Quotessence
Home / Topics / Temor Quotes

Temor Quotes

Browse 42 quotes about Temor.

Temor Quotes

“San Agustín explica que el sufrimiento es la herencia desde que Adán mezcló nuestra copa de dolor y fatigas. A nadie se le dispensa de ese cáliz, el llanto del recién nacido da fe de ello. Nuestra naturaleza se resiste a él. Jesús responde ante el dolor aceptándolo y sometiéndose a él. Jesús no está libre de temores pero están ordenados. En Getsemaní teme lo que va a suceder pero es mayor su temor a desobedecer la voluntad del Padre. Jesús enseña que hay cosas por encima de la vida física. Hay un cielo que no es algo lejano en el espacio ni en el tiempo. Empieza con nosotros en el Bautismo y crece cada vez que bebemos la Copa Eucarística.”

“El temor es enemigo de lo nuevo y lo repentino que sobreviene con peligro de perder las cosas que se aman y se quieren conservar; pero, ¿qué cosa hay más insólita y repentina que tú; o quién podrá nunca separar de ti lo que tú amas? ¿Y dónde hay fuera de ti seguridad verdadera? La tristeza se consume en el dolor por las cosas perdidas en que se gozaba la codicia y no quería que le fueran quitadas; pero a ti nada se te puede quitar. ¿Soñé que con el uso de una falaz libertad me colocaba imaginariamente por encima de una ley que en la realidad me domina, haciendo impunemente, en un remedo ridículo de tu omnipotencia lo que no me era permitido?”

“Toda calamidad grave, epidemia, hambre, guerra, disturbios cósmicos (vulcanismo, terremotos), provocan psicosis colectivas. Entonces las poblaciones oscilan entre la angustia y la agresión descontrolada, y suele tener lugar una evasión hacia una dimensión imaginaria: el establecimiento en la tierra del reino de Dios: -La destrucción de Babilonia, se ha dicho, es Jerusalem reencontrada.-”

“Quanto ao resto, que o Deus que tudo vê e é Senhor dos espíritos e de todos os seres vivos — que elegeu o Senhor Jesus Cristo e, por meio dele, nos elegeu para sermos o seu povo particular — conceda a toda a pessoa que invoca o seu nome magnífico e santo, a fé, o temor, a paz, a perseverança, a paciência, a continência, a pureza e a moderação. Dessa forma, a pessoa será agradável ao seu Nome, por meio de nosso sumo sacerdote e protetor Jesus Cristo, pelo qual sejam dadas a Deus a glória, a grandeza, o poder e a honra, agora e pelos séculos dos séculos. Amém.”

“El orden -el territorio explorado- se construye a partir de caos y existe, simultáneamente, en oposición a ese caos (más exactamente al caos *nuevo*; a lo desconocido, ahora definido en oposición al territorio explorado). Todo lo que no es orden -es decir, no predecible, no usable- es, por defecto (por definición), caos. El extranjero, -cuyos comportamientos no pueden predecirse, que no es habitante del *cosmos*, cuya existencia y dominio no han sido sacralizados- es equivalente al caos (y no solo igual al casos metafóricamente).”

“¿Qué puede inquietar al alma que acepta cada momento de cada día como un don salido de las manos de Dios, y que lucha por hacer su voluntad? «Si Dios está con nosotros, ¿quién contra nosotros?». Nada, ni siquiera la muerte, puede separarnos de Él. No hay nada que nos afecte que no salga de sus manos; nada puede turbarnos, porque todo procede de ellas. ¿Es esto demasiado simple, o es más bien que nos da miedo creerlo, aceptarlo plenamente y en cada detalle de nuestra vida; que nos da miedo entregarnos a ello con un compromiso total?”

“EL MITO DE LA LIBERTAD HUMANA En las democracias occidentales hay escasas limitaciones físicas a las libertades individuales, pero son sustituidas por presiones más sutiles, más sofisticadas, menos conscientes. No suelen ser limitaciones físicas sino psíquicas. No actúan sobre la decisión de manera directa, mediante la obligación o la prohibición, sino de manera indirecta, presionando con promesas o veladas amenazas. Las limitaciones a la libertad provienen a menudo de la inducción más o menos inadvertida de deseos y temores. Una cosa es impedir al individuo obrar conforme a su voluntad y otra es condicionar su voluntad para que obre conforme se desea. La diferencia, en el fondo, es solo de matiz. Los resultados son similares. No hay riesgo alguno en dejar que el sujeto haga lo que quiera cuando se está seguro de conseguir que quiera lo que se pretende que haga. En definitiva, cuando se coarta la libertad mediante la prohibición y la imposición, se está incidiendo directamente en el hacer: no poder hacer lo que se desea, y tener que hacer lo que no se desea. En las democracias hay otros mecanismos condicionantes de la libertad humana, la persuasión y la seducción, que sólo indirectamente repercuten en el hacer, incidiendo directamente en el deseo o en el temor. Estos mecanismos se expresan en la fórmula: poder hacer lo que se desea porque se desea lo que otros desean que se desee.”

“«I don’t know», Byron said. «I reckon that’s just my life». «And I reckon this is just my life, too» the other said. «But I know why it is», Byron thinks. «It is because a fellow is more afraid of the trouble he might have than he ever is of the trouble he’s already got. He’ll cling to trouble he’s used to before he’ll risk a change. Yes. A man will talk about how he’d like to escape from living folks. But it’s the dead folks that do him the damage. It’s the dead ones, that lay quiet in one place and don’t try to hold him, that he can’t escape from».”

“Cristo es también y sobre todo el Revelador, cuya decisión es la única que hace posible la opción humana por Dios en una hora como la muerte» (p. 328). La angustia de Jesús en Getsemaní es algo mucho más radical que la angustia que asalta a cada hombre ante la muerte: es el choque frontal entre la luz y las tinieblas, entre la vida y la muerte, el verdadero drama de la decisión que caracteriza a la historia humana. En este sentido podemos aplicarnos a nosotros mismos, como hace Pascal, de manera totalmente personal, el acontecimiento del Monte de los Olivos: también mi pecado estaba en aquel cáliz pavoroso. Pascal oye al Señor en agonía en el Monte de los Olivos que le dice: «Aquellas gotas de sangre, las he derramado por ti» (cf. Pensées, VII, 553)”

“En una sesión, el terapeuta del té verde trató de hipnotizarme. No lo logró, pero al menos me relajé y pude ver dentro de mi corazón un trozo enorme de granito negro. Supe entonces que mi tarea sería librarme de eso; tendría que picarlo en pedacitos, poco a poco. Para deshacerme de aquella oscura roca, además de la terapia y las caminatas en el bosque diáfano de tus cenizas, tomé clases de yoga y multipliqué las tranquilas sesiones de acupuntura con el doctor Shima, tanto por el beneficio de su ciencia, como por el de su presencia. Reposando en su camilla con agujas por todas partes, meditaba y me evadía a otras dimensiones. Te buscaba, hija. Pensaba en tu alma, atrapada en un cuerpo inmóvil durante aquel largo año de 1992. A veces sentía una garra en la garganta y apenas podía aspirar aire, o me agobiaba el peso de un saco de arena en el pecho y me sentía enterrada en un hoyo, pero pronto me acordaba de dirigir la respiración al sitio del dolor, con calma, como se supone que se debe hacer durante el parto, y de inmediato disminuía la angustia. Entonces visualizaba una escalera que me permitía salir del hoyo y subir a la claridad del día, al cielo abierto. El miedo es inevitable, debo aceptarlo, pero no puedo permitir que me paralice. Una vez dije -o escribí en alguna parte- que después de tu muerte ya no tengo miedo de nada, pero eso no es verdad, Paula. Temo perder o ver sufrir a las personas que amo, temo el deterioro de la vejez, temo la creciente pobreza, violencia y corrupción en el mundo. En estos años sin ti he aprendido a manejar la tristeza, a hacerla mi aliada. Poco a poco tu ausencia y otras pérdidas de mi vida sevan convirtiendo en una dulce nostalgia. Eso es lo que pretendo en mi tambaleante práctica espiritual: deshacerme de los sentimientos negativos que impiden caminar con soltura. Quiero transformar la rabia en energía creativa y la culpa en una burlona aceptación de mis fallas; quiero barrer hacia fuera la arrogancia y la vanidad. No me hago ilusiones, nunca alcanzaré el desprendimiento absoluto, la auténtica compasión o el estado de éxtasis de los iluminados, parece que no tengo huesos de santa, pero puedo aspirar a las migas: menos ataduras, algo de cariño hacia los demás, la alegría de una conciencia limpia.”

“Es posible que en el fondo Okonkwo no fuera cruel. Pero toda su vida estaba dominada por el temor, el temor al fracaso y a la debilidad. Era algo más profundo y más íntimo que el temor a los dioses malignos y caprichosos y a la magia, que el temor a la selva y a las fuerzas de la naturaleza, malévolas, de dientes y garras rojos. Los temores de Okonkwo eran peores que todo eso. No eran externos, sino que yacían en lo más hondo de su ser.”

“—Tienes que saber que yo siempre estoy confuso. No fui ni escribí porque quería apartarme de ti sin quererlo. Tú no lo entendías. Querías hacerme volver por todos los medios y yo tenía un miedo terrible. Te sentía a ti cuando intentaba dormirme en casa del médico. Me obsesionabas. Yo sabía que algo iba mal, pero no podía decir el qué. Así que me dediqué a pensar que eras tú.”

“He notado que a veces inspiro temor. Pero lo que cada uno teme es a sí mismo. Creen que yo soy la causa de sus preocupaciones, mas lo que en realidad los asusta es el enano que llevan dentro, la caricatura humana de rostro simiesco que suele asomar la cabeza desde las profundidades del alma. Se asustan porque ignoran que llevan otro ser dentro de ellos mismos. Les espanta ver surgir a la superficie ese desconocido que les parece no tener nada de común con su verdadera vida: Cuando nada aparece por encima de esos bajos fondos, entonces ni se asustan ni se inquietan por lo que pueda suceder. Andan con la cabeza levantada, impasibles, con sus rostros inexpresivos. Pero hay siempre en ellos alguna otra cosa que fingen ignorar; viven, sin saberlo, muchas vidas a la vez. Son singularmente recelosos e incoherentes. Y son deformes, aun cuando esto no sea visible”

“La facultad de pensar objetivamente es la razón; la actitud emocional que corresponde a la razón es la humildad. Ser objetivo, utilizar la propia razón, sólo es posible si se ha alcanzado una actitud de humildad, si se ha emergido de los sueños de omnisciencia y omnipotencia de la infancia. Puesto que el amor depende de la ausencia relativa del narcisismo, requiere el desarrollo de humildad, objetividad y razón. La humildad y la objetividad son indivisibles, tal como lo es el amor. Debo tratar de ver la diferencia entre mi imagen de una persona y de su conducta, tal como resulta de la deformación narcisista, y la realidad de esa persona tal como existe independientemente de mis intereses, necesidades y temores.”

“Al diablo le encanta producir miedo para extinguir el amor. Como se nos dice que el amor expulsa el miedo (1 Juan 4, 18), el miedo aleja los actos desinteresados de amor. El poder de Satanás es real, y podemos estar sujetos a él si somos orgullosos u operamos fuera de la autoridad que el Señor nos ha dado. Experimentarás la muerte y el conflicto interior mientras Dios quita las cosas que se oponen a Su amor.”

“El temor (¿No les estaré adormeciendo con mis palabras?), no es un problema insoluble. Cuando se comprende el temor, se comprenden también todos los problemas relacionados con ese temor. Cuando no hay miedo, hay libertad. Y cuando existe esta libertad interna, psicológica, total, y no hay dependencia alguna, entonces la mente no queda tocada por ningún habito. ¿Sabe usted? El amor no es hábito, no puede cultivarse; los hábitos sí pueden cultivarse, y para la mayoría de nosotros, el amor es algo que está muy lejos; nunca hemos conocido su cualidad, ni conocemos si quiera su naturaleza. Para dar con el amor, tiene que haber libertad. Cuando la mente está en completa calma, dentro de su propia libertad, entonces surge lo «imposible», que es el amor.”

“En realidad, no sé qué haría si de pronto, por algún motivo, tuviera que vivir solo. Si en mi cama sintiera, en vez de su tibieza, su ausencia; si no pudiera reclamarle un movimiento brusco que me despierta; si a media noche no pudiera impacientarme y decirle que se retire un poco, porque tengo calor, o en la madrugada, quedamente, apretando su mano, que se acerque.”

“Cada que escucho caer un trueno, mi corazón se acelera de manera desesperada y corro a ocultarme debajo de mis cobijas. Es totalmente absurdo creer que un par de edredones podrán protejerme de una fuerza mayor, pero es en ese momento, mientras trato de alargar el lapso de tiempo entre un trueno y el siguiente, es ese el preciso momento dónde siempre encuentro alguna manera de consolarme y decirme a mi misma que todo esta bien. De todos modos soy lo suficientemente grande para saber que no debería tener miedo. Entonces escucho ese sonido de nuevo y todo se repite.”