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Quote by Erin Doom

Work

Fabbricante di lacrime

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Author

Erin Doom

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“En una sesión, el terapeuta del té verde trató de hipnotizarme. No lo logró, pero al menos me relajé y pude ver dentro de mi corazón un trozo enorme de granito negro. Supe entonces que mi tarea sería librarme de eso; tendría que picarlo en pedacitos, poco a poco. Para deshacerme de aquella oscura roca, además de la terapia y las caminatas en el bosque diáfano de tus cenizas, tomé clases de yoga y multipliqué las tranquilas sesiones de acupuntura con el doctor Shima, tanto por el beneficio de su ciencia, como por el de su presencia. Reposando en su camilla con agujas por todas partes, meditaba y me evadía a otras dimensiones. Te buscaba, hija. Pensaba en tu alma, atrapada en un cuerpo inmóvil durante aquel largo año de 1992. A veces sentía una garra en la garganta y apenas podía aspirar aire, o me agobiaba el peso de un saco de arena en el pecho y me sentía enterrada en un hoyo, pero pronto me acordaba de dirigir la respiración al sitio del dolor, con calma, como se supone que se debe hacer durante el parto, y de inmediato disminuía la angustia. Entonces visualizaba una escalera que me permitía salir del hoyo y subir a la claridad del día, al cielo abierto. El miedo es inevitable, debo aceptarlo, pero no puedo permitir que me paralice. Una vez dije -o escribí en alguna parte- que después de tu muerte ya no tengo miedo de nada, pero eso no es verdad, Paula. Temo perder o ver sufrir a las personas que amo, temo el deterioro de la vejez, temo la creciente pobreza, violencia y corrupción en el mundo. En estos años sin ti he aprendido a manejar la tristeza, a hacerla mi aliada. Poco a poco tu ausencia y otras pérdidas de mi vida sevan convirtiendo en una dulce nostalgia. Eso es lo que pretendo en mi tambaleante práctica espiritual: deshacerme de los sentimientos negativos que impiden caminar con soltura. Quiero transformar la rabia en energía creativa y la culpa en una burlona aceptación de mis fallas; quiero barrer hacia fuera la arrogancia y la vanidad. No me hago ilusiones, nunca alcanzaré el desprendimiento absoluto, la auténtica compasión o el estado de éxtasis de los iluminados, parece que no tengo huesos de santa, pero puedo aspirar a las migas: menos ataduras, algo de cariño hacia los demás, la alegría de una conciencia limpia.”

“Es posible que en el fondo Okonkwo no fuera cruel. Pero toda su vida estaba dominada por el temor, el temor al fracaso y a la debilidad. Era algo más profundo y más íntimo que el temor a los dioses malignos y caprichosos y a la magia, que el temor a la selva y a las fuerzas de la naturaleza, malévolas, de dientes y garras rojos. Los temores de Okonkwo eran peores que todo eso. No eran externos, sino que yacían en lo más hondo de su ser.”

“—Tienes que saber que yo siempre estoy confuso. No fui ni escribí porque quería apartarme de ti sin quererlo. Tú no lo entendías. Querías hacerme volver por todos los medios y yo tenía un miedo terrible. Te sentía a ti cuando intentaba dormirme en casa del médico. Me obsesionabas. Yo sabía que algo iba mal, pero no podía decir el qué. Así que me dediqué a pensar que eras tú.”

“He notado que a veces inspiro temor. Pero lo que cada uno teme es a sí mismo. Creen que yo soy la causa de sus preocupaciones, mas lo que en realidad los asusta es el enano que llevan dentro, la caricatura humana de rostro simiesco que suele asomar la cabeza desde las profundidades del alma. Se asustan porque ignoran que llevan otro ser dentro de ellos mismos. Les espanta ver surgir a la superficie ese desconocido que les parece no tener nada de común con su verdadera vida: Cuando nada aparece por encima de esos bajos fondos, entonces ni se asustan ni se inquietan por lo que pueda suceder. Andan con la cabeza levantada, impasibles, con sus rostros inexpresivos. Pero hay siempre en ellos alguna otra cosa que fingen ignorar; viven, sin saberlo, muchas vidas a la vez. Son singularmente recelosos e incoherentes. Y son deformes, aun cuando esto no sea visible”

“La facultad de pensar objetivamente es la razón; la actitud emocional que corresponde a la razón es la humildad. Ser objetivo, utilizar la propia razón, sólo es posible si se ha alcanzado una actitud de humildad, si se ha emergido de los sueños de omnisciencia y omnipotencia de la infancia. Puesto que el amor depende de la ausencia relativa del narcisismo, requiere el desarrollo de humildad, objetividad y razón. La humildad y la objetividad son indivisibles, tal como lo es el amor. Debo tratar de ver la diferencia entre mi imagen de una persona y de su conducta, tal como resulta de la deformación narcisista, y la realidad de esa persona tal como existe independientemente de mis intereses, necesidades y temores.”

“Al diablo le encanta producir miedo para extinguir el amor. Como se nos dice que el amor expulsa el miedo (1 Juan 4, 18), el miedo aleja los actos desinteresados de amor. El poder de Satanás es real, y podemos estar sujetos a él si somos orgullosos u operamos fuera de la autoridad que el Señor nos ha dado. Experimentarás la muerte y el conflicto interior mientras Dios quita las cosas que se oponen a Su amor.”