra el Enemigo. Él quiere que los hombres se preocupen de lo que hacen; nuestro trabajo consiste en tenerles pensando qué les pasará. Tu paciente debería aceptar con paciencia la tribulación que le ha caído en suerte: el suspense y la ansiedad actuales. Es sobre esto por lo que debe decir: “Hágase tu voluntad”, y para la tarea cotidiana de soportar esto se le dará el pan cotidiano. Es asunto tuyo procurar que el paciente nunca piense en el temor presente como en su cruz, sino sólo en las cosas de las que tiene miedo. Déjale considerarlas sus cruces: déjale olvidar que, puesto que son incompatibles, no pueden sucederle todas ellas. Piensa en tu hombre como en una serie de círculos concéntricos, de los que el más interior es su voluntad, después su intelecto, y finalmente su imaginación. Debes estar empujando constantemente todas las virtudes hacia fuera, hasta que estén finalmente situadas en el círculo de imaginación, y todas las cualidades deseables hacia dentro, hacia el círculo de la voluntad.”

“Necesitar ser como Dios es intrínsecamente necesitar tirar a la basura lo que se es. Ser otro distinto a uno mismo. Y esta necesidad deviene, en los modos más sofisticados y recónditos, un rechazo de sí mismo que, sin embargo, emerge como una ansiedad por uno mismo. El orgullo, el amor propio, son en realidad odio a uno mismo.”

“—Tienes que saber que yo siempre estoy confuso. No fui ni escribí porque quería apartarme de ti sin quererlo. Tú no lo entendías. Querías hacerme volver por todos los medios y yo tenía un miedo terrible. Te sentía a ti cuando intentaba dormirme en casa del médico. Me obsesionabas. Yo sabía que algo iba mal, pero no podía decir el qué. Así que me dediqué a pensar que eras tú.”

“La promesa moderna de conjurar o derrotar una tras otra todas las amenazas para la seguridad humana se ha cumplido hasta cierto punto, [...] La que evidentemente no se ha materializado, sin embargo, es la expectativa de liberación de los miedos nacidos de la inseguridad y nutridos por ella. [...] Combinada con la convicción de que, aún así, esa promesa es algo que podría hacerse realidad de algún modo, esa frustración de esperanzas añade la afrenta de la impotencia a la ofensa de la inseguridad, y canaliza la ansiedad en forma de deseo de dar con los culpables y de castigarlos, así como de obtener indemnización/compensación por las esperanzas que ya han sido traicionadas.”

“En los que proceden de bien en mejor, el buen ángel toca a la tal ánima dulce, leve y suavemente, como gota de agua que entra en una esponja; y el malo toca agudamente y con sonido y inquietud, como cuando la gota de agua cae sobre la piedra. Y a los que proceden de mal en peor tocan los sobredichos espíritus contrario modo.”

“Cabe ser sensible con respecto a uno mismo. Tener conciencia, por ejemplo, de una sensación de cansancio o depresión, y en lugar de entregarse a ella y aumentarla por medio de pensamientos deprimentes que siempre están a mano, preguntarse «¿qué ocurre?» «¿Por qué estoy deprimido?» Lo mismo sucede al observar que uno está irritado o enojado, o con tendencia a los ensueños u otras actividades escapistas. En cada uno de esos casos, lo que importa es tener conciencia de ellos y no racionalizarlos en las mil formas en que es factible hacerlo; además estar atentos a nuestra voz interior, que nos dice —por lo general inmediatamente—por qué estamos angustiados, deprimidos, irritados.”

“¿Quién no imagina cosas que le causan ansiedad? Tal vez sin llegar a estos extremos, como tener que dar un discurso en una boda, por ejemplo, a mucha gente le da pánico cagarla o que les ridiculicen o se rían de ellos. O accidentalmente puedes tomar contacto visual con un psicópata en el tren y pensar ¿Y si se baja detrás de mí y me sigue a casa? Gracias a la imaginación, hay un sinfín de cosas en el mundo que pueden desencadenar ansiedad. Normalmente, claro, te puedes liberar de esos miedos enfrentándote a ellos o contándoselos a alguien. Normalmente.”

“Hay experiencias en la vida que te cambian, te hacen repensar la trayectoria de tus actos y te interpelan acerca de tu lugar en el mundo. Retrospectivamente, puedo identificar a ésta como una de ellas. Fue tan rápida, fortuita y cruel, que jamás volví a sentirme a salvo ni en el café ni en el bar. Jamás volví a ver el mundo con los mismos lentes de color de rosas. Jamás volví a confiarme al andar por la calle. Hubo una parte de mi juventud que se perdió en aquel instante, como si la inocencia que no sabía que aún poseía hubiese sido ultrajada de manera definitiva. El mundo era ahora un sitio peligroso, uno que podía ponerle fin a todo de un segundo al otro.”

“No me canso de afirmar que existe un universo de personas con una imposibilidad fisiológica para la calma. Yo soy una de ellas. Y es necesario nombrar a la ansiedad para que ese estribillo que cantan los “cálmate, no va a pasar nada” deje de repetirse porque es un sinsentido. Porque el hecho es que sí ocurre algo, pero ocurre dentro. Una tormenta, el pánico, la locura, un tiroteo. Un león que te persigue, un abismo que se abre, la sensación de que estás sin estar, de que la realidad, por más palpable y presente que sea, para ti es brumosa, lejana, desenfocada.”

“Tiene un caparazón, y él mejor que nadie sabe lo difícil que resulta desprenderse de este. «Lo construimos a nuestro alrededor como defensa, adhiriéndolo con tanta precisión a nuestra personalidad que, finalmente, se funde con ella hasta atraparla en el interior. Lo que erigimos para evitar ataques externos acaba convirtiéndose en el peor enemigo, la tumba donde perecen nuestros anhelos y el origen del lado oscuro, ese que se expande hasta eclipsarlo todo.»”