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Suicidio Quotes

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Suicidio Quotes

“E qui bisogna menzionare anche quanto scritto da Walter Rathenau nelle sue Briefe an eine Liebende: “Le ho detto ciò che penso della morte volontaria, e le dirò ciò su cui non mi sono mai pronunciato: ma poi non voglio più né parlarne né sentirne parlare. […] Ritengo questa fine un'ingiustizia metafisica, un'ingiustizia nei confronti dello spirito. Una mancanza di fiducia nella Bontà eterna, una rivolta contro l'intimo dovere di obbedire alla legge universale. Chi si uccide, uccide e non solo se stesso, ma anche un altro essere. Perché l'uomo non è un'isola. Questa morte, ne sono profondamente convinto, non è una liberazione come quella naturale e incolpevole. Ogni violenza nel mondo ha delle conseguenze, come ogni azione. Esistiamo per prendere su di noi un po' del dolore del mondo offrendo il nostro petto, non per moltiplicarlo facendo a nostra volta violenza. So che lei soffre e io soffro con Lei. Sia indulgente con questo dolore, ed esso sarà indulgente con lei. I desideri e la collera lo accrescono; con la dolcezza esso si addormenta come un bambino. Lei è cosi ricca di amore, lo rivolga tutto agli esseri umani, ai bambini, alle cose e alle sue sofferenze. Non si chiuda nella solitudine, non voglia essere sola. Superi l'ostacolo, lo guardi negli occhi: non è nulla”.”

“Los románticos del XIX idealizaban el suicidio. Lo pintaban con rubores en las mejillas de Ofelia, lo escribían con heroísmo en Werther, lo enfundaban en vestidos blancos y lo dibujaban con una mano sobre la frente y unos ojos cerrados, plácidos, soñadores, bellos. Lo que Hernán se había hecho destruía toda idealización. Era un acto de salvajismo,, de desesperación, de inexplicable brutalidad. Una vez imaginado, Federico no pudo desprenderse de ese cuadro horripilante que lo llenaba de dolor. No podía darle validez ni descartarlo, porque nadie le permitió ver el cuerpo. Nadie le permitió conocer su apariencia durante el funeral. La impotencia de no poder hacer nada, la fantasía de miles de cosas que habría hecho de hallarse en el lugar exacto y en el momento justo, se colaron en su pecho junto a la opresión de saber que el chico que lo había acompañado desde la infancia, a quien él mismo se había jurado proteger, había sucumbido de la peor manera ante una muerte horrible. Y no había sido capaz de evitarlo.”

“Aráoz sopesa concienzudamente la posibilidad de matarse. Mejor dicho, analiza esa alternativa como parte de su reflexión perpetua, diurna y nocturna, de cara al ventilador de techo suspendido sobre su cama. No es que sienta un impulso demasiado profundo en ese sentido. De hecho, no siente ningún impulso hacia ninguna acción, ningún comportamiento. Pero por eso se pregunta si, careciendo de todo futuro, no sería lo más aconsejable dar por terminada su presencia en Wilde y en el resto del planeta. Se lo dice así, en silencio pero con sorna, y no encuentra respuesta. Matarse debería tener un atractivo. Y no es poca cosa hallar algo atractivo en esa estepa. Matarse tendría que significar dejar de sufrir. Dejar de perder. Tirado así, sobre la cama, con los ojos fijos en alguna de las cuatro paletas del ventilador del techo, no resulta poca cosa. ¿O sí? En realidad, sí. Le da lo mismo matarse que seguir vivo. Así que va a seguir vivo. Resulta menos trabajoso que matarse.”

“Menos mal que no morí de los momentos en que quise morir; que no salté del puente, ni cubrí las muñecas de sangre, ni me acosté en los rieles, allá lejos. Menos mal que no até la cuerda a la viga del techo, ni compré en la farmacia, con una receta falsa, una dosis de sueño eterno. Menos mal que tuve miedo: de los cuchillos, de las alturas, pero sobre todo de no morir completamente y quedarme por ahí —aún más perdida que antes— escrutando sin ver. Menos mal que el techo fue siempre demasiado alto y yo ridículamente pequeña para la muerte. Si yo hubiera muerto de uno de esos momentos, no oiría ahora tu voz, que me llama mientras escribo este poema, que acaso no parece, pero es, un poema de amor.”

“[[[En lo que creo que fue anoche, imagino que soñé. Me sentía muy débil, acompañada por una exnovia cuyo rostro no recuerdo, a punto de desaparecer en el mar, y le dije algo así como: Quédate conmigo esta noche. Debes verme morir. No temas por mí: mi cara lucirá la sincera sonrisa satisfecha del éxito que nunca tuve en vida y mi alma ascenderá al mundo lunar a través de la escalera formada por los rayos crespusculares. He tenido un regusto a muerte demasiado tiempo en la lengua. La resaca es fúnebre. Olvida que fui una diosa. Reza por mí. Fascinada por esta visión, desperté justo antes de que el agua me tocase la línea del labio.]]]”

“Veamos si encontramos otro camino para imaginarnos cómo se debe sentir un hombre que está dispuesto a renunciar al peso, por lo general tan ligero para otros, de la vida. Porque solo si somos capaces de sentir lo que él siente tenemos derecho a hablar sobre ello. La naturaleza humana -continué-, tiene sus límites: puede soportar la felicidad, el sufrimiento, el dolor, sólo hasta cierto grado, sucumbe en cuanto lo ha sobrepasado. En esto no se trata entonces de si alguien es débil o fuerte, sino sólo de si es capaz de soportar su grado de sufrimiento, ya sea moral o físico. Y al mismo tiempo me parece equivocado decir que un hombre que se quita la vida es un cobarde, así como sería inoportuno llamar cobarde a alguien que muere por una fiebre maligna. Reconoces que denominamos enfermedad mortal a aquella que ataca la naturaleza de modo que por un lado va consumiendo sus fuerzas y por el otro las neutraliza, de tal manera que ya no es posible que éstas se repongan. [...] apliquemos esto al espíritu. Mira al ser humano en sus limitaciones, cómo influyen en él ciertas impresiones, se fijan las ideas, hasta que una pasión que se agiganta le quita toda serenidad a sus sentidos y lo arruina. Será en vano -agregué- que el hombre sensato y sereno quiera evitar la situación, será inútil que lo aconseje. Es lo mismo que un hombre sano, que estando junto al lecho de un enfermo, tampoco puede traspasarle ni lo más mínimo de su energía. [...] amigo mío -exclamé-, el hombre es el hombre y la chispa e inteligencia que puede llegar a tener no vale mucho cuando golpean las pasiones y lo llevan hasta los límites de lo humano. Oh, mi corazón estaba a punto de estallar. Y nos separamos sin que nos hubiéramos entendido. Aunque, en este mundo, no es fácil que uno llegue a entender al otro.”

“Cento volte desiderai di uccidermi, ma mi piaceva tuttora di vivere. Questa ridicola debolezza è forse una delle nostre inclinazioni più funeste: c'è nulla infatti più sciocco di voler continuare a portare un fardello che si vorrebbe sempre buttar per terra? d'avere l'esser proprio in orrore, ed esserci attaccati? insomma, d'accarezzare il serpente che ci divora, finché non ci abbia mangiato il cuore?”

“Puede que no sea tan malo que tu madre sea un recuerdo. Los recuerdos no levantan alboroto. Nadie le reprocha a un recuerdo que no se lave el pelo, que no saque al perro. ¿Por qué casi todo se hace tres veces al día? No tengo un número favorito, pero nunca sería el tres. Los recuerdos no juegan a mamás y a papás. Los recuerdos no se masturban, ¿o sí? No tienen una palabra en la punta de la lengua. Los recuerdos no se vuelven inmunes a los somníferos”

“El suicida no se rinde. Tampoco gana la batalla. Ni siquiera sabemos si la vida es un derecho, un valle de lágrimas, una tómbola, un carnaval... Si la vida es sueño, si la vida es un regalo, si la vida es bella o, como dice la canción, «es así no la he inventado yo». ¿Un regalo? Envenado, dependiendo del día. No se ponen de acuerdo con las metáforas, pero tampoco en el congreso: ya sabes la matraca con la Ley del Aborto y la Ley de la Eutanasia. Si me mato, y me he matado varias veces, es en legítima defensa. En defensa propia.”

“MORTE DO VIZINHO Meu vizinho acaba de se jogar do 15.º andar e seu corpo caiu no playground nesta ensolarada manhã de verão. Estava com depressão, dizem. Vi-o algumas vezes de bermuda no corredor. Sei que escrevia sobre Freud. Seu corpo ainda está lá em baixo. Se eu tivesse ido à janela há pouco o teria surpreendido em pleno voo e lhe estendido a mão. Estendo-lhe, tardio, o poema que não interrompe a queda mas é o gesto possível que antecede o baque.”

“Na minha cabeça não suicida é sempre possível convencer alguém a viver pelo menos mais umas horas para que possa ter um prazer de uma musse de chocolate com avelã, um vinho forte com gorgonzola, sempre me parece absurdo que alguém não escolha suportar só mais uns instantes a vida em troca de uma panela inteira de brigadeiro quente, um abismo entre mim e os suicidas, mesmo imersa nesse caldeirão denso de preguiças e indiferenças não compreendo o Miguel, nem a Madalena que não estava lá para deixar o cheiro do brigadeiro dominar a casa, ou de repente pães de queijo fresquinhos que escapam do forno e vão até a janela onde o Miguel vacila em desespero e uma pequena vontade de comer pães de queijo já seria alguma vontade e talvez ele concluísse que se ainda existe aquela vontade poderiam voltar a existir outras.”

“A lo largo de esos meses pensé a menudo en lo que yo intentaba hacer, en lo duro que es mantener con vida a alguien que no quiere vivir. Primero pruebas con la lógica («Tienes tantos motivos para vivir»), luego con la culpabilidad («Me lo debes»), con la cólera, las amenazas y los ruegos («Ya tengo una edad. No le hagas esto a un anciano»). Pero una vez que él accede, es necesario que tú, que le has engatusado, sepas bien a qué te enfrentas, porque ves cómo le cuesta, ves cuánto desea irse, ves que el solo acto de existir le resulta agotador, y tienes que repetirte cada día: «Estoy haciendo lo que debo. Permitir que haga lo que quiere hacer es contrario a las leyes de la naturaleza, a las leyes del amor». Y te abalanzas sobre los buenos momentos, te aferras a ellos como si fueran una prueba —«¿Ves? Por eso vale la pena vivir. Por eso quiero que lo intente»—, aunque esos momentos únicos no pueden compensar todos los demás, que son la mayoría. Piensas, como pensé con respecto a Jacob: «¿Para qué está aquí este niño? ¿Para darme consuelo? ¿Para que yo le dé consuelo a él? Y si un niño ya no puede ser consolado, ¿es mi deber darle permiso para que se vaya?». Y entonces vuelves a decirte: «Pero eso es abominable. No puedo».”

“Esta es una época de servicios y les voy a mostrar el más perfecto que existe. Tenemos intereses en diferentes lugares y, en consecuencia, se inventaron los trenes. Los trenes nos separan, como es natural, de nuestros amigos, y se crearon los telégrafos a fin de comunicarnos rápido y a gran distancia. Hasta los hoteles disponen ahora de ascensores para ahorrarnos subir algunos cientos de escalones. Todos sabemos que la vida es el teatro en que hacemos de bufón mientras nos entretenga el papel. Faltaba un servicio más a la comodidad moderna: una manera fácil y decente de salir de escena, una escalera trasera a la libertad o, como dije antes, una puerta secreta de la muerte. Esto, compañeros míos de rebelión, es lo que ofrece el Club de los Suicidas.”

“Aveva parlato, per anni, di uccidersi. Nessuno gli credette mai. Quando veniva da me e da Leone mangiando ciliegie, e i tedeschi prendevano la Francia, già allora ne parlava. Non per la Francia, non per i tedeschi, non per la guerra che stava investendo l’Italia. Della guerra aveva paura, ma non abbastanza per uccidersi a motivo della guerra. Continuò tuttavia ad avere paura della guerra, anche dopo che la guerra era da tempo finita: come, del resto, tutti noi. Perché questo ci accadde, che appena finita la guerra ricominciammo subito ad aver paura di una nuova guerra, e a pensarci sempre. E lui temeva una nuova guerra più di tutti noi. E in lui la paura era più grande che in noi: era in lui, la paura, il vortice dell’imprevisto e dell’inconoscibile, che sembrava orrendo alla lucidità del suo pensiero; acque buie, vorticose e venefiche sulle rive spoglie della sua vita.”