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Guerra Civil Española Quotes

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Guerra Civil Española Quotes

“Pero la guerra… Son los lápices rojos, las reglas y los compases, los mapas…. Motoristas, órdenes, Estados Mayores, toda una perfecta y complicada organización sobre el comercio de vidas humanas. La muerte objetivada, hecha número… La guerra no sabe para qué funciona. Funciona simplemente. Hombre, es la guerra. Pero… ¡Es la guerra! Y así hasta el final: la guerra sujeto, la guerra protagonista, la guerra razón. ¡Toda para la guerra! ¡Todo por la guerra! ¿Usted qué es? ¿Yo? Un miembro de la guerra, una uña de la guerra, un pelo de la guerra. La guerra es mi padre, mi dios y mi ley. Yo he nacido para eso: para servir a la guerra. Mi madre me parió para que un día, a una orden de otro, que le transmitió otro, quien, a su vez, la recibió de otro, y de otro, y de otro, y de nadie, yo empiece a disparar contra otro. ¿Por qué? Ah, es la guerra, amigo. ¿Usted no sabe lo que es la guerra? No. Pues mire, la guerra es… eso. Y todo el mundo tan tranquilo, lavándose la sangre que le salpica. ¿Los muertos? Los muertos no existen, son bajas. ¡Número de bajas! No número de hombres. ¡Número de bajas!... ¿Y qué es una baja? Nada, es decir, menos uno. Muy fácil y muy claro. ¿Y Antonio, y José, y Manuel, y Vicente? Aquí no hay nombres. Esto es como una sociedad anónima, ¿entendido? Dividendos, ganancias, pérdidas, acciones, intereses… Usted es un hombre apegado a ciertas sensualidades directas, celulares, concretas, y no sabe separarse de ellas. Amigo mío, usted no es un guerrero, usted no tiene imaginación, usted no sabe elevarse como una águila. Desde la gran altura no se ve nada de eso en lo que usted piensa. Niños, conciencias, proyectos de vida, ética, trabajo… ¡Ay, ay, ay! ¡Cómo se ve que usted es un maestro de escuela!”…”

“Pasionaria no es como las demás mujeres, no puede serlo porque es mucho más que una mujer, es un icono, un símbolo, una imagen religiosa, asexuada y superior como los ángeles. Dolores es madre, sí, pero de todos, la Virgen María del proletariado internacional, concebida sin mancha, y sin mancha capaz de concebir los hijos de un dirigente comunista, un hombre oscuro, serio y honrado, sí, pero mediocre, mucho más torpe que ella, la sombra insignificante a la que nadie suele prestar atención.”

“Os declaráis bajo el mal tan postrados y tan yertos, que habláis lo mismo que muertos a los que todo da igual. Y ante seres tan pasivos, en mi corazón se entabla la cuestión de ver si habla con los muertos o los vivos. Tan resignado, tan manso vuestro triste cuerpo va, que a mí me parecéis ya cadáveres sin descanso. Basta de resignación, de pies y de manos presos. ¿No tenéis alma en los huesos ni sangre en el corazón? ¿Campará el pájaro malo, y tendréis siempre a su antojo sonrisas para su ojo y espaldas para su palo? Cuerpo de hombre que se deja pisar, morir o matar, al cuello debe llevar el balido de la oveja. Nadie se deje morir mansa y silenciosamente, para que la humilde frente no le vengan a escupir. ¿Por qué no lleváis dispuesta contra cada villanía una hoz de rebeldía y un martillo de protesta?”

“—Ya que hablas de curas. ¿Quieres saber la verdad? ¿Quieres que te cuente un cuento? Las verdades mejores se dicen por parábola. Un cura estaba asando una patata en las brasas y la patata le decía: ¿Por qué me pones aquí, al fuego? ¿No ves que estoy quemándome? Es necesario que te quemes, para que yo te coma. ¿Y por qué vas a comerme, sacerdote cruel? Voy a hacerte un favor —decía el cura—, voy a unirte a mi cuerpo, a darte una categoría superior y a ponerte de ese modo en contacto a través de mi espíritu con la esencia de lo absoluto, con el espíritu puro. El cura lo cree y se la come. Cuando alguno de vuestros jefes camina despierto y sabe lo que hace, se dedica a decir al hombre ordinario más o menos sonámbulo lo mismo: voy a unirte al orden universal. Déjate asar y comer. Te haré el favor de unirte al orden universal. La verdad es que se trata de un orden menos universal de lo que supone y en realidad lo único sobre lo que no cabe duda alguna es que se lo come. —Eres un individualista, y el mundo de mañana va a ser un mundo de grandes masas donde el hombre solitario morirá envenenado por sus propios jugos malsanos. —Y el hombre gregario, por los jugos de la grey. —Te conduces —repitió López, sordo a mis reflexiones— como un hombre solitario. Pero no se trata de controlarte sino de ofrecerte un lugar confortable en la gran familia de mañana. —No hay mañana. Hay un solo hoy, eterno.”

“El pueblo no sabía hacer la guerra. Los mejores se hacían matar estérilmente; los demás tiraban los fusiles y huían por Andalucía y Extremadura, primero, por toda Castilla la Nueva después; se repetía el patético espectáculo de la voluntad impotente de un pueblo que se lanzaba a la lucha armada en campo abierto sin disciplina y sin jefes; es decir, condenado de antemano al fracaso.”

“Estos revolucionarios de otros tiempos han envejecido, pero no parecen cansados. Ignoran lo que es la irreflexión. Su moral es silenciosa, pero no permite la ambigüedad. Están familiarizados con la violencia, pero miran con profunda desconfianza el gusto por la violencia. Son solitarios y desconfiados; pero una vez traspasado el umbral de su exilio, que nos separa de ellos, se abre un mundo de generosidad, hospitalidad y solidaridad. Cuando uno los conoce, se sorprende al comprobar cuán poca desorientación y amargura hay en ellos; mucho menos que en sus jóvenes visitantes. No son melancólicos. Su amabilidad es proletaria. Tienen la dignidad de las personas que nunca han capitulado. No tienen que agradecerle nada a nadie. Nadie los ha «patrocinado». No han aceptado nada, ni han gozado de becas. El bienestar no les interesa. Son incorruptibles. Su conciencia está intacta. No son fracasados. Su estado físico es excelente. No son hombres acabados ni neuróticos. No necesitan drogas. No se autocompadecen. No lamentan nada. Sus derrotas no los han desengañado. Saben que han cometido errores, pero no se vuelven atrás. Los viejos hombres de la revolución son más fuertes que el mundo que los sucedió.”

“Estoy pensando en hace justo ochenta años, casi exactos, el momento en que escribí por primera vez, que recuerde, sobre materia política. Es fácil ponerle fecha: fue justo tras la caída de Barcelona, en febrero de 1939. Era el final de la Segunda República Española. La notable revolución popular, una revolución de carácter anarquista, que había florecido durante 1936, 1937, 1938... ya había sido aplastada por la fuerza. Parecía que el fascismo fuera a desplegarse sin límite. Tras la caída de Barcelona, hubo una gran oleada de refugiados españoles. La mayor parte fueron a México, unos cuarenta mil; algunos acabaron en Nueva York y abrieron sedes anarquistas en Union Square, librerías de segunda mano en la Cuarta Avenida, etc. Allí me inicié en la cultura política, deambulando por aquella zona.”

“Volvimos de España hace unas seis semanas, después de unas experiencias bastante malas hasta escapar por la frontera con la policía a un paso de nosotros. No puedes imaginarte lo terrible de las cosas que están pasando en España. Es un verdadero reino del terror, la imposición del fascismo bajo la excusa de la resistencia al fascismo, verdaderos centenares de personas encerrados en la cárcel y mantenidas durante meses sin juicio, supresión de diarios, etc., etc. Lo más repugnante es la manera como la llamada prensa antifascista en Inglaterra lo ha encubierto.”